Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gobernante y los Sapos
Eduardo García Gaspar
11 mayo 2004
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La sabiduría popular es eso, inteligente, con la ventaja de dar toda una lección de vida usando palabras muy vivas y símiles en extremo ilustrativos.

Una de las cosas que aconseja la sabiduría popular dice que enfrentar problemas urgentes es como tener que comer sapos vivos recién sacados del lodo. No hay más remedio que comerlos, enteros.

Si es solamente un problema, será por consecuente que sea también uno el sapo que haya que ingerir. Más aún, al sapo hay que comérselo rápido y sin verlo, de un bocado resuelto y decisivo.

Pero si acaso sucede que sean varios los problemas que deban enfrentarse, entonces lo que debe hacerse es muy simple: el primer sapo que se coma no debe ser el más pequeño ni el menos asqueroso.

Venga primero el sapo más nauseabundo y repugnante, que los demás no serán nada comparado con ése.

Cuando estas cosas de la sabiduría popular llegan a manos de escritores elegantes, ellas se convierten en principios de muy alto sentido común. Y nos dirán cosas como la conveniencia de atender y solucionar primero los problemas urgentes e importantes… lo que suena muy bien, pero sigue siendo eso del sapo más inmundo, pringoso y colosal.

Sea lo que sea, la lección es la misma, los problemas grandes deben ser los primeros en atacarse, por el bien de todos.

En política, sin embargo, no parece tenerse esta lógica tan sencilla y, de hecho, se aplican principios que son contrarios a ella. Primero hay que atacar los problemas menos importantes, como el del si se concede o no el voto a los mexicanos en el extranjero.

Y jamás se ocurre pensar en examinar la quiebra del IMSS, la pérdida de productividad, la deuda de Pemex y pequeños detalles como esos.

En algunos medios sucede lo mismo, es decir, dar la prioridad al chisme mayor y a la declaración más descabellada, antes que al asunto de generación de energía o de cambios drásticos en los impuestos.

Desde luego, eso no sucede a todos los políticos ni a todos los medios, pero sí a tanta cantidad de ellos como para producir el efecto neto real de posponer las necesidades más urgentes de México.

De esto también padecen un número suficiente de ciudadanos, más al tanto de Ahumada y los OVNIS vistos por el ejército mexicano, que de las cifras del IMSS o de la real situación del déficit público o la situación de Pemex. Este descuido de lo más importante y urgente resulta muy natural, pues a nadie le gusta hablar de los sapos y demás alimañas que tendría que comer.

En todo esto, sin embargo, hay una diferencia. Los medios noticiosos tienen la obligación de reportar lo mejor que pueden los acontecimientos y, por su parte, los ciudadanos están en entera libertad de hablar de lo que deseen.

Sin embargo, los políticos tienen la obligación de comerse los sapos, de atacar y resolver los problemas, por descomunales y fétidos que sean. Nadie los obligó a postularse como candidatos a puestos de elección popular.

Ellos lo pidieron y hasta campaña electoral tuvieron.

La diferencia es abrumadora y tiene su gracia, pues resulta que quien pidió estar a cargo de la solución de los grandes problemas mexicanos ahora se echa para atrás y dice que siempre no, que mejor hay que dejar para después el asqueroso banquete de sapos que estaba servido en un bufete que era de sobra conocido.

Si no los quieren comer, que se vayan y dejen de cobrar sueldos que no merecen.

Visto de manera sencilla, los gobernantes han firmado un contrato de trabajo con los ciudadanos, no diferente al contrato firmado por el responsable de limpiar caballerizas en un rancho. Ese contrato les obliga a ser profesionales, atacando los problemas más importantes y urgentes.

Se trata de una obligación formal, con carácter legal y es un juramento libremente aceptado. Es obvio, dados los resultados, que un buen número de ellos no lo están cumpliendo.

En una empresa privada, una persona que no hace lo que debe realizar, es despedida. No en el caso de los gobiernos. Y eso sucede por una razón principal. Los puestos gubernamentales no tienen mediciones de cumplimiento de metas, que es lo que los hace por diseño tremendamente improductivos.

Mi punto es que mientras esos políticos no cumplen con esa función para la que fueron contratados, los sapos siguen creciendo y alguien en algún momento futuro los van a tener que comer.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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