estado de bienestar

¿Qué opina el gobernante de los ciudadanos? En general, puede tener dos tipos de opinión. Puede creer que son seres libres e inteligentes que son capaces de ser autónomos. O, lo más probable, puede creer que son menores de edad, débiles y frágiles a los que él debe cuidar.

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Introducción

En la mayoría de las sociedades, si no todas, los ciudadanos están acostumbrados a contemplar la lucha política por el poder entre dos o más partidos o ideologías.

En esa lucha por el poder se utilizan las más de las veces argumentos de protección al ciudadano, concretamente a los desvalidos y desamparados. Cada facción usa esa excusa, querer proteger a los ciudadanos.

La visión de Szasz nos da otra explicación. Quizá esa lucha por el poder no sea más que una lucha por el poder que considera al resto de los hombres y mujeres como incapaces de valerse por sí mismos, seres irresponsables que necesitan la protección del poder político.

Es decir, los gobernantes ven a los ciudadanos como niños tontos que requieren ser conducidos por ellos. Como chiquitines que no pueden valerse por sí mismos y necesitan ser guiados por seres superiores. Es el asunto de lo que opina el gobernante acerca de los ciudadanos.


La idea de esta carta fue encontrada en el escrito de Thomas S. Szazs, «The Control of Conduct: authority versus autonomy», Friedman, Milton, Szasz, Thomas Stephen, Friedman & Szasz on liberty and drugs: essays on the free market and prohibition, (Arnold S. Trebach and Kevin B. Zeese). Washington, D. C. Drug Policy Foundation Press, pp 83-88.


La autonomía como pecado político

Comienza el autor con una afirmación. Dice que solo hay un pecado y una virtud en la política. El pecado político es la autonomía y la virtud política es la obediencia.

La independencia personal es un desafío para la autoridad. La autonomía hace de la persona su propio dueño, lo que significa que no hay necesidad de la autoridad.

Por definición, la autoridad requiere súbditos, sujetos que no estén al mando de sus propias vidas, no diferentes a los hijos que necesitan de sus padres. Sin súbditos, la autoridad fallece y ella sabe de su destino fatal cuando no los tiene sujetos.

Es por esto que la autoridad lucha en contra de la autonomía personal y sus manifestaciones, reales o simbólicas. Por ejemplo, combatiendo la auto-medicación de las personas.

Esta idea sirve de base a Szasz para entrar en el tema de la drogadicción. Y se pregunta sobre la manera en la que pueden verse a los drogadictos.

¿Quiénes son los drogadictos?

Una forma de contemplar a esas personas es colocándolas en un plano de seres indefensos, pequeños infantes tontos, que son tentados por quienes les rodean.

Por amigos, conocidos y vendedores de drogas prohibidas. Menores que sucumben y ceden sin remedio ante esa tentación. No tienen control sobre ellos mismos.

Pero hay otra manera de ver a los drogadictos, la contraria, como personas que tienen control sobre ellas mismas y que de manera deliberada deciden probar esa «fruta prohibida».

Lo que opine el gobernante de los ciudadanos en general puede proyectarse desde allí. Los ve más como menores de edad que como seres maduros.

Dos perspectivas de solución

Dice el autor que no hay solución correcta a cuál de esas dos formas de ver al drogadicto es la correcta.

Ellas son en la realidad dos formas diferentes de enfrentar el problema, dos perspectivas distintas de ver la realidad. Desde luego, dependiendo de cuál de esas perspectivas se tenga, las estrategias de acción serán diferentes.

Son unos infantes frágiles

Si nos unimos a la autoridad gubernamental desearemos reprimir a las personas, las vamos a tratar como infantes.

Los drogadictos serán para nosotros como unas criaturas menores de edad, débiles, frágiles. Las inocentes víctimas de situaciones que les presentan tentaciones ante las que no hay posibilidad de resistir.

Las vamos a querer proteger como igualmente quisiéramos salvaguardar a los locos y a los niños.

Son personas libres

Si, por el contrario, nos ponemos del lado de la persona como ser autónomo, rechazaremos el poder de la autoridad para tratarle como infante desprotegido.

Lo vamos a considerar como un adulto que ha tomado una decisión, que es dueño de sus acciones y que las realiza con responsabilidad.

Dentro de esta posición, será lógico exigir respeto ante las decisiones personales, el mismo respeto que damos a todas las personas adultas, responsables y racionales.

Por tanto

Son estas, dos posiciones muy distintas. Ambas tienen sentido y lógica interna.

Pero lo que carece de lógica es que en la práctica se trate a las personas como adultos al mismo tiempo que se les trata como niños, que es precisamente lo que ha sucedido desde la Grecia antigua hasta nuestros días.

Sociedad libre o sociedad totalitaria

En algunas sociedades tiene predominio el enfoque de tratar a las personas como adultos responsables, individuos autónomos. Estas son las sociedades que llamamos libres. Lo que el gobernante opina de los ciudadanos es que son seres adultos.

Por el contrario, denominamos sociedades totalitarias a esas en las que la autoridad trata a las personas como incapaces de ejercer control personal. Lo que el gobernante opina de los ciudadanos en estas sociedades es que son niños a los que él debe proteger.

Lo cierto es que en ninguna sociedad la persona recibe el tratamiento de un ser totalmente autónomo, completa y rotundamente libre. Quizá, dice Szasz, eso sea un imposible al menos según algunos autores. O tal vez, sea algo que encontraremos en el futuro de la humanidad.

Pero es satisfactorio ver que ninguna sociedad ha tratado a los hombres y mujeres como si carecieran totalmente de autonomía.

Más aún, la libertad de la autoridad para controlarse a ella y a la persona nos da una visión poderosa. Si el político puede ejercer control sobre los demás, es una posibilidad real que el individuo también tenga la capacidad de controlarse a sí mismo.

Tres tipos de conflicto

Esto lleva al autor a realizar una clasificación. Dice que los conflictos entre quienes tienen el poder y quienes quieren arrebatar ese poder pueden ser de tres tipos.

Esos tipos de lucha por el poder tienen su origen en lo que el gobernantes piensa sobre los ciudadanos.

Hacer esa distinción clara evita el problema de confundir oposición con poder para dárselo a mi candidato favorito o incluso para dármelo a mi mismo.

1. El poder a los «oprimidos»

El tipo de conflicto por el poder en el que unos quieren quitar el poder a otros para dárselo a un grupo oprimido, a una clase social.

Dentro de esta categoría están Marx y los comunistas, y su revelador sueño de la dictadura del proletariado. La esencia de este tipo de conflicto es la de querer quitar el poder a unos para otorgárselo a un grupo distinto.

2. El poder para proteger al «oprimido”

El tipo de conflicto por el poder de los que quieren el control que unos detentan ahora para dárselo a sí mismos como protectores de los oprimidos. Como ejemplo puede citarse a Robespierre en política.

En esta categoría son muy ilustrativos las ambiciones de gobernantes incorruptibles, de suprema inteligencia que guían y acarrean a la sociedad como si ella fuera un rebaño.

3. El poder a las personas

La categoría de conflicto por el poder de los que quieren retirar el poder de las manos de quienes ahora lo detentan para dárselo igualmente a los oprimidos, pero no como clase, sino como personas individuales.

De esta manera, en el tipo tres, cada persona puede seguir su propia voluntad, controlándose a sí mismos. El gobernante opina que los ciudadanos son adultos y autónomos.

Aquí caen las ideas de J.S. Mill, de von Mises y de los proponentes de mercados libres. Ilustran bien estas ideas sus sueños de personas auto-gobernadas en sociedades donde la necesidad de un gobierno es mínima.

De todos los que dicen amar a la libertad, lo son solo los que caen dentro de ese tercer tipo.

Los demás quieren únicamente reemplazar a una autoridad que les es antipática y odiosa con otra autoridad a la que admiran y quieren, generalmente ellos mismos.

Concluyendo

Al final, lo que la idea del autor nos deja es la causa de diferencias en creencias políticas. Es obvio que quienes proponen medidas de expansión gubernamental son diferentes en sus visiones a quienes abogan por lo contrario.

Todo depende que qué es loo que el gobernante opina que son los ciudadanos. Adultos libres o menores de edad que necesitan ser protegidos.

Unos ven a la persona común como un desvalido, altamente dependiente. Los otros ven a la misma persona como capaz de valerse por sí mismo, autónomo, con responsabilidades. Es la mentalidad que establece al estado de bienestar.

Y esas visiones tan diferentes tienen un gran poder para hacer entender las razones por las que se lucha por el poder.

Quienes ven a los ciudadanos como seres menores de edad, incapaces e inhábiles, es lógico, quieren ellos el poder para sí mismos, para ser la guía de esos desventurados y desprotegidos.


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Y unas cosas más solamente…

Debe verse:

Principio de subsidiariedad, ¿qué es?
El ciudadano creado por el Estado de Bienestar

Otras ideas relacionadas

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[La columna fue revisada en 2020-07]