Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema de la Igualdad
Eduardo García Gaspar
27 octubre 2004
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En una época en la que la igualdad humana ha sido elevada a grado de verdad ungida e inapelable, es muy difícil argumentar afinaciones necesarias sobre ella.

Y es que por el hecho de haber sido puesta en un altar que imposibilita su cuestionamiento, el que lo intente tenderá a ser visto como un hereje que debe ser castigado con la hoguera.

Corriendo esos riesgos, que no son leves, es vital tratar el tema y aterrizarlo en la realidad. ¿Somos de verdad iguales los seres humanos? La respuesta más razonable es un no absoluto.

La diversidad cultural no es sino una muestra irrefutable de desigualdad, por no mencionar nuestras diversas habilidades, capacidades, inclinaciones, gustos y circunstancias. Somos diferentes en las más irrelevantes de las nimiedades y también en los mayores asuntos.

La prueba de la desigualdad humana puede ilustrarse desde el otro lado, pues no tenemos la misma edad, ni el mismo cumpleaños, ni vamos a las mismas películas, ni trabajamos haciendo lo mismo.

La cuestión va más allá de señalar esa desigualdad real entre los seres humanos, pues resulta que esa desigualdad nos enriquece y nos complementa unos a otros. Lo que uno no hace, el otro realiza; lo que alguien no piensa a otro se le ocurre.

Vivimos mejor porque no somos iguales. Sería una pesadilla un mundo de seres iguales en todo, sin habilidades complementarias y sin diversidades.

Hasta aquí, me parece que sería en extremo miope no reconocer la realidad y seguir creyendo en la idea de una igualdad humana integral y absoluta, que es precisamente el riesgo que se corre cuando la igualdad es puesta en un altar y deja de cuestionarse.

Las consecuencias de sostener el valor de una igualdad total entre las personas, más aún, conduciría a una serie de consecuencias terribles, cuyo común denominador sería la esclavitud de todos.

Porque al final si todos debemos ser iguales en todo, lo que sucederá es la reducción al mínimo de las habilidades que tenemos en lo individual. Por ejemplo, Pavarotti tendría que dejar de cantar hasta que todos cantaran como él, es decir, desaparecerían los talentos de las personas. Una real pesadilla y la anulación total de la libertad.

La igualdad colocada en un culto dogmático haría imposible aprovechar los talentos personales y lastimaría a todos, incluso a los menos dotados, que serían los más lastimados. A la luz de todo esto, no queda más remedio que reconocer la desigualdad humana y que ella es de beneficios sin fin para todos… con un problema a solucionar, el de cómo tratarnos unos a otros.

Si algunos pudiesen imponerse a otros, la desigualdad sería total. Pero si el principio de relaciones entre los humanos es uno de no imposición sobre el resto, la desigualdad tendría una excepción, la del reconocimiento de algo que nos impide imponernos por la fuerza sobre el resto.

Es decir, somos muy diferentes. pero iguales en algo. ¿En qué somos iguales? La visión Cristiana tienen una respuesta, somos iguales en ser hijos de Dios, criaturas de un mismo Padre. En visiones terrenas quizá pueda decirse que somos iguales en algo que se llama dignidad o valor intrínseco, y que es un común denominador de todos los seres humanos.

La conclusión es sencilla: somos iguales en ese algo pero diferentes en el resto de las cosas, lo que parece una muy razonable conclusión. Y de ella derivo lo que me parece un sermón engañoso que es predicado desde el altar de la igualdad a toda costa. Enseñar que somos iguales en habilidades y capacidades, que somos iguales en gustos y talentos, que somos iguales en circunstancias y condiciones, es un timo que lleva a frustraciones y violencias.

Somos iguales sí, pero sólo en eso que llamamos dignidad o esencia humana, y es parte vital de esa dignidad la posibilidad de realizar nuestros talentos bajo las circunstancias que nos ha tocado vivir.

Tan es erróneo atacar la igualdad esencial del ser humano como atacar la desigualdad individual de cada persona particular. Mi gran temor es que esa sutil distinción deje de verse en tiempos de idolatría igualitaria, primitiva y cruda, que anule esa riqueza humana que está en la concepción de que cada ser humano es diferente e irrepetible.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


6 Comentarios en “El Problema de la Igualdad”
  1. juan sebastian Dijo:

    esto es una gran gran gran mentira por eso no es verdad. NOTA DEL EDITOR: ahora sólo falta decir que algo es verdad porque es verídico.

  2. Juan López Dijo:

    Las desigualdades que describe el actor son diferencias, la igualdad es un juicio de valor y si se cree en Dios creador sería un Dios injusto si a todos nos exige igual, pero sin serlo.

  3. PAULA LONDOÑO Dijo:

    ME PARECE QUE NO TODOS NO TENEMOS QUE SER IGUALES,CADA CUAL ES COMO ES CON SU FORMA DE SER Y DE ACTUAR

  4. pedro pablo perez pereira Dijo:

    Esa igualdad ante dios es un cuento, es abstracta, hablemos de igualdad ante la ley.

  5. Comentador ContraPeso Dijo:

    Sobre el comentario de Pedro Pablo: dice que lo que cuenta es la igualdad ante la ley y no ante Dios (porque es abstracta). Que sea abstracta o no ante Dios, no quita se sea también una idea abstracta en la ley. Es una suposición abstracta que la ley presupone.Y de eso abstracto, la ley deriva cosas concretas en cada precepto.

  6. lery Dijo:

    me parece algo muy bueno que expresen sus comentarios de esta forma sigan asi





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