Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Corrupción Por Pavimentación
Eduardo García Gaspar
7 octubre 2008
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Se sabe que existe. Se sabe que puede llegar a ser enorme. Se sabe que sucede en democracias y dictaduras, en regímenes socialistas y liberales. Y se sabe que desafortunadamente es muy difícil de medir y probar. Hablo de la corrupción.

Hace muchos años, hablando de lo mismo, se nos ocurrió a un par de amigos y a mí que podía haber medidas indirectas pero convincentes de corrupción. Una de ellas tenía la ventaja de poder ser percibida por los ciudadanos a diario: la calidad de la pavimentación de las calles de una ciudad. A menor calidad, mayor corrupción.

El mecanismo era sencillo. Debía conocerse el gasto de pavimentación de una avenida, por ejemplo, y medir la calidad de los materiales empleados para saber su costo. La diferencia sería un indicador de corrupción, el dinero a dividirse entre los contratistas y gobernantes. El asunto tuvo recientemente una aplicación potencial.

Después de lluvias torrenciales en Monterrey, México, el pavimento de muchas calles sufrió daños severos que indicaban mala calidad de materiales y trabajo. Habría sido posible estudiar los materiales, calcular sus costos y compararlos contra lo pagado a los contratistas. Desde luego, no se está haciendo esto, que era lo más obvio. El problema se trata de remediar por el peor de los caminos.

Los gobernantes propusieron hacer una Ley de Pavimentos (créamelo) y que regule las obras de ese tipo, es decir, más leyes y reglamentaciones, más complejidad, obras más caras y ninguna garantía de que el problema se resuelva. Puedo imaginar el cabildeo de alguna empresa para hacer que la ley obligue el uso de los materiales que ella produce. Nada nuevo.

La construcción de caminos, carreteras y otras obras de infraestructura se prestan admirablemente a la corrupción: se factura de más, se usa material de baja calidad, y la diferencia se reparte entre los corruptos. ¿Podría medirse esto? Hay un estudio que lo intentó.

Según se reporta en Foreign Policy, un estudio de Ben Olke del MIT, midió la corrupción en un proyecto de obra pública en Indonesia. El Banco Mundial dio 9 mil dólares a cada uno de 600 poblados para la construcción de caminos. Lo que Olke haría una vez terminada esa construcción sería medir la calidad de los materiales, pero lo hizo con un giro especial.

Del total de 600 poblados, a unos de ellos se les avisó que una vez terminada la obra, ella sería examinada revisando los gastos. A otros poblados se les pidió que sostuvieran reuniones con los habitantes, los que vigilarían también el proyecto. A otros poblados sencillamente no se les dijo nada. ¿Dónde hubo más corrupción?

Sí, donde uno se imaginaba, en las aldeas en las que no se dieron avisos de supervisión ni auditoría. Allí la corrupción medida fue en promedio de 30%, la diferencia entre los 9 mil dólares dados y el costo calculado real del camino. En las aldeas en las que habría reuniones con los ciudadanos, la corrupción fue un poco menor.  Y, desde luego, en las que se dijo que se revisaría el camino, la corrupción fue  aún menor pero no inexistente, de menos del 20%.

No son resultados aplicables universalmente, pero sí son evidencias que inspiran algunas ideas. Primero, la corrupción existió en todos los casos y quizá esto pueda explicarse como parte de la naturaleza del gasto público: gastar dinero recibido sin esfuerzo en obras para terceros. Obviamente, esta situación estimula la oportunidad de aprovechamiento personal.

Segundo, la involucración de los ciudadanos tiene poco efecto en el monto robado, pero sí tiene buen efecto el mecanismo de supervisión externa a los contratistas. Esta supervisión no anula a la corrupción pero la disminuye significativamente. Sobre esta base es posible hacer cálculos estimados del costo de la corrupción en cualquier país.

Tomemos a México. El presupuesto federal del gobierno para 2009 es de unos 270,000 millones de dólares, según fue reportado hace unas semanas. Digamos que la mitad de esa cantidad está dedicada a usos preestablecidos con poca o ninguna probabilidad de corrupción, lo que deja libres a 135,000 millones de dólares. Si de eso, el 30 por ciento se dedica a corrupción, tenemos una cifra de unos 40,000 millones de dólares. 400 dólares per cápita.

Es una real fortuna a repartirse entre gobernantes y sus cómplices. Digamos que exagero, que es la mitad de eso. Aún así, la cifra sería impresionante y no tiene en cuenta otro factor, el del uso descuidado de recursos por falta de incentivos personales del gobernante. El desperdicio de recursos es impresionante y sería causa principal de pobreza. No son cuestiones ideológicas, sino de práctica diaria y tentaciones humanas.

Post Scriptum

El presupuesto mexicano fue tomado de NewsOK.com:

MEXICO (AP) Tue September 9, 2008 — El gobierno federal entregó el lunes al Congreso su proyecto de presupuesto para el 2009… El ejecutivo propuso un presupuesto por 2,82 billones de pesos (unos 270.000 millones de dólares)…

El estudio fue citado en How Economics Can Defeat Corruption, de Raymond Fisman y Edward Miguel, Foreign Policy, sep-oct, 2008.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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