Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Claridad
Eduardo García Gaspar
22 junio 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Me escribió hace ya tiempo un lector acerca de las ventajas de tener la habilidad de escribir con claridad.

Es él profesor en alguna universidad en México y comentaba acerca de los efectos que en los alumnos causan las lecturas de autores que escriben de tal manera que al final no saben esos alumnos qué es lo que quisieron decir los autores.

Pongo el ejemplo que este hombre me envió para ilustrar lo que él consideraba como textos que no dicen nada.

“Las estructuras de la modernidad neoliberalista no son sino las arcanas divagaciones de los intelectuales generadores de la burguesía justificada como realidad histórica, traídas a épocas que ya las trascendieron en cuanto a su utilidad social estando exentas de las cualidades que ahora son consideradas válidas y legítimas, en una concepción postmoderna donde no caben las hegemonías del capital y donde sólo es posible una concepción dinámica de la ética, la moral, así como lo es la del avance científico.”

Quien habla o escribe así, me parece, no puede pensar con claridad y es escasamente asertivo, desconfía de sí mismo y tiene miedo a decir abiertamente lo que piensa.

Porque todo lo escrito en ese párrafo se resumen al decir, “el liberalismo no sirve en la actualidad porque viene de ideas viejas y ahora se necesita que la moral y la ética cambien a la misma velocidad que la ciencia.”

Es mucho más fácil argumentar contra esta segunda manera de hablar que contra el barroquismo intelectual de la primera manera de escribir. Desde luego, estoy en contra de la idea que allí se afirma, pero eso es lo de menos ahora.

A lo que voy es que quien así se expresa, piensa poco. Es tremendamente más complejo el decir algo en palabras de todos los días, que escribirlo en palabras inentendibles y con una construcción churrigueresca.

Cuando uno se enfrenta a uno de esos párrafos, se siente pereza y cuesta trabajo acabar de entender la idea central. Un orador o un escritor tienen el deber de transmitir ideas a quienes los oyen o leen, y quien así escribe está poniendo obstáculos intencionales a esa comunicación.

En mi forma de ver las cosas, quienes cometen ese error de escritura intencionalmente compleja, pueden estar escondiendo su ignorancia, pueden estar adoptado una postura de soberbia o pueden estar ocultando su mensaje para evitar reacciones contrarias. Cualquiera que sea la razón, es una desventaja seria para quien comete ese error de escribir confusamente.

Claro que quien escribe con claridad, enfrenta el peligro de no ser considerado intelectual y de no saber del tema.

Por ejemplo, puede escribirse que

“el comunismo fue una mancha en la historia, una aberración que negó las libertades del hombre y que llamó progreso a las largas filas que se formaban para conseguir comida y vestido en la antigua URSS.”

Y quien eso lea, digamos un intelectual barroco, puede dar contestación a esa afirmación con las siguientes palabras.

“La afirmación hecha, sin duda simplista en sus proyectos palmariamente intemperantes, seguramente está causada por un menoscabo de juicio de la metamorfosis positiva del proceso de clases sociales que pone atención en lo efímero de una etapa justificada en el procedimiento a una meta que no es penetrada por quien sin duda de sufre de cartabones intelectuales que le imposibilitan sufragar lo que no entiende.”

Con algo por el estilo me enfrenté hace años y me negué a seguir el diálogo con quien así me escribía, por causa de que leer esos textos que me eran enviados se convirtió en un terrible tormento. Había que traducirlos de un idioma a otro.

Lo que en esta segunda opinión quiero decir al final es bastante sencillo.

En nuestro país, como en todos, me da la impresión, existen algunos escritores que sufren de este padecimiento y que, con ello, pueden volverse terriblemente famosos entre sus colegas que escriben igual.

Porque, por lo general, aquí, quien escribe de esa barroca manera es visto así, como un gran pensador… cuando creo que es lo contrario.

Y pongo como ejemplo a John Locke y su segundo tratado de gobierno, un libro con excepcional influencia, y que cualquiera puede entender. Lo mismo sucede con otros, como Mises, Hayek, Bastiat y otros que sí son entendibles y agradables por eso. Tal vez, sea eso mismo, lo que hace que los intelectuales barrocos los aborrezcan.

Post Scriptum

En ContraPeso.info: Lenguaje existe más material sobre el tema. Será de interés Cuando Nada se Entiende.

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