Universalidad de derechos

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Derechos e igualdad son dos ideas que van juntas, muy juntas. Cuando se piensa en derechos se da por supuesto que ellos son iguales para todos. Que los derechos son universales.

Sería absurdo decir que los derechos son aplicables a algunos pero no a otros. Piense usted en la contradicción de una situación en la que un gobierno definiera quién es y quién no es sujeto del derecho de libre expresión, o de propiedad.

Lo que señalo es la universalidad de los derechos. Si usted tiene libertad religiosa sería absurdo que su vecino no la tuviera. Mucho peor sería que los gobiernos y sus leyes separaran en grupos a la población, algunos con libertad religiosa y otros sin ella.

Esto aplica a los derechos básicos y esenciales. Esos que suponen que el reclamo que usted hace impone en los demás la obligación de no impedirlo. La obligación de los demás es no ponerle obstáculos a usted si quiere ir la la iglesia. Eso es todo.

Usted tampoco podría arrastrar por la fuerza a su vecino para llevarlo a misa. Esa es la libertad religiosa de su vecino. No es muy complicado. Y se entiende mejor si pensamos más en libertades que en derechos.

Usted tiene la libertad de trabajar, pero no el derecho de exigirle a otros que lo empleen; y lo mismo, los otros no pueden reclamar que usted les dé empleo.

El punto es poco complicado. Los derechos funcionan como libertades, en dos direcciones. Usted respeta la libertad de otros y los otros la de usted. Sin esta reciprocidad universal no hay derechos realmente, solamente reclamos de unos sobre otros.

Piense usted en, por ejemplo, el derecho a vivir, la libertad de existir. Eso representa una obligación en todos, la de respetar la vida ajena. Es lo que crea la prohibición de matar a otros, incluso de lastimarlos físicamente y, más aún, hace deseable la costumbre del buen trato hacia otros.

Sería una situación absurda que el derecho a la vida fuese asignado a un cierto grupo de personas, pero no a otros. Un gobierno que decide que cierto grupo no tiene derecho a la vida viola la universalidad esencial de los derechos y libertades (con el ejemplo terrible del Holocausto).

Tampoco podría decretar que a un grupo particular se le expropiaran propiedades, pero no a otros.

Los derechos son universales o no son derechos. Nadie puede atribuirse la autoridad para declarar que alguien no tiene ciertos derechos, que unos son sujetos de esos derechos y libertades, pero otros no lo son. 

El riesgo de que se haga algo de este tipo es mayor a lo que aparenta. La discriminación por raza es el caso obvio de la posibilidad del retiro selectivo de los derechos de los más débiles.

Otro caso muy obvio en la actualidad es el del aborto y que en su fondo es una violación del derecho o la libertad de vivir: los gobiernos que han legalizado el aborto han seleccionado a un grupo débil al que niegan esa universalidad de derechos y libertades y a otro grupo ha reservado ese derecho.

«Porque cuando [el Estado] acepta que sean violados los riesgos de los más débiles, también acepta que prevalezca la ley de la selva sobre el estado de derecho». Benedicto XVI

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