Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Política y Moral
Eduardo García Gaspar
20 diciembre 2005
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay dos fuerzas que oscurecen las cuestiones políticas, tan llenas en sí mismas de complejidad y rebuscamientos. Tantos que nos solemos perder en el laberinto de las preferencias personales por los candidatos individuales, ignorando el fondo de las cuestiones.

Esas dos fuerzas son la secularización y una interpretación de Maquiavelo. La secularización es la separación entre religión y estado llevada al extremo de hacer desaparecer a la religión para quedarnos solamente con el estado, volviéndolo necesariamente otra religión que llena el vacío dejado.

La interpretación de Maquiavelo es la que lo entiende como proponente de que existen dos morales, la del ciudadano normal y la del gobernante, siendo la de este último una dirigida a la consecución y mantenimiento del poder por medios prohibidos al ciudadano. El gran tema de lo anterior es la relación entre moral y política. ¿Están en realidad separadas, o lo contrario?

Aunque existen argumentos convincentes para las dos posiciones, me parece que ganan los razonamientos que unen a la política y a la moral bajo el principio de que todo acto humano es un acto moral, incluyendo a los actos políticos.

Separarlos lleva a errores y hace del poder político uno que no tiene frenos, que es exactamente opuesto a la dignidad humana. Toda acción política es, por tanto, una acción moral y debe regirse bajo los mismos principios.

No son los gobernantes excepción a las normas que guían al resto de los humanos, pues sería equivalente a afirmar que hay diferencias esenciales entre las personas. Las acciones políticas son sujetos de juicio moral, de revisión ética y por esto son admisibles y bienvenidas las intervenciones de las religiones en las acciones de la autoridad. No se trata de unir el poder político al religioso, pero si de emitir juicios morales.

Y es que el poder que tiene un gobierno sobre las personas que forman a la sociedad es un instrumento de trabajo. Con él pueden lograrse grandes y loables objetivos, pero también terribles efectos pueden tenerse. Recuérdese lo reprobable de los gobiernos de Hitler, Stalin, Pol Pot y otros más.

Si la moral se retira, el poder de la autoridad se desboca convirtiéndose en tiranía. La moral actúa de esta manera igual que la separación de poderes, limitando el poder gubernamental que por naturaleza tiende a crecer. Lo anterior nos lleva a la razón de ser de la autoridad gubernamental. ¿Qué es eso que la legitima y justifica? No creo que haya una respuesta más allá que la de ser una herramienta. No es un fin en sí mismo.

Es un instrumento para el bien de las personas que viven en sociedad, para hacer posibles las condiciones que a las personas facilite el logro de sus objetivos individuales. Por esto es que son reprobables las dictaduras y las tiranías, porque se imponen sobre la persona evitando que ellas ejerzan su libertad.

Igualmente, por esto son reprobables los sistemas de poder concentrado que fuerzan a las personas a aceptar la felicidad que los gobernantes definen, no la que la persona quiere.

El centro de la discusión al respecto es la limitación del poder gubernamental, que es el corazón de la democracia. Se acostumbra entenderla como un sistema de separación de poderes. Pues bien, lo que he hecho es eso mismo, pero a otro nivel.

Sí, hay que tener un ejecutivo, un legislativo y un judicial; hay que tener elecciones periódicas; y hay que tener un federalismo.

Pero también hay que tener una moral independiente, fuera del dominio gubernamental, capaz de ponerle frenos a sus acciones por medio de juicios éticos. En buena parte así es como debe entenderse la separación entre religión y estado, como un mecanismo de limitación del poder.

Tan temible puede ser una jerarquía religiosa convertida en gobierno, como un gobierno convertido en religión. Es por estas consideraciones que esas dos fuerzas, la secularización y una interpretación de Maquiavelo, son peligrosas.

Ambas tienen un efecto claro: aumentan el poder del gobierno, tanto que lo convierten en un peligro para la persona. Sin moral independiente, sin religión separada del poder, corremos el riesgo de formar dictaduras y tiranías de apariencia legítima.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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