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El progreso necesita propiedades legales. La propiedad no es un robo, al contrario, requiere ser legalizada para prosperar. Así dejarían de desaprovecharse las propiedades físicas de todos, especialmente de los pobres.

Introducción

Las posibilidades de desarrollo económico son mayores para quienes tienen derechos de propiedad legales y formales.

Ellos pueden ser fácilmente identificados por sus acreedores y deudores, pueden comprar y vender sus propiedades, inspiran confianza en los demás. Pero el que a pesar de ser propietario no tienen sus derechos reconocidos no tiene tantas probabilidades de mejorar.

Esa es la idea de de Soto. El progreso y la prosperidad necesitan propiedades legales, registradas. Sin su legalización y registro no habrá progreso.

Este resumen de esta columna está tomado de la obra de Hernando de Soto, El misterio del capital, ¿por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo?, Diana, 2001, pp 65-92.

Dos piezas clave antes de empezar

Para demostrar que el progreso es posible a través de las propiedades legales, el autor comienza con dos datos importantes.

1. Propiedades de los «pobres»

Los cálculos acerca del valor de los activos que actualmente están en una situación extralegal de propiedad, típicamente en manos de los «pobres».

Según de Soto, de manera conservadora esos bienes tienen un valor de 9.3 billones de dólares (sí, millones de millones) y ese valor se encuentra en los países pobres.

Esa cantidad, para ser puesta en perspectiva, es comparada con otras mediciones. Tome usted el valor de las bolsas de valores de los 20 países más desarrollados y esa cantidad es un poco menos de lo que tienen los países pobres.

Es 46 veces mayor a todos los préstamos dados por el Banco Mundial en las tres últimas décadas. Es 93 veces más que toda la ayuda dada por los países industrializados a esas mismas naciones en el mismo período.

Visto de otra manera, el problema principal de los países pobres no parece ser el de carecer de recursos. Ellos tienen más de nueve millones de millones de dólares en propiedades que no están incluidas dentro de su marco legal.

2. La legalización de esa propiedad

Otro dato revelador, o mejor dicho una serie de ellos.

Para crear una empresa pequeña, un taller de costura en Perú. Hacerlo legalmente toma 289 días, con seis horas diarias, y más de mil dólares, o sea, 31 veces el salario mínimo local.

Otro caso, obtener autorización legal y construir una casa en una propiedad estatal en ese país. Ello toma casi siete años y 207 pasos administrativos. La titulación legal requiere 728 pasos.

En Egipto, para comprar e inscribir legalmente un lote desértico de propiedad estatal, se requieren 77 pasos burocráticos en 31 oficinas públicas y privadas.. Eso toma entre 5 y 14 años. No es sorpresa que casi cinco millones de familias egipcias hayan optado por la construcción ilegal.

Entonces, puede verse en panorama general.

Existe una enorme cantidad de bienes no registrados legalmente en las naciones no desarrolladas. Esa carencia de registro legal se debe a un embrollado, tardado y caro sistema de legalización de la propiedad.

Propiedades: recursos no aprovechados

Sumando esos dos datos, sencillamente se ve que existen 9.3 millones de millones de dólares en los países subdesarrollados de propiedades que no son formales, ni están reconocidas por la ley.

Sí, son ciertas las imágenes de pobreza que estamos acostumbrados a ver, la del niño africano  muriendo de hambre y la del mendigo en la India.

Pero esas imágenes no representan la realidad de las propiedades con valor de millones de millones de dólares que hay en esos países.

Más representativo de esa pobreza es la del hombre y la mujer que con gran esfuerzo han construido con sus ahorros una casa y que están trabajando en una empresa que quizá esté dentro de su propia casa.

El gran punto del autor es ese. Existe en esos países una enorme cantidad de recursos, bienes y propiedades. Pero ellos están allí, desaprovechados por no ser parte de la propiedad legal.

Podría tenerse progreso cuando esos recursos existentes se convirtieran en propiedades legales.

Propiedad física y propiedad conceptual

Si esos millones de millones de propiedades y patrimonios pudieran ser legales, otra sería la historia de los países en desarrollo. De Soto hace mucho énfasis en distinguir entre la casa y el título de la propiedad de esa misma casa.

La casa está en un mundo físico y tangible, pero el título de su propiedad está en un mundo conceptual. El potencial económico no está en el mundo físico, sino en el mundo conceptual.

Dentro de los países desarrollados ese mundo conceptual de propiedades actúa como un seguro de los intereses de las partes que interactúan entre sí. Además crean seguridad y confianza con la información que contienen.

Por ejemplo, el uso de inmuebles como garantía de préstamos, para comprar y vender, para servir como domicilio y recibir notificaciones y cuentas.

Es decir, la propiedad física existe, allí está sin que nadie lo pueda dudar. Pero sucede que por no ser parte de un registro formal de propiedad, esa propiedad física es un bien desaprovechado.

Más o menos como tener dinero pero no poder usarlo. Entonces, el progreso se ha detenido porque no existen propiedades legales. Las propiedades físicas de poco sirven si ellas no están legalizadas.

Ese mundo conceptual de la propiedad está integrado en su solo sistema conocido por todos en los países desarrollados. Es decir, en esas naciones existe un sistema de registro de propiedad, el que no tiene mucho tiempo, pues el más viejo data de hace unos 200 años.

Los países desarrollados, por tanto, se enfrentaron al mismo problema de hoy en los países pobres.

Esta es una estandarización de la información que unieron a miles de distintos sistemas de registros de propiedad que antes existían. La propiedad formal, legal y reconocida en un sistema único, dice de Soto, crea individuos donde antes solo había masas.

La propiedad individualiza

La propiedad, en ese mundo conceptual, permite que la persona se individualice y ligue a sus propiedades sin depender de nadie. Las propiedades de la persona son distinguibles de las de los demás, al igual que sus negocios.

La persona sale del anonimato de la masa y puede ya ser responsable usando sus propiedades. Si comete algún delito, si deja de pagar impuestos, sus propiedades son fácilmente identificadas, lo que crea en las personas un sentido de responsabilidad.

Más aún, cuando se es un propietario legalmente reconocido, la propiedad tiene valor por el simple hecho de poder ser vendida a otros. El progreso es así más probable gracias a que existen propiedades legales y registradas.

Una propiedad extralegal no tiene ese valor. Y no solo eso, las propiedades en ese mundo conceptual, permiten que los activos que ellas representan sean capaces de acomodarse a diferentes situaciones.

Un negocio no tiene que tener un solo dueño a pesar de estar en una sola propiedad, pues su propiedad puede dividirse entre los inversionistas.

La propiedad rural que un padre hereda a sus hijos no tiene por qué dividirse en partes cada vez más pequeñas, pues si ellas pueden venderse adquieren valor para el que las compra y el que las vende.

Propiedad: círculo virtuoso

Las consecuencias de la propiedad formal entran, además, en una especie de círculo virtuoso formando redes que se autoalimentan positivamente, liberando el potencial económico de las propiedades físicas.

Con propiedad formal se incentiva la creación de abastecimiento de electricidad, lo que permite acceso a energía que, por ejemplo, hace más seguras las calles, lo que reduce costos y permite identificar individualmente el cobro de servicios, lo que añade valor a la propiedad y facilita préstamos, lo que abre oportunidades de inversión.

¿Puede ser sujeto de crédito alguien que no puede ser identificado con sus propiedades? Aunque de hecho tenga posesiones, la realidad de no ser propiedades reconocidas formalmente le impide aprovechar sus propiedades como pudiera.

Lo que la propiedad formal hace es extraer de los inmuebles su potencial de uso y aprovechamiento. Esa propiedad en el mundo conceptual da a las propiedades usos que van más allá de su utilización como refugio y protección personal.

Y no se trata de tener sistemas de titulación de propiedad, sino de un sistema de redes de propiedad que las personas usan de acuerdo a sus intereses.

Porque hay una diferencia vital en esto, que es la distinción entre la protección a la propiedad y la protección a la transacción.

Un ejemplo, para vender unas vacas en un país no desarrollado la persona se ve obligada a llevar sus vacas al mercado y mostrarlas. En los países industrializados no es necesario hacerlo pues los sistemas de propiedad tienen información necesaria para la transacción y los títulos de propiedad de las vacas bastan para venderlas, por ejemplo en la bolsas de valores y commodities.

En resumen

Lo que de Soto hace, al final, es mostrar que los países subdesarrollados no tienen carencias de recursos como principal problema.

Allí está ese cálculo de más de nueve millones de millones de dólares en propiedades y que es conservador, pero que se encuentra enterrado en sistemas de propiedad informal, extralegal. Eso impide que los recursos sean aprovechados como capital para el desarrollo.

Sin reconocimientos legales de propiedad, sin sistemas de información sobre las propiedades, sin protección a las transacciones de propiedades, todos esos recursos son desaprovechados, cuando ellos contienen la clave para la solución de los problemas de miseria que sufren tantas naciones.

El progreso es posible en los países pobres porque tienen recursos y solo les faltan las propiedades legales.

Y una cosa más…

Existe más material sobre le tema en ContraPeso.info: Propiedad. Es especialmente recomendable la idea de Alchian sobre Propiedad Pública y Privada. Y también, La propiedad es lo mejor para los no propietarios.

Bonus scriptum: más sobre el tema de la propiedad.

La propiedad no es un robo

Por Leonardo Girondella Mora –   13 septiembre, 2010

Se ha dicho «la propiedad privada es un robo». Si lo fuese, todos estaríamos forzados a ser ladrones para sobrevivir de un día para otro.

Una idea absurda

El vestir un suéter implica la propiedad de su uso y, por consecuencia inevitable me hace un ladrón. El comer una manzana lo mismo. Todo lo que una persona coma necesita ser su propiedad para poder ser consumido.

No hay manera de evitar caer en un sistema de propiedad privada si se quiere sobrevivir.

La idea de que la propiedad privada es un robo intenta ser justificada razonando que la tierra, el planeta, y los recursos que contiene son propiedad de toda la especie humana.

Si todos poseen en conjunto esos recursos, se concluye, el que una parte de ellos pasa a ser propiedad privada equivale a un robo.

Pero aún si se acepta que los recursos de la tierra son propiedad de todos, no se concluye necesariamente que la propiedad particular sea un robo. Un razonamiento ingenioso y razonable, ve las cosas de otra manera.

Los recursos necesitan ser trabajados

Los recursos están allí para el uso y goce de todos —pero están en un estado bruto, por sí mismos rinden poco o nada para convertirse en objetos útiles.

Los recursos necesitan ser trabajados y eso solo pueden hacerlo las personas. Y ya que las personas no son propiedad de nadie, el trabajo que ellas hacen les pertenece.

Una persona que trabaja un pedazo de tierra y hace posible que ella rinda cultivos mayores a los posibles sin su trabajo, justifica la propiedad de esa tierra.

Su trabajo se ha mezclado con el recurso y lo ha hecho suyo, como lo ha razonado Locke. El razonamiento es más profundo de lo que puede aparecer al lego.

La variable crucial en el aprovechamiento de los recursos no son esos mismos recursos, sino el trabajo que los hace rendir y ser fuente de bienes que son fuente de satisfacción y gozo.

Lo que sí sería un robo es quitarle a la persona su trabajo —sería un esclavo. Pero no puede ser robo un recurso natural mejorado por el trabajo personal.

El razonamiento no es completo —puede defenderse la idea de ser propietario de aquello que yo he mejorado, un pedazo de tierra en el ejemplo más clásico.

Pero hay una condición necesaria no explícita: ese pedazo de tierra no tenía un propietario anterior. Si yo trabajo limpiando los pisos de un edificio, eso no me convierte en su dueño, por mucho trabajo que realice en su interior.

Y llega un intelectual que…

Un propietario, mas aún, tiene la posibilidad de trasladar su propiedad —la persona que cultiva manzanas puede venderlas o intercambiarlas por las propiedades de otros.

Se descubre así, de manera espontánea, que el sistema de propiedad privada aprovecha recursos mejor que otro de propiedad colectiva y se acepta como parte de la vida. Las propiedades legales, registradas, aprovechan mejor los recursos y logran progreso.

Sin embargo, un cierto día llega un intelectual y por la razón que sea propone que la propiedad privada es un robo, por lo que ella debe ser abolida y todos los recursos deben ser ahora propiedad de todos. Dice que así se remediará la pobreza y la desigualdad, siendo todos propietarios simultáneos de todo.

Toma desprevenidas a las personas. Ellas presuponen sin mucho pensarlo un sistema de propiedad privada, lo toman como dado y no se han molestado en encontrar sus razones, fundamentos y causas. Algunas de ellas sucumben a la idea y se convierten a esa nueva filosofía que considera que la propiedad es un robo.

No piensan en que es ilógica la idea, ni se dan cuenta de que es imposible tener un sistema de propiedad colectiva total. No podrían siquiera tener la propiedad momentánea de un lugar en el que dormir: cualquiera podría llegar a reclamarlo. Pero la popularidad del eslogan se mantiene y modifica su reclamo.

Entonces el Estado se altera

Lo modifica a una política de propiedad estatal. El único que puede ser propietario es el estado, una entidad vaga y abstracta que sólo puede tomar forma en el gobierno. El gobierno es el único propietario posible.

Pero aún así, el gobierno no puede ser propietario de todo literalmente en la vida diaria, como de mi cepillo de dientes.

Y la idea se modifica a incluir los medios de producción. La propiedad de ellos es un robo, se dice, pero la propiedad estatal de esos medios no lo es, al contrario, y dicen, es un sistema justo y moral que hace que todos sean propietarios de todo.

La realidad de la naturaleza humana se opone a ese sistema, el que no da resultados y la idea de que la propiedad privada es un robo vuelve a modificarse.

Ahora no se tiene más remedio que aceptar a la propiedad privada de los medios de producción.

Pero como se sigue pensando que esa propiedad es un robo, algo inmerecido, el gobierno debe entrar a regularla y dictar sus usos. Los propietarios que podrían decidir cultivar espárragos en sus tierras, tienen ahora que cultivar maíz en ellas por orden de gobierno.

Lo que he querido hacer en un rápido apunte es que el origen del intervencionismo estatal en la economía tiene como punto de partida, un tanto oculto, el principio de que la propiedad privada es un robo.

Un principio ilógico e irracional, opuesto a la naturaleza humana y a su dignidad. El intervencionismo es en realidad un robo del trabajo que aprovecha recursos. Un freno al progreso que requiere propiedades legales personales. El progreso necesita propiedades legales personales.

[La columna fue revisada en 2019-08]