Las opciones de insultar o argumentar. La disyuntiva de nuestros tiempos. La diferencia es importante, pues una conduce al poder puro y la otra a la libertad.

Insultar o argumentar. Injuriar o razonar

Examinemos el examen de las opciones de insultar o argumentar, comenzando por lo obvio.

¿Qué es un insulto?

«[…] un término o expresión que el emisor utiliza con la intención de lastimar u ofender a otro individuo […] en resumen, cualquier cosa que pueda ofender o molestar a aquel al que va dirigido». es.wikipedia.org

Aunque difícil de definir, casi todos podemos determinar si cierta acción constituye un insulto.

Es todo eso que sea dirigido a otro de manera ofensiva, con vocabulario soez y agresivo. Son falsedades, ofensas, agravios, injurias que tienen un rasgo esencial.

Se dirigen a otro en particular y tienen como propósito descalificar, menospreciar, reducir, desdeñar. Y todo, en serio, intencionalmente

Lo interesante es que la esencia del insulto puede ser mejor comprendida mejor si se ve su opuesto, el trato civilizado entre dos personas, especialmente notorio en la expresión de argumentos. Otra definición que es necesaria.

¿Qué es un argumento?

«Un argumento (del latín argumentum) es la expresión oral o escrita de un razonamiento, mediante el cual se intenta probar, refutar o justificar una proposición o tesis». es.wikipedia.org

Una exposición ordenada de una opinión razonada y sustentada que requiere un tono opuesto al del insulto. Es pausado, ordenado, tranquilo, por parte de ambas personas, la que habla y la que escucha.

Lo que quiero apuntar es esa diferencia de tono y actitud entre el insulto y el argumento. Y que es necesario en ambas partes. Si una sola de ellas opta por el insulto, se destruye la posibilidad de argumentar.

Por lo tanto…

Entre las opciones de insultar o argumentar, el insulto es más probable que el argumento. Porque es más cómodo y fácil, más rápido y menos esforzado, más emocional e inmediato. 

Si lo anterior es cierto, el conflicto es más probable que la concordia.

Algo que se intensifica conforme más cerradas se tornen las posiciones enfrentadas y que bien puede verse en las discusiones políticas de nuestros tiempos donde los contrarios usan con frecuencia expresiones llenas de vileza y palabras soeces.

La alternativa del insulto, conforme más intenso se vuelva, lleva a la anulación de caminos de razonamiento productivo. Eso significa que la única posibilidad de ganar una discusión es la dominar al contrario por la fuerza. La negación de la civilidad.

Insultos clásicos

Una de las modalidades del insulto es considerada una falacia, la llamada ad hominem.

Un ejemplo de esto: el WSJ publicó que Fitch redujo la calificación de la petrolera estatal mexicana y el gobierno de México acusó a la calificadora bajo la modalidad del la desacreditación, sin argumentar. No diferente a los calificativos usuales de conservadores y fifís.

Es lamentable que donde los argumentos debían predominar, como en la política, los insultos sean la forma usual de diálogo entre opositores, porque esa forma de conducir los asuntos públicos no lleva a la posibilidad de negociaciones ni acuerdos.

Solo a la imposición por la fuerza de quien sea que tenga el poder.

Las opciones de insultar o argumentar, en resumen

Las dos alternativas para ganar una discusión o resolver un conflicto o problema, conducen, cada una, a distintos caminos.

La opción de insultar gana los argumentos por el volumen y poder de una de las partes. La razón pierde, la victoria es de la fuerza. Un camino que conduce al ejercicio desmedido del poder.

La opción de argumentar, que es mucho más ardua, tiene por condición la existencia en ambas partes del reconocimiento de la verdad. Y que ella es accesible por medio de la razón. Ella produce tranquilidad y convivencia.

Y una cosa más…

Vea esto, por ejemplo, como una muestra de la alternativa del insulto por encima de la argumentación:

«¿Pero alguien puede pensar en una figura menos calificada para el puesto? Comenzando con la cara (con un gruñido constante, con una cicatriz en la boca, los labios fruncidos en una mueca burlona, con ojos de cerdito que parecen como si algo malvado se lanzara detrás de ellos), continuando con el lenguaje corporal (postura agresiva, machona, postura defensiva como si estuviera escondiendo algo o asustada) y terminando con el discurso (tan diplomático como una frambuesa y un ataque de risa en una ceremonia fúnebre), ella corta una figura lamentable». pravdareport.com -2008 criticando a C. Rice.

Una lectura relacionada con esto es El arte de conversar.