Una guapa mujer, soltera, buscaba marido sin tener éxito, hasta que encontró a un hombre con el que conversó acabando convencida de que era el hombre de su vida.

Desafortunadamente no pudo saber su nombre, ni su teléfono, pues lo conoció durante el funeral de la madre de la mujer.

Desesperada por volverlo a ver, la mujer asesinó a su padre, pensando que este hombre soñado iría de nuevo a un funeral de su familia.

Las siguientes son algunas otras de esas historias que suelen ser tomadas como ciertas, sucedidas a alguien cercano y que se difunden espontáneamente sin que existan filtros que las evalúen.

Somos nosotros mismos quienes las tomamos y repetimos, creyendo siempre que son ciertas y sin pasar por filtro alguno de credibilidad.

Me juran que es cierto que un estudiante entrenándose para las competencias deportivas nacionales solía nadar por las noches en la alberca de la universidad.

Una noche, a oscuras, mientras encendían las luces, el joven vio una cruz formada por sombras en la piscina y no se tiró el clavado con el que solía iniciar sus entrenamientos. Una vez que las luces fueron encendidas totalmente, vio que la piscina estaba vacía.

También, se ha escuchado a gente que cuenta lo siguiente como sucedido realmente.

Una jovencita tenía un perro que la acompañaba a todas partes. Incluso dormía con ella, bajo su cama. Si ella se despertaba por la noche, bajaba su mano y el perro la lamía, lo que la calmaba y le permitía conciliar el sueño con más facilidad.

Una noche, ella se encontraba particularmente nerviosa y se despertó varias veces por la noche.

Como acostumbraba, bajó la mano y el perro la lamió. Ya de mañana, salió al jardín y encontró a su perro atado con una correa que no era de ella. Subió a su recámara y bajo la cama encontró una nota que decía, “Los humanos sabemos lamer como perros”.

Bueno, y quién no ha oído la historia de la viejecita que tenía un gato al que bañó.

Sí, un gato al que la anciana bañaba y que secaba con gran cariño. Bueno, pues un día de prisa, la mujer no tenía tiempo de secar al gato y se le ocurrió que meterlo al horno a una temperatura muy baja ayudaría. Como no pudo encender el horno de gas, lo que hizo fue meter al gato al horno de microondas para secarlo.

Muchos de estos cuentos nos llegan por Internet y nos encargamos de difundirlos.

Como el del aviso que dice. “Como todos sabemos, el Internet recibe mantenimiento una vez al año y deja de funcionar durante un día para limpiarlo de todos los correos que se acumulan por no llegar a sus destinatarios. Este año, el Internet dejará de operar 24 horas, mañana, así que por favor no lo use durante ese período. Gracias.”

Por repetición, originalidad y simplismo, historias como ésa han sido difundidas y son tomadas como verídicas por muchas personas. Una similar circula en México. Es la que dice que el campo mexicano está en peligro por causa del TLCAN.

La verdad es otra, exactamente la contraria. De 1993 hasta el año pasado, las exportaciones del campo mexicano se elevaron casi 60 por ciento, lo que supongo sea muestra del potencial exportador. Los productos agroindustriales han elevado sus exportaciones en ese período en caso 250 por ciento.

Sí, el campo mexicano tiene problemas, pero no está mal por causa del TLCAN.

Está mal nuestro campo porque en él está trabajando la cuarta parte de la población y ella produce una veinteava parte de lo que México fabrica. Es un problema de productividad originado por falta de propiedad en las tierras y sistema de protección destinada a fines políticos, no económicos. Usabiaga tiene toda la razón.

Le digo, las leyendas urbanas son esas historias simples, atractivas, que llaman la atención y que son contadas con inocencia. ¿Son posibles? Desde luego que sí. ¿Son probables?

No, definitivamente no, pero lo gracioso es que suelen ser aceptadas sin gran análisis, sin gran estudio, sin pruebas. E incluso si existen evidencias que las hay que las nieguen, hay algo en la naturaleza humana que sigue queriendo creerlas ciertas.

uentan que en un rancho de un estado del centro de México se realizó una boda entre dos de las familias más acaudalas del lugar. Los cónyuges eran guapos, ricos y se amaban locamente.

Todo el mundo en el pueblo esperaba el día de la boda con entusiasmo. Por fin llegó el día y comenzaron las celebraciones.

Después del banquete, los invitados quisieron jugar a las escondidas, como lo hacían de pequeños. Lo hicieron insistiendo que el novio fuera el que buscara a los demás. El juego terminó encontrando el novio a todos menos a su novia.

La buscaron sin éxito durante toda la noche. El tiempo pasó creyendo el novio que ella lo había abandonado. Se volvió a casar y heredó el rancho de sus padres, el lugar donde se había celebrado la boda.

Recorriendo el lugar, muchos años después, abrieron un viejo almacén en el que había un arcón antiguo cerrado. Al abrirlo, reconocieron el vestido de la novia que había desaparecido. Lo llevaba puesto un esqueleto.

Otra historia, particularmente graciosa, cuenta los hechos de una casa como cualquier otra por la mañana.

Todos habían salido de casa, excepto la señora, quien decidió ponerse una mascarilla de pasta de aguacate en la cara y arreglarse el pelo con algún tinte. Todo iba bien hasta que oyó ruidos y comprendió que había un ladrón dentro de la casa. Temiendo lo peor, se escondió en un closet procurando no hacer ruido.

El ladrón entró a la recamara donde ella estaba y abrió el closet. Ella lo vio y gritó con todas sus fuerzas, lo que asustó al ladrón tanto al ver una cara verde que cayó desmallado, tuvo un infarto y murió.

Las señoras parecen tener más historias que las de los maridos. Aunque hay una tenebrosa de un marido que de viaje, por la noche, antes de ir a su habitación decidió tomar una copa en el bar del hotel donde encontró a una guapa mujer con la que trabó amistad íntima.

Las cosas siguieron su curso normal, después de varias copas. A la mañana siguiente, el tipo amaneció en la tina, dentro de agua con hielo, y un papel con el número de un servicio de ambulancias. La nota en el papel decía que le habían extirpado uno de sus riñones.

De compras en la frontera, un grupo de señoras entró a un centro comercial mientras un gato atravesaba la calle con la mala fortuna de matarlo.

Preocupadas por la reacción de la policía en los EEUU, decidieron meter el cuerpo del animal muerto en una de las bolsas de las compras con unos papeles encima para ocultarlo a la vista. Lo hicieron y dentro del centro comercial dejaron abandonada a la bolsa cerca de un basurero a la entrada del restaurante en el que comían, de manera que podían ver qué sucedía con la bolsa.

Una señora, de facha sospechosa, rondó la bolsa varias veces hasta que decidió tomarla como suya y entrar al restaurante, para sentarse muy cerca del grupo de mujeres.

Observándola vieron que le picaba la curiosidad para ver el contenido de la bolsa. Discretamente la mujer metió la mano en ella y la sacó viéndola totalmente machada de sangre, lo que la hizo gritar desaforadamente y desmayarse a continuación.

La conmoción era grande y llegó la policía, quien llamó a una ambulancia que puso a la señora en una camilla y junto a ella la bolsa con el cuerpo del gato.

Son simples historias, divertidas, curiosas que no podemos tomar como reales.

Y sin embargo, muchos medios y muchas personas han ido más allá de reportar seriamente una nota de ese tipo, la de los una secta que dice tener nexos extraterrestres y que afirma haber clonado a varios bebés. Debemos acostumbrarnos a escuchar historias de ese calibre, pero sobre todo a calificarlas.

No podemos tenerlas como verdades, que es lo que he visto que ha sucedido en el caso de demasiada gente. Hay responsabilidades en los lectores también, que es algo que no se trata con frecuencia.

Los medios tienen obligaciones con la calidad de su información (lo que parece no ser cierto en muchos casos), pero el lector no puede renunciar a tener un papel activo que en esencia es el de poner a la historia en perspectiva y, quizá, desecharla en alguna medida.

Y si no lo hacemos se nos vuelve a aparecer el chupacabras, que como todos sabemos es un descendiente de Drácula y surge en los países en los que hay demasiados crédulos.

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