Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Casi 25 Años
Eduardo García Gaspar
20 diciembre 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El inicio de la aventura fue en 1982, poco antes de la mayor crisis del populismo mexicano. Tiempo atrás había comenzado mi carrera profesional, en 1970, encontrándome cara a cara con los primeros resultados del populismo, la atonía del 72, hecho que me atrajo a las cuestiones económicas y políticas.

Lo que trataba de explicarme era eso que hacía posible que se manejara tan mal un gobierno. Por todos lados había adelantos y avances, pero no en las cuestiones gubernamentales, donde daba la impresión que se seguía en la misma situación de siglos atrás. Comencé a leer sobre esas cuestiones y sin quererlo, preparé a mi inicio como columnista lo que fue accidental totalmente.

Las primeras columnas publicadas fueron como un chorro de agua fría en mi mente y me hicieron dudar de mis capacidades, no tanto de escribir, como de explicar causas de realidades. Decidí acelerar el ritmo de lecturas y ampliar su horizonte. Fue así que ahora después de mis casi 25 años de columnista, he podido leer una buena cantidad de obras que espero hagan mejores mis opiniones.

Otra cosa que me movió el suelo en el que estaba parado, fue que al ver mis primeras columnas entendí que debía desarrollar creencias que las guiaran. Y lo que decidí fue sencillo en palabras, ir detrás de la verdad, definida como la expresión de las opiniones más razonables posibles basadas en un valor central, la libertad humana. Fácil de decir, muy complejo de realizar.

Cada columna era, casi siempre, un paso en el desarrollo de opiniones que yo creía eran mejores si es que ellas explicaban más la realidad. Porque de eso se trataba al fin, de evitar los juicios escasamente fundados y propiciar los más sólidos posibles. Era la búsqueda de la verdad y requería trabajo, pero sobre todo, aceptar críticas razonables y, lo peor, soportar comentarios infundados e incluso insultantes.

Algunos del PAN me han acusado de favorecer al PRI y estos de ayudar a aquellos, en esos tiempos en los que esas eran las dos opciones políticas principales. En la actualidad, partidarios del PRD me acusan de ayudar al PRI y al PAN. Otros han asegurado que me vendo al mejor postor, que defiendo los intereses empresariales. En fin, de todo he tenido en estos años y ello fue resumido en una plática con unos amigos cuando salió el tema político.

Una persona me preguntó directamente, “¿qué eres tú, panista, pro Israel, pro EEUU, qué?” Mi respuesta fue inmediata, “soy pro verdad”. Sonaría soberbio si no aclarara que  entiendo que las limitaciones humanas son grandes y a todo lo que podemos aspirar es a movernos en la dirección de la verdad, reconociendo que jamás la alcanzaremos en esta vida. Mis columnas son intentos en esa dirección y, por definición, contienen errores e inexactitudes.

Con el tiempo, varios cientos de columnas y de libros, mis ideas siguen siendo pulidas. El aprendizaje nunca termina. Y en esto agradezco mucho los intercambios de opiniones con los lectores razonables, especialmente con aquellos que no están de acuerdo conmigo. Fue así que poco a poco reafirmé mis creencias fuertes en la libertad humana y su correspondiente responsabilidad personal. Necesariamente, por tanto, soy un liberal, eso que para algunos es tan odioso y para otros tan apreciado.

Liberal, con quizá alguna dosis de conservadurismo en el sentido de maravillarse por la creación espontánea de instituciones sociales no planeadas intencionalmente, lo que me hace desconfiar de todo intento de planeación gubernamental y aún más de personas que se sienten iluminadas capaces de salvar a los pueblos. Ninguna persona tiene tal capacidad. Ninguna.

¿De izquierda o de derecha? Me niego a ser encerrado en esa dicotomía tan simplista que cada quien usa como le da la gana. Liberal sí, en el sentido viejo y tradicional, de esos que se maravillan de lo que son capaces los seres humanos cuando son dejados en libertad responsable.

De esos que prefieren la amabilidad a la vulgaridad, la civilización al salvajismo, el orden al caos y las instituciones a las personas. De esos que entienden que la moral se desarrolla en el interior de las personas y que piensan que lo peor que le puede pasar a un país es caer en manos de quien tiene como código moral la asunción al poder.

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POST SCRIPTUM

• Escribir esto me hizo calcular el número de columnas escritas en esos casi 25 años. Creo que son más de 2,000. Da lo mismo al final y fue sólo una curiosidad mía. Los libros leídos son otra historia. Mi biblioteca de temas usados en columnas es pequeña, de unos 500 libros, todos leídos y anotados la mayoría. Da lo mismo también, lo que importa es tener columnas razonables, razonadas, que explican algo, que revelan algo, que ven las cosas de otra manera y que son fáciles de leer.


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