Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pasión Por el Escándalo
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2004
Sección: GOBERNANTES, MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Puede ser que muchas personas desprecien a los programas dedicados a revelar los escándalos y las vidas privadas de los artistas, como Ventaneando y similares.

Son programas de chismes, desvergüenzas, revelaciones íntimas e irrelevancias por el estilo. Igualmente puede ser que muchas personas también sean espectadores frecuentes de esos programas, a los que debo suponer como una fórmula exitosa dada su proliferación.

De esos programas podemos derivar lecciones útiles.

Por ejemplo, se me ocurre pensar en la posibilidad de que el mismo tratamiento se le dé a las noticias que no son del medio artístico. Me refiero a que puede haber habido un contagio de estilos en muchos medios noticiosos para dar ese mismo trato escandaloso a los sucesos políticos, económicos y sociales.

El efecto de ese contagio sería el de privilegiar lo irrelevante sobre lo trascendental. Doy un ejemplo.

En un programa de escándalo artístico sería sencillo imaginar que se hable del último compañero de cama de una artista de teatro, pero sería en extremo difícil pensar que se hablara de la última interpretación que esa misma artista hizo de una obra de Shakespeare (en el supuesto que pudiera hacerlo).

Pues igualmente en los medios será más común tratar sobre algún escándalo como la corrupción verde que tener datos sobre la terrible situación de las pensiones laborales del gobierno.

Para hablar de camas no se requiere preparación, pero se necesita saber de literatura para hablar de Shakespeare. Igualmente, no se necesita saber de economía ni de números para hablar del niño verde, pero sí se requiere para escribir sobre la situación de PEMEX.

El efecto neto de esto es el descuido de lo importante y la atención a lo trivial, lo que a la corta produce una gran diversión y a la larga una gran crisis.

Pero la cosa va bastante más allá. Ante la innegable realidad de un sistema legal y judicial que da lástima, los castigos, las penas y los juicios son sustituidos por el escándalo temporal, por la vergüenza momentánea de pasar por una situación penosa en público y nada más.

No hay castigos a culpables, sólo griterío y una batahola de reprobaciones públicas que van desapareciendo para ocuparse del siguiente escándalo. Desde luego, no hay juicios legales y quienes pueden ser responsables desarrollan un escudo protector contra la opinión: simplemente tienen que aguantar una tempestad pública que dura algunas semanas cuando mucho.

Igual que la celebridad artística que soporta un escándalo personal, el personaje público que es sujeto de una revelación negativa, soluciona su problema dejando pasar el tiempo, esperando que las aguas se calmen y emerja la noticia que los sustituya de los titulares.

Pero la cosa no para allí porque se da otra sustitución grave, la ley reemplaza a la ética y a la vergüenza personal. Por escandalosa e inmoral que sea la conducta del político, éste se aferra a su puesto (que es su modus vivendi) y exige la aplicación de un sistema legal que no funciona sabiendo de antemano que no será declarado culpable.

La posibilidad de reconocer fallas y faltas, de tener vergüenza, de ser honestos por iniciativa personal, no pasa por sus mentes. Seguirán siendo líderes sindicales, jefes de campaña, cabezas de partidos políticos, haciendo caso omiso de lo que se llama sentido común, honestidad personal y amor propio.

Cualquier persona con un mínimo de decencia, por ejemplo, habría renunciado a su puesto con muchos de los escándalos políticos revelados, por ejemplo Pemexgate.

El efecto neto de esta situación es una buena proporción de personajes políticos involucrados en actividades cuestionables, sospechosos de hacer cosas indebidas, sin haber pasado por un proceso legal, tan solo por un escándalo público de dimensiones variables.

La proporción de personas de ese tipo, por tanto, resulta elevada, lo que tiene a su vez una consecuencia sencilla de prever: un gobierno manejado por un número elevado de personas sin amor propio, sin decencia, ni sentido de ética personal y bajo sospecha de deshonestidad.

La falla de fondo es, desde luego, la falta de un sistema de aplicación de justicia que anule de cierta manera la insolencia y la desfachatez de algunos gobernantes.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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