Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Secreto de la Decisión Propia
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2007
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El liberalismo y quienes somos sus partidarios tenemos un problema. Cierto, apoyamos a las libertades humanas: de creencia, religión, expresión, de trabajo y negocios, de política. Queremos gobiernos limitados y enfocados a mantener el estado de derecho, con escasos impuestos. Queremos en fin la libertad para todos.

La queremos porque suponemos que todos tenemos capacidad de razón y que podemos tomar decisiones responsables. Por eso rechazamos al estado de bienestar, el que quiere cuidarnos de la cuna hasta la tumba, obligándonos a hacer lo que el gobierno decrete. En fin, creemos en la libertad como el derecho fundamental.

Cierto, también sabemos que la libertad es un instrumento congruente con el progreso. La libertad produce riqueza y mejores estándares de vida: no hay país rico que no haya logrado esa posición mediante buenas dosis de libertad. Excepto por un problema todo es favorable a la libertad.

Ese problema no es menor y nos lleva a tener que responder en lo personal el qué hago ahora que soy libre o cuando lo sea. Lo puedo responder de una manera lógica si digo que al ser libre no puedo afectar la libertad de los demás, que debe ser la misma que la mía. Esta es la paradoja de la libertad: no puedo ser totalmente libre; tengo que limitar mi libertad para que los demás la tengan también.

Mi libertad, por ejemplo, no puede legitimar el que yo haga esclavos de los demás, ni les robe o asesine. Es decir, la libertad necesita reglas que la limiten de manera que el resto sea igualmente libre. Una vez aceptado esto, aún queda la pregunta. ¿Y ahora qué hago con esa libertad que respeta la de los demás?

Puedo dar rienda suelta a mis instintos y pasiones. Dejarme llevar por el deseo de no trabajar, el de beber hasta caerme, el de abandonar a la esposa… lo que usted imagine. ¿Es eso libertad? Sí de cierta manera, pero hay algo interno que nos dice que eso no es debido, que está mal. Puedo dedicarme al consumo de droga, o al crimen, pero resulta tonto defender la libertad para justificar sólo esas acciones.

La libertad puede producir acciones negativas, pero claramente no se defiende por esa razón. Una respuesta posible es la de defender a la libertad siempre que ella vaya acompañada de la responsabilidad: soportar las consecuencias de mis propios actos, lo que ya es un buen sistema de control propio. Estamos ya en el terreno de las normas que regulan a la libertad, las que nos dicen que si bien todo puedo hacer no todo debo hacer. El problema ahora se convierte en uno muy específico.

Es el problema de quién establece las reglas de lo que no debo hacer y de lo que es meritorio hacer. Unas pocas de esas reglas son las leyes emitidas por el gobierno, pero ellas a su vez están basadas en supuestos como la libertad, la igualdad, la dignidad de la persona. ¿Quién hace esos supuestos? La respuesta es vital.

Esos supuestos pueden venir de tradiciones culturales de siglos que muestran que es mejor el castigar el robo que permitirlo, o que el incesto es malo, o lo que usted quiera. Estas tradiciones tienen gran peso y no pueden hacerse de lado sin consecuencias serias. Pero esos supuestos también pueden venir de las religiones y sus mandatos.

Mi punto es ahora claro: la libertad necesita reglas y esas reglas vienen de la tradición y de las religiones, más que de otra fuente. Eso quiere decir que para que la libertad sobreviva y florezca necesita hacer caso de reglas y prácticas que vienen de tiempo atrás y de creencias religiosas.

Y eso me manda a una conclusión de actualidad: todo nuestro amor por la libertad carece de sentido si no incorpora reglas que establecen lo malo y lo bueno. La mejor manera de matar a la libertad es la menos notoria, la de hacer ver a la libertad como un derecho sin limitaciones que consiste en seguir los instintos personales.

Puesto de otra manera, la libertad real es hacer eso que debe hacerse y evitar lo que no debe hacerse. Y actuar así por decisión personal. Me parece que en muchos casos actualmente hacemos lo opuesto y creemos que la libertad es tan tonta como el hacer válido y respetable que las personas hagan todo lo que les venga en gana.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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