guerras culturales

Dos visiones políticas, el origen de desacuerdos políticos. Formas de pensar muy distintas que provocan discusiones graves que se ven en la superficie. Pero no en su fondo. El origen real de los desacuerdos políticos.

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Introducción

Existe una enorme cantidad de temas sociales, políticos y económicos, en los que parece una misión imposible lograr acuerdos. Por ejemplo, la pena de muerte, defendida por unos y censurada por otros muchos. 

Desde luego, esas diferencias en las opiniones tienen raíces más profundas de lo que suele pensarse. Es precisamente en esas profundidades donde está el origen y la causa de las diferencias de opinión.

La valiosa contribución de Sowell es señalar este fenómeno y proponer una explicación razonable. Allá en el fondo, en la parte que no se ve, hay en la realidad dos visiones. De ellas dependen las opiniones que cada persona manifiesta en la superficie. 


La obra consultada para esta carta es el libro de Sowell, Thomas (1987). A conflict of visions. New York. W. Morrow, chapter seven, pp. 141-150.  


Dos visiones políticas, el origen de desacuerdos

Sowell propone la existencia de dos visiones sobre los hombres, la Amplia y la Restringida. Dependiendo de cuál de ellas sea la preferida, será la opinión concreta en casos específicos.

Para comprender la totalidad de esas dos visiones políticas es conveniente leer el libro de Sowell. Lo que esta columna intenta es ver únicamente el efecto concreto de esas dos visiones en cuestiones específicas.

Dos visiones políticas, amplia y restringida

Existen en las mentes de las personas dos maneras de entender a la naturaleza humana, a las que el autor llama Amplia y Restringida.

No se intentará explicar aquí esas dos visiones en su naturaleza, sino exclusivamente ver sus implicaciones en lo que se refiere a la guerra y al crimen.

En esta carta serán llamadas Visión A y Visión R, sin sostener la superioridad de una sobre la otra. Simplemente son diferentes. Se trata de buscar el origen de los desacuerdos políticos.

En un plano general, la Visión A concede al poder en la sociedad muchas de las razones de todo lo bueno y malo que en ella sucede. Tienen la Visión A, por ejemplo, quienes explican lo malo que existe como una consecuencia del poder económico, político o militar.

Por otro lado, quienes poseen la Visión R colocan menos importancia en el ejercicio del poder y explican lo que sucede en una sociedad poniendo atención en los procesos, sin que existan necesariamente intenciones finales de alguien en concreto.

Eso que suena tan abstracto al principio tiene aplicaciones muy concretas. Por ejemplo, en las opiniones sobre la guerra cada una de las dos visiones se manifiesta con opiniones y posiciones muy diferentes.

La guerra y las dos visiones políticas

Para la Visión A, la guerra es algo causado por la falta de comprensión y comunicación. Hay sentimientos irracionales en la guerra.

La visión amplia

Quien es partidario de la Visión A apoyará medidas como las siguientes para evitar los conflictos bélicos.

Mejorar la comunicación entre las naciones en conflicto, evitar las palabras y discursos de tono beligerante. Limitar la producción de armamentos, evitar la formación de alianzas militares. Reducir los sentimientos de patriotismo y nacionalismo, dar a los intelectuales un papel protagónico. Intentar la negociación con los enemigos potenciales.

En pocas palabras la Visión A se esfuerza por encontrar las razones y causas de la guerra.

La visión restringida

Por su parte, la Visión R busca descubrir lo contrario, las razones y causas de la paz. Se va comprendiendo mejor ahora el origen de los desacuerdos políticos.

Entre quienes tienen la Visión R, la guerra es una acción racional cuando alguien espera sacar provecho de ella. Puede tratarse de cálculos erróneos, pero eso no le quita lo racional.

Los medios de la Visión R para reducir el peligro de guerra explican muy bien el contraste entre ambas visiones.

Para disminuir el riesgo de guerra, según la Visión R, es necesario tomar acciones como las siguientes. 

Tener alianzas militares y elevar la producción de armamentos, para aumentar el costo de hacer la guerra, lo que es una disuasión. Informar a  la población sobre las amenazas y peligros. Promover sentimientos de patriotismo y de convicción, lo que significa también una elevación del costo de hacer la guerra.

Confiar menos en el diálogo con el enemigo y más en hacerle saber de las propias capacidades bélicas. Negociar, pero sin conceder posiciones que alienten amenazas futuras.

Y confiar más en los sentimientos generales de la población que en las opiniones de los intelectuales y moralistas que suelen ser frecuentes víctimas de modas y palabras vagas.

El crimen y las dos visiones políticas

El entendimiento de cada una de esas dos visiones políticas puede ser ampliado si se ven las consecuencias de cada una de ellas en otro tema, el crimen.

Las dos visiones repudian y rechazan la conducta criminal. Sin embargo, al entender de manera diferente a la naturaleza humana poseen diferencias quizá irreconciliables en sus propuestas para remediar la criminalidad.

El origen de los desacuerdos políticos sobre el crimen que se ven en la superficie. Muy diferentes opiniones que en el fondo corresponden a esas dos visiones.

La visión amplia

La preocupación central de quienes tienen la Visión A es el encontrar las causas subyacentes del crimen.

Quienes sostienen la Visión A encuentran muy difícil entender las razones por las que una persona se convierte en criminal. La explicación del crimen la encuentran en razones ajenas a los criminales mismos, por ejemplo, la pobreza o el desempleo.

Su conclusión es muy lógica. Para combatir al crimen hay que combatir primero a la pobreza, o al desempleo. O a cualquier otra situación social que se piense sea la razón de la criminalidad, tal vez la violencia en los medios.

La visión restringida

Para la Visión R no hay un interés especial en encontrar ocultas razones y raíces que tal vez no existan. Las cosas son más sencillas para esta otra de las dos visiones políticas.

Para la Visión R el crimen es algo más sencillo, pues se trata simplemente de personas que comenten acciones en las que anteponen sus intereses personales a los de los demás.

Es natural que la Visión R entienda las cosas de otra manera muy diferente. Quienes tienen la Visión R rechazan al crimen usando razones éticas y aplicando un sentido moral.

La Visión R no está de acuerdo con lo que sostiene la Visión A, la que cree que la naturaleza humana es en esencia ajena a las acciones criminales y que en última instancia el criminal es una víctima también de algún mal social.

Nada de eso, la Visión R entiende que en la sociedad se dan situaciones abundantes que incentivan la criminalidad.

La solución del crimen está por tanto en crear incentivos negativos al crimen, como las penas de cárcel e incluso la pena de muerte, que sería algo monstruoso para la Visión A. Pero para la Visión R es algo lógico y racional.

La Visión R, además, da gran énfasis al mantenimiento de códigos éticos y morales que deben ser inculcados en cada nueva generación.

La Visión R, lógicamente, da una gran importancia a la educación moral en cada nueva generación, pues solo con ella los ciudadanos aprenden a respetar los intereses de terceros.

La Visión A no da esa importancia a los códigos éticos y se concentra en atacar los males sociales que ella piensa son la causa de la criminalidad.

Concluyendo

El mérito muy grande de este autor es el habernos dado una explicación que nos ayudará a entender la próxima conversación en la que alguien manifieste una posición diferente a la nuestra.

Cada una de dos visiones políticas muy diferentes, produce opiniones contrarias. Este es el origen de los desacuerdos políticos que se observan a diario en la arena pública. Los desacuerdos son muy visibles y el foco de atención de casi todos.

El conflicto de fondo entre las dos visiones políticas, sin embargo, permanece oculto. Visiones o mentalidades que son distintas. Marcos mentales diferentes que producen, por supuesto, opiniones contrarias entre sí.

Opiniones que, por ejemplo, aparecen en las guerras culturales. En las opiniones de quienes quieren remediar el crimen por medio del empleo suponiendo que los criminales son víctimas inocentes y no personas racionales que han tomado una decisión.


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[La columna fue revisada en 2020-07]