El poder aísla de la realidad. Cuanto más poder acumula un gobernante, más se se separará de la realidad, y más errores cometerá en su gobierno.

Cuanto más poder acumula un gobernante, más tenderá a separarse de la realidad. Es cierto, el poder separa y aísla de la realidad a quien gobierna, proporcionalmente al poder que concentra.

Es un problema de aislamiento. Lo sufre el dictador, el que acumula demasiado poder en sí mismo. Y ese poder actúa como una burbuja aislante que lo aleja de la realidad.

Un fenómeno de incomunicación que desconecta al gobernante de la existencia. La verdad no llega al poderoso.

Un caso real

No es algo desconocido. Un autor lo señala en el caso de Fidel Castro:

«En Cuba […] las malas noticias, en el estilo clásico, a menudo no son llevadas a Castro, ya que él asocia al portador con el espionaje [intelligence]. La personalidad de Castro es complicada y, desde luego, desconocida incluso por él mismo: lo que está claro es que no le resulta fácil rodearse de críticos constructivos. Los “yes-men” claramente abundan». Thomas, Hugh. Cuba: A History (Kindle Locations 18477-18480). Penguin Books Ltd. Kindle Edition. Mi traducción.

El poder aísla de la realidad, efectos

La consecuencia del aislamiento es notable: la preferencia por verse rodeado por comparsas que filtran y censuran la información para que solo llegue arriba lo bueno, sea real o falso.

La crítica por ligera que sea no pasa los filtros y si acaso los pasa, el dictamen de traición no tarda.

Esta es una faceta del fenómeno apuntado por B. Tuchman: el poder atonta y el poder excesivo atonta excesivamente.

Gracias al aislamiento de la realidad no es corregida la noción preconcebida por el gobernante; al contrario, la información filtrada que recibe refuerza ese mundo virtual que ha adoptado.

Decisiones reales para un mundo virtual

Es entonces que sucede algo importante: el gobernante toma decisiones y da órdenes de acuerdo con el mundo virtual que él supone es el real.

No es sorpresa que sus decisiones y órdenes sean equivocadas, tengan fallas y produzcan fracasos.

La retroalimentación de las fallas y los fracasos, sin embargo, no llega al gobernante. Recibe él de sus acólitos nada que no sea positivo (si no  lo hacen, su modo de vida será cortado de cuajo).

Sin la retroalimentación no podrán tomarse medidas correctivas y los fracasos continuarán hasta llegar a crisis severas.

Conforme crece el poder de un gobernante aumenta su aislamiento de la realidad y se eleva la probabilidad de implantar medidas equivocadas que dañan a la población y al gobierno mismo. 

¿Modos de aislarse de la realidad? 

Hay muchos, supongo. Uno de ellos es, sin embargo, llamativo.

Consiste en el gobernante que domina a las cámaras de legisladores, a las que convierte en material aislante de la realidad. Los diputados y senadores son convertidos en escudos que lo separan de la realidad. 

Los legisladores lo protegen de la realidad incómoda y le crean las leyes que se acomodan al mundo virtual en el que vive el poderoso. El poder aísla de la realidad con los legisladores tomando un rol de aislantes.

Es segura la tendencia a aislarse de la realidad con otras medidas. Por ejemplo, controlar a la corte suprema de justicia que de otra forma podría ser una molesta conexión con la verdad allá afuera.

O bien, el banco central que tanto puede fastidiar recordando las limitaciones de la realidad. 

Esto llega a todas las decisiones tomadas de antemano y que son intentan forzar a la realidad a acomodarse a la ficción que ha creado el aislamiento, incluso en pequeños detalles.

«¡Qué tedioso tener que hacer una investigación sobre la ubicación de un nuevo aeropuerto! Pero a largo plazo, la discusión de la política antes de decidirse es, por supuesto, rentable». Ibídem, (Kindle Locations 18476-18477).

Comencé la columna diciendo que cuanto más poder acumula un gobernante, más tenderá a separarse de la realidad. De lo que se concluye algo obvio. Conforme más se separe el gobernante de la realidad, más errores cometerá.

Y unas cosas más…

Esta página tiene una colección de columnas sobre el tema, el ContraPeso.info: el poder atonta. En El shock del gobernante con la realidad se trata el tema también. En Déficit de atención histórica amplia se trata otra faceta del mismo fenómeno.

Más sobre el tema del poder que aísla al gobernante de la realidad.

El poder aísla y atonta

Es fascinante el tema desarrollado por la historiadora Barbara Tuchman en su libro The March of Folly, que significa algo así como El Desfile de la Idiotez. Ella en esencia afirma que el poder idiotiza a la persona que lo logra.

Lord Acton fue el que dijo que el poder corrompe, Tuchman añade que el poder también embrutece. Y a más poder, mayor embrutecimiento.

Y embrutece de tal manera que la persona que detenta el poder realiza actos y toma decisiones que son contrarios a su propio interés.

La realidad está allá afuera

Peor aún, esas malas decisiones las mantiene a lo largo del tiempo. La causa fundamental de ese embrutecimiento del que tiene el poder es que el poder aísla de la realidad.

En otras palabras lo que esa persona cree no corresponde a la verdad que existe allá afuera.

Y, como las decisiones se toman sobre la base de una situación falsa, es lógico que esas acciones sean malas, es decir, produzcan resultados no deseados por quien las toma.

Un ejemplo muy sencillo. Moctezuma quiso deshacerse de los conquistadores españoles y para hacerlo mandó regalos de alto valor.

Lo que esos regalos produjeron fue contrario a lo que Moctezuma esperaba. Enviar un ejército contra los conquistadores habría sido una decisión más efectiva.

Distancia entre ficción creada y realidad

Obviamente los problemas se agravan para el gobernante que por su poder se aísla y él sigue sin escuchar las cosas de la realidad. Peor aún, llega a suceder que quien intenta introducir la realidad a gobierno es puesto de lado creando un incentivo negativo.

Visto desde el otro lado, significa fabricar a los yes-men que a todo dicen que sí. Y eso, desde luego, produce más problemas.

¿Cuál es el remedio?

Todo está en la mente del mandamás. Es él quien tiene la obligación de aterrizarse mentalmente y no perder el contacto con la realidad.

Debe desarrollar el sentido de que es más útil recibir las noticias malas que las buenas y, siempre, en su cerebro mantener la idea de que lo que él imagina puede ser que no coincida con la realidad.

La lección es bastante obvia: el poder no sólo es el más grande de los afrodisiacos, como ha dicho Kissinger, también tiene el efecto de poner vendas en los ojos y cera en los oídos.

Nada hay más placentero que dar órdenes a otros sabiendo que sobre ellos se tiene poder. Tener en cuenta esto ya es ganancia. Examine a su gobierno y verá que eso tiende a suceder.

¿Se promueve un ambiente en el que las noticias malas son bien recibidas? Si la respuesta es claramente negativa, hay un problema serio.

Regulaciones de fantasía

La realidad, se ha dicho, supera a la ficción. Cuando el poder se aísla de la realidad, produce reglas de fantasía que solo se justifican en un mundo de ficción.

Un caso en cuestión, el de una disposición gubernamental que en el Reino Unido enfrenta un problema, el del consumo exagerado de sal. La noticia es real, del 23 de enero 2003 en el Daily Express —y contiene los elementos siguientes:

  • La semana del lunes 13 de febrero inicia la National Salt Awareness Week—algo como la semana nacional de la concientización sobre la sal.
  • Trece expendedores de papas fritas, en Rochdale, han sido dotados con nuevos saleros que son innovadores —tienen 5 perforaciones en lugar de las casi veinte que son el estándar.
  • Es un experimento de seis semanas en ese lugar, que sus autoridades consideran una situación de ganar-ganar para todos; allí se encuentra la tercera tasa de mortandad en el Reino Unido, por enfermedades del corazón.
  • El mecanismo que justifica a los innovadores saleros es apetecible: menos consumo de sal, más salud en los clientes y, ahorro en el consumo de la sal para los establecimientos.
  • El plan tomó meses de planeación y costó miles de libras.

La medida gubernamental de la ciudad tiene sus promotores —pero también tiene sus detractores, los que piensan que es otra acción del estado nana, intervencionista, que considera bebés a los ciudadanos: la decisión del consumo de sal es personal.

La otra crítica es la del costo del proyecto, pues sus fondos podían haberse dedicado a otras actividades mejores.

Y no falta el comentario gracioso: el efecto de esa medida será el comer papas fritas frías, pues tomará más tiempo ponerles la misma sal de antes.

Esta disposición, que se parece a otros dos casos, de escotes y dragones, reportados abajo —son muestras de la falta de sentido de prioridad de los gobernantes, de una imaginación que es desbordada y de consecuencias imprevistas, incluyendo la risa de los ciudadanos y la creación de material de comentario para columnas como ésta.

Si lo de las perforaciones en los saleros funciona, otras medidas vendrían: botellas de cerveza más pequeñas y de cuello muy angosto, al estilo de los perfumes, cigarrillos de la mitad del tamaño… pero lo que mejor podría suceder es tener políticos con menos tiempo para crear regulaciones tontas, en otras palabras, si menos perforaciones funcionan, menos burócratas sería aún mejor.

Más regulaciones del poder aislado de la realidad

El Adam Smith Institute en el Reino Unido reportó en 2006 un hecho insólito en Gales. Resulta que el Ayuntamiento del Condado de Powys ha tomado una decisión. Ha detenido la producción de salchichas de un fabricante local.

El caso del dragón comestible

O mejor dicho, le ha prohibido utilizar la marca Welsh Dragon, es decir, Dragón Galés, cuyo nombre se origina en la bestia mítica que se usa en la bandera galesa.

Ahora viene lo bueno: la razón de la prohibición de uso de la marca en cuestión es admirable, pues tales salchichas no contienen carne de ese animal y eso, dicen las autoridades, es un engaño al público consumidor.

El fabricante Jon Carthew ha asegurado que no ha recibido quejas al respecto de la falta de carne de dragón en sus productos. Y supongo que si usted encuentra esas salchichas en el supermercado tampoco se imaginará que ellas en realidad contengan carne de ese tipo.

La planta productora se llama Black Mountains Smokery at Crickhowell, está es Powys y fabrica unas 200,000 salchichas al año, incluyendo la Welsh Dragon, que está hecha con cerdo, picante y puerro.

El caso del escote prohibido

Una historia similar se dio a mediados de 2005 cuando el gobierno de la UE emitió una regulación de protección laboral que ponía en riesgo el uso de la escotada vestimenta de las meseras que sirven cerveza en Bavaria. Algo equivalente de retirar el sombrero a los charros mexicanos.

El caso de la señalización de tránsito

Y si no me cree la enorme prioridad de los asuntos que los gobernantes enfrentan, aquí está otro ejemplo, ahora de España, reportado por ABC.

MADRID. Las mujeres ya están presentes en las señales de tráfico de Fuenlabrada, que se ha convertido en la localidad pionera en introducir rasgos inequívocamente femeninos en la señalización vial, según afirma el Gobierno local (PSOE e IU)… La iniciativa se enmarca en el programa «Igualdad también en Seguridad Vial», acometido para «desarrollar una política igualitaria en esta materia, introduciendo figuras femeninas en las señales de tráfico», explican fuentes municipales. En el plazo de un año, el Consistorio pretende que la mitad de las figuras que aparezcan en cualquier tipo de señalización vial sean femeninas. «Así se acabará con el sexismo que hasta ahora se ha dado también en las señales de tráfico, donde solo aparecen figuras masculinas», justificó la edil de Seguridad Ciudadana y Tráfico, Rosalina Guijarro…

En resumen

Las regulaciones y leyes de fantasía son solo un producto de la separación entre el mundo y el gobernante. Una confirmación de que el poder aísla de la realidad.

Y lo hace de manera proporcional al poder que se concentra en la cabeza de gobierno.