vacío moral

Una defensa del sentimiento de culpa. Argumentos en favor del reconocimiento de haber actuado mal y deseos de corrección. Y, no, no es una enfermedad, al contrario, es un sentimiento que lleva a la salud propia.

El medio ambiente actual

La defensa del sentimiento de culpa o vergüenza propia requiere, primero, la exposición del medio ambiente actual respecto a ese sentido personal de culpabilidad

La siguiente cita ilustra muy bien una de las opiniones la de quienes quieren anular el sentimiento de culpa.

«Cuando pensamos que hemos hecho algo mal. ¿Pero quien dice que algo está mal? Tu educación, tu cultura, tus creencias, tus valores […] Piensa que todas las creencias creadas por los condicionamientos son solo ideas, son falsas perspectivas que te llevan a juzgarte a ti mismo… […] En realidad no hay nada correcto o incorrecto sino tan solo lo que tu etiquetas como tal con tu mente. Con entender esto solo, ya puedes empezar a liberarte de tu culpa». cuantona.com

La opinión es clara. La meta es liberarse del sentimiento de culpa propia, de lo que sentimos cuando pensamos haber hecho algo malo. La culpa es creada, según esa opinión, por una creencia fabricada que no es verdad porque «no hay nada correcto o incorrecto».

No es infrecuente encontrar opiniones de ese tipo. Lo que ellas solicitan a la persona es liberarse de normas y principios morales que son los que crean esa conciencia de haber obrado mal.

Conocer esta posición

La defensa del sentimiento de culpa necesita conocer esta posición, la que tiene su lógica.

Si usted quita los mandatos morales de su mente, entonces no habrá forma de saber si ha actuado mal y sentirse mal por eso (tampoco, por supuesto, habrá forma de saber si ha actuado bien, lo que es una contradicción interna de esa opinión).

Es irresistible examinar siquiera un poco más de fondo el significado completo del querer hacer desaparecer el sentimiento de culpa.

Los efectos del olvidar la culpa propia

La defensa del sentimiento de culpa necesita conocer las consecuencias de esa solicitud de liberación de la culpa propia.

1. Moral personalizada

Significaría, en primera instancia, que toda persona desarrollaría su propia serie de principios morales.

Esto produciría una situación fascinante en la sociedad, en la que por ejemplo, un ladrón argumentaría no estar arrepentido de su robo y consideraría indebido que se le castigará con una pena legal.

No sería precisamente una sociedad propensa a confiar en el resto de la gente. Todo porque cada persona tendría su propio código moral, acomodado a cada circunstancia, y por el que nunca se encontraria culpable de ninguno de sus actos.

2. Error en la argumentación

La solicitud del olvido del sentimiento de culpabilidad contiene una argumentación errónea. Piense usted en la contradicción que ella tiene.

Afirma que no existe la moral, que nada hay que nos diga lo que «debe ser». Pero eso significa que no debe ser lo que debe ser y así se vuelve otra postura moral.

Cuando alguien dice que no hay nada moralmente correcto o incorrecto, está también diciendo que es malo creer que hay cosas buenas y malas; que es bueno no creer que hay cosas buenas y malas. Es una contradicción profunda es esa posición.

3. Conducta enferma

Quizá lo más importante es explorar cuáles serían las consecuencias en la conducta de una persona que abandonara totalmente el sentido de culpa. Me refiero a una persona en la que fuera inexistente la posibilidad de sentir arrepentimiento, sin importar lo que haya hecho.

Esa persona tiene un cierto sabor a lo que conocemos como psicópata social. Alguien sin conciencia de reglas y normas sociales, a quien los demás poco o nada importan.

Carecer del sentido de arrepentimiento es similar a retirar la percepción de haber cometido un error. Piense usted en el alumno que comete errores al sumar. Si no hubiera forma de señalarle sus errores, no habría forma de que aprendiera a sumar.

Más o menos lo mismo sucede con el sentimiento de culpa, que puede ser entendido como un sistema para señalar errores en la conducta.

Gracias a la posibilidad de que otros señalen errores en la conducta nuestra, es posible entrenar a la conciencia para que ella lo haga por sí misma. Creo que anular este sentido de autocorrección lleva a la persona a cometer más acciones malas de las que debiera.

La defensa del sentimiento de culpa

Lejos de ser algo negativo que debe ser evitado para el bienestar y la salud mental, el sentimiento de culpa y arrepentimiento permite a la persona cometer menos errores, tratarse mejor a sí misma y tratar mejor a otros.

Sin sentido de culpa, por tanto, sería lógico esperar una alta cantidad personas que se dañan a sí mismas y a otros.

En conclusión, quienes piensan que viviremos mejor y más saludables si hacemos desaparecer nuestros sentimientos de culpa y de arrepentimiento lograrán crear una situación exactamente opuesta a la que ellos desean.

Quieren ellos lograr que tengamos una vida más feliz y placentera, pero lo que estarán creando es un mundo de pesadilla para todos.

Demasiados escrúpulos

El lado contrario y opuesto de quienes quieren hacer desaparecer el sentimiento de culpa lo ocupa la conciencia exageradamente escrupulosa. La persona con este tipo de conciencia vive artificialmente en un sentido de culpa injustificada; todo casi todo lo que ella realiza le significa grandes culpas.

De la culpa al arrepentimiento

El niño, de unos cuatro años había estado jugando con una pelota dentro de la casa. Lo hizo en contra de las órdenes de sus padres. Usted puede imaginarse lo que aconteció: uno de los tumbos de la pelota fue a dar contra una pieza de cristal que se hizo añicos. También lo que siguió puede ser imaginado sin problema.

Pero lo interesante de la situación fue la reacción del niño: se sintió mal, tuvo vergüenza, o como usted quiera llamar a esa sensación que las personas tenemos cuando nos damos cuenta de que hacemos algo malo. La sola cara del niño lo dijo todo. Su gesto no podía ser más visible. El arrepentimiento era obvio.

La defensa del sentimiento de culpa conduce al arrepentimiento. Del sentido de culpabilidad se va a la intención de corrección propia. Sin sentido de culpa no puede existir la idea de corregir la conducta.

Un caso

Suponga usted una pelea matrimonial en la que uno de los cónyuges es sorprendido con una amante, digamos el marido.Si él se siente mal y culpable de haber hecho algo indebido, reconocerá un deber, el de la fidelidad prometida en un matrimonio, y que ha sido violado.

🔎 Pero mejor aún, la defensa del sentimiento de culpa se fortalece porque crea una intención de conducta futura sin esas faltas. No es que a futuro tenga la persona auna conducta impecable, sino que al menos existirá esa intención.

Una persona sin sentido de culpabilidad, sin sentido de haber hecho algo indebido, es alguien no sujeto por deberes y normas. Pero eso es precisamente lo que se intenta hacer desde hace años, el retirar del ser humano el sentido de culpa y, por tanto del deber y de la intención de corrección.

Sentido de culpa como enfermedad

Ahora se le llama represión, o inhibición y se le llega a considerar una enfermedad mental. El mecanismo es simple: lo que las normas éticas indican que no debe hacerse es una represión que daña a la persona, la reprime e impide su desarrollo creando trastornos mentales.

Por tanto, debe erradicarse el sentido de culpa sin atender a lo que sucedería cuando con su desaparición.

Si alguien hace algo indebido y tiene conciencia de ello, debe extirpar ese sentimiento de arrepentimiento, se dice ahora, porque es malo para su salud mental. El sentimiento de vergüenza, de acuerdo con esto, debe desaparecer. Claro que el problema es que con su desaparición, también se desvanecen las reglas morales… y así, todo se vale, todo.

Culpas pero sin culpables

Robison Crusoe, el famoso libro de Daniel Defoe, de 1719, es más que el libro de los fantásticos sucesos de su personaje. En medio de los lances y sucesos, el libro narrado en primera persona, oculta algunas reflexiones. Observaciones acerca de la vida. Una de ellas aplica al tema de la defensa del sentimiento de culpa:

«[…] he observado lo incongruentes e irracionales que son los seres humanos, especialmente los jóvenes, frente a la razón que debe guiarlos en estos casos; es decir, que no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado; que no se avergüenzan de hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos, sino de retractarse, por lo que serían tomados por sabios». Defoe, Daniel. Las aventuras de Robinson Crusoe 1719 (Aventuras Mr. Clip) (Spanish Edition) (Kindle Locations 206-208). Ediciones Mr. Clip. Kindle Edition.

El asunto merece ser visto con algún detenimiento. Lo más notable de la cita es eso de «no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado». En palabras actuales, la deshonra no está en haber hecho algo malo, sino en sentir arrepentimiento. Lo malo es el sentido de culpa que lleva a afligirse por haber hecho algo mal y no el haberlo hecho.

Cambio de planos

En un caso normal, cuando alguien hace algo malo y se arrepiente, este sentido de culpa es positivo y lleva a intentar no repetir eso malo. Pero, cuando las cosas se invierten y el acto malo ya no es visto como indebido, lo que ahora se juzga indeseable es el sentido de culpa y de arrepentimiento.

Hay un cambio de planos que vuelve al arrepentimiento algo vergonzoso y al sentido de culpa deshonroso. Curiosa inversión de papeles que hace a la intención de corregir algo odioso y define a cualquier conducta como loable.

Se deja ver esa mentalidad en, por ejemplo, este caso:

«Si estás sintiéndote culpable por tu infidelidad u otro acto que haya hecho o dejado de hacer, estás dejando de vivir tu vida con autenticidad. Estás viviendo en la ilusión de TENER QUE, DEBO DE y, posiblemente, tu vida se haya convertido en una vida sacrificada, llena de obligaciones y renunciando a tus propios intereses en algunas de sus parcelas». reconciliarte.com

Sentirse culpable es, en esa mentalidad, dejar de vivir. Tener obligaciones, tener deberes y renunciar a intereses propios es dejar de vivir. Notable llamado al egoísmo intenso al que cambia de nombre y llama «vida con autenticidad».

Resumen

Lo que he intentado hacer es una defensa del sentimiento de culpa, de la conciencia de hacer hecho algo indebido, que causa malestar y conduce a una intención de corrección futura.

.

Y unas cosas más para el curioso…

Convendría ver alguna de estas ideas:

.

La idea del pecado

A muy pocos se les ocurriría hablar de eso. Quienes lo hacen suelen recibir burlas. Me refiero a la idea de una falta moral, definida como pecado. Algo que no debe olvidar la defensa del sentimiento de culpa.

Comencemos por el principio, el qué es pecado:

«… transgresión de la ley de Dios y el rechazo del verdadero bien del hombre. Quien peca rechaza el amor divino, se opone a la propia dignidad de hombre llamado a ser hijo de Dios y hiere la belleza espiritual de la Iglesia, de la cual todo cristiano debe ser piedra viva». aciprensa.com

Para el creyente, el sentido del pecado es un reconocimiento de culpa: «he hecho algo malo, reconozco haber ofendido a Dios y trataré de no hacerlo más». Para el no creyente, es similar excepto por la parte divina: «he actuado mal, lo acepto e intentaré no hacerlo más».

En ambas posturas hay algo en común, esa idea de reconocer haber actuado indebidamente y la conclusión natural, el comprometerse a no hacerlo otra vez. Más aún, implícitamente eso significa aceptar que las personas podemos actuar de manera indebida, es decir, cometer faltas morales.

Es una buena posición la que la persona alcanza cuando admite haber actuado mal: admitir un error y tratar de no repetirlo. Más o menos como cuando se comete una equivocación en un cálculo, se reconoce y se acumula experiencia para evitarlo. Hay un enriquecimiento personal producido por el aprendizaje que causa el cometer errores.

La aportación del Cristianismo, ese sentido del pecado, por tanto, es una gran adición a la calidad de nuestras vidas, incluso para los no creyentes que procuren no perder el sentido de culpabilidad personal. Solo reconociéndonos pecadores es que tenemos la oportunidad de dejarlo de ser.

El sentimiento de culpa es parte de la libertad

El concepto es bastante claro. Cualquiera puede entenderlo, si es que quiere. Es lógico, es razonable. Es la otra cara de la libertad. Cualquiera que reclame libertad para sí mismo, debe aceptarlo. Me refiero a la responsabilidad.

¿Qué es responsabilidad? Sencillamente, es el aceptar y afrontar las consecuencias de los actos propios, las buenas y las malas. No es complicado. De aquí nace la defensa del sentimiento de culpa.

Forma una dupla imposible de separar con la libertad. Si alguien quiere ser libre no podrá más tarde decir que no es responsable de sus actos.

Y, sin embargo, es un concepto que ha sufrido una caída. Paul Johnson, el historiador inglés, habla de esto.

«El siglo 19 vio el clímax de la teoría de la responsabilidad personal, la filosofía que dice que cada uno de nosotros es responsable de sus actos, que es la herencia conjunta del Judeo-Cristianismo y del mundo clásico».

Según eso, en ese siglo el sentido de responsabilidad personal llegó a su punto más alto y ha decaído a partir de allí. Surgieron ideas que la redujeron. Menciona Johnson a algunos de los que hicieron eso: Proust, Joyce, Freud, el relativismo.

Un esquema explicativo

Por supuesto, es perfectamente racional que quien realiza un acto libre acepte implícitamente sus consecuencias. Siendo nosotros seres imperfectos, tenderemos a querer evitar las consecuencias malas de nuestros actos. Haremos lo posible por decir que la culpa no es nuestra, que no tenemos por qué sufrir los efectos negativos…

Es como el niño que por jugar pelota rompe el florero del comedor y es castigado. Tenderá a decir que no fue su culpa y si puede, culpará a otros. Igual que el adulto que roba y es capturado, tendiendo a justificar su robo con cualquier pretexto cierto o falso, como tener que pagar una cuenta médica.

En fin, el caso es que tenemos en nuestra naturaleza misma esa inclinación a querer salirnos de la responsabilidad de nuestras acciones libres, cuando sus efectos son malos. Encontramos pretextos, echamos la culpa a otros, alegamos desconocimiento, lo que sea que se nos ocurra.

Ante esa situación resulta sencillo el decirle a la persona que si hizo tal cosa por decisión libre, que no salga con pretextos, que acepte su carga, incumbencia, obligación, responsabilidad, o como usted le quiere llamar.

Hasta aquí nada que no sea sencillo y simple. Usted conduce un auto borracho, atropella a un transeúnte, pagará las consecuencias.

Las cosas comienzan a ponerse realmente interesante cuando se borra la idea de responsabilidad y de culpa. Cuando ya no es tan clara. Cuando surgen ideas y métodos que ayudan a retirar de la mente la necesidad de aceptar los efectos de lo que uno hace en libertad.

Todas esas ideas y métodos que borran la noción de responsabilidad y culpa serán bienvenidas. Si nuestra tendencia natural es zafarnos de las consecuencias malas de nuestras acciones, recibiremos con aplausos a cualquier filósofo que nos dé una teoría respetable que niegue esa responsabilidad.

Diremos con satisfacción, «es que Freud dice que fue debido al subconsciente sobre el que no tengo poder y entonces…»

O piense usted en el gran pretexto que tiene un narcotraficante que argumenta que «en realidad la culpa es de la sociedad que no me…»

Incluso también, vea usted al realmente obeso que recibe ayuda del gobierno para dejar de serlo, resultando que entre todos pagamos las consecuencias de sus excesos.

Resulta también fascinante que, por ejemplo, se repartan condones gratuitamente, o píldoras del día después, para evitar las consecuencias de relaciones sexuales.

Un economista quizá expresaría todas esas situaciones como una cuestión de incentivos: si usted retira de la situación las consecuencias negativas que sufriría la persona, eso es un incentivo para realizar el acto de que se trate.

Y es así que nuestros tiempos son unos contradictorios. En medio de reclamos de mayor libertad tenemos un reclamo de menor responsabilidad y queremos quitarnos de encima el sentimiento de culpa.

Una cosa no va con la otra, al menos lógicamente. Cuando eso sucede, entonces ya no se tendré realmente libertad, se tendrá otra cosa, libertinaje, desenfreno, liviandad, o como usted quiera llamarle.