Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Incertidumbre a Riesgo
Eduardo García Gaspar
2 octubre 2008
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Las crisis económicas como la actual en los EEUU son una buena muestra de algo mayor que debe considerarse. Me refiero al riesgo, la posibilidad de que algo indeseable suceda. Con tal definición es fácil aceptar que nuestras vidas siempre tienen riesgos, desde un huracán hasta la llegada al poder de un dictador.

El común denominador de los riesgos es el desconocimiento de algo y es bien explicado en eso de saber que algo no se sabe. Por ejemplo, si se vive en las costas de México, se sabe que hay riesgo de huracanes, pero lo que no se sabe es cuándo en realidad llegará uno a qué lugar en qué fecha y con qué intensidad. Es un problema de desconocimiento conocido.

Pero hay otro tipo de riesgo y que suele ser llamado incertidumbre. Una incertidumbre clara es una en la que no se sabe el riesgo que se corre. Es decir, el desconocimiento es doble: no se sabe que no se sabe. Se tiene el riesgo, pero se desconoce que se está corriendo. O si no se desconoce, sencillamente se descuida o ignora: deja de considerarse.

Los riesgos, desde luego, pueden ser naturales, como los de tormentas, huracanes, sequías, terremotos y demás, en los que la intervención humana está ausente. Pero también, hay riesgos producidos por la intervención humana, como las guerras y otras consecuencias de acciones de personas.

Es mi experiencia que en lo general, los riesgos conocidos tienden a ser los naturales: se sabe que se tienen y son reconocidos, aunque algunas veces olvidados. Y las incertidumbres suelen ser más bien de tipo humano: no se sabe que se tienen, o la mayoría de las veces se olvidan. ¿Dónde radican los orígenes de la mayoría de las incertidumbres?

Contestar la pregunta es importante porque daría pie a la posibilidad de aminorar las incertidumbres y volverlas riesgos conocidos, que son más manejables. El punto central es buscar la mayor estabilidad posible, porque ella es una causa de mejor vida para todos. Haber sabido el incremento del riesgo de quiebras bancarias, habría hecho menos grave la situación actual.

El origen más probable de una incertidumbre se localiza en las entidades con mayor poder. Tanto es así que puede establecerse una regla: las situaciones indeseables que alguien puede crear son una función del poder que la persona detenta. El ejemplo más claro es el de una guerra, que puede sólo iniciarse entre dos o más naciones, como consecuencia de decisiones de sus gobernantes.

Pero el ejemplo más común es el de gobiernos de poder concentrado, en los que la voluntad del gobernante tiene poder para crear incertidumbres enormes. Los gobernados desconocen los riesgos bajo los que viven. Puede ser que se decreten expropiaciones, prisión para disidentes, y muchas otras medidas imposibles de prever.

Mi punto es obvio: los gobiernos son los mayores creadores de incertidumbres en lo general y los gobiernos de poderes concentrados, como ahora el de Correa en Ecuador, son aún más grandes. La solución dada a este problema es la de dividir el poder, lo que reduce las incertidumbres a niveles más tolerables, pero no las cancela.

Aún así, existe gran poder en los gobiernos. Chávez en Venezuela puede hacer lo que quiera y, por eso, las incertidumbres allí son muy altas. En Francia, Sarkozy tiene poderes mucho mas limitados y por eso las incertidumbres son menores que en Venezuela. A la larga, se vivirá mejor donde las incertidumbres sean menores, donde la moneda sea más estable, donde pueda invertirse de largo plazo y demás.

Y ahora llego a mi punto central. Me parece que estamos bajo incertidumbres que debemos reconocer como riesgos conocidos. Me refiero los que representan gobiernos de poderes concentrados: Rusia, Irán, Venezuela, China, Ecuador y otros. En tiempos de la Guerra Fría, el riesgo de confrontación era conocido y abierto, pero ahora con otro mundo, la situación es de incertidumbre: no considerar que algunos países son riesgos claros para el resto.

Es dar el paso más difícil, el de pasar del desconocimiento del riesgo a su reconocimiento claro. La dificultad viene del no deseo de ser alarmista y ser visto como un aventurado sin sentido. Alarmista es el que avisa que las compuertas de Nueva Orleáns son débiles, previsor es el que después de la inundación hubiera avisado antes eso mismo


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