Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sindicatos, Centros Del Universo
Eduardo García Gaspar
27 junio 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Imagine usted una situación. Usted está comprando una casa. Ya seleccionó la que usted quiere y desea hacer una oferta al vendedor. Pero el vendedor lo recibe a usted de una manera que no esperaba. Por principio de cuentas le dice a usted que no hay negociación posible.

Más aún, le dice a usted que ninguno de los otros propietarios de casas siquiera escuchará su oferta. Todos se han puesto de acuerdo. O es esa casa a ese precio, o nada. Desde luego, usted se indigna y dice que acudirá con las autoridades para impedir ese abuso. El propietario de la casa responde diciendo que la autoridad está de su lado, la policía y los tribunales también. Nada hay que pueda hacerse.

O esa casa a ese precio, o ninguna otra. Ahora usted dice que puede ir a otros lugares, quizá algo más alejados para comprar una casa, pero comprende que eso le causaría trastornos. El propietario dice que eso no importa, que él está asociado con el resto de los propietarios de casas también en otras partes y que todos se comportarían igual que él.

Ya exaltado, ante tales injusticias, usted da por terminado el trato. Ya no quiere la casa. Pero el propietario contesta que la venta es obligatoria, que usted debe comprar esa casa lo quiera o no, al precio que él le dice. En caso de no hacerlo, él y otros amigos irán a la casa actual de usted y la rodearán impidiendo que la gente entre o salga. Eso harán hasta que usted decida comprar la nueva casa.

Y, más aún, todo este proceso de negociación ya comienza a ser reportado por los medios noticiosos. Uno de los reporteros ha narrado cómo “una persona egoísta y sin conciencia social se ha negado a aceptar las peticiones legítimas del sector social.”

Todos estas ventajas del vendedor de la casa son por supuesto absurdas. No es posible pensar que eso pueda sufrirse en la venta de casas, o de automóviles, o de cualquier otro bien. Lo curioso es que esas desigualdades enormes entre las partes son perfectamente aceptadas cuando se trata de negociaciones de salarios entre sindicatos y empresas.

Es realmente notable que lo que le está prohibido hacer a unos, le está permitido a otros. Y, más aún, cuando esa desigualdad está contenida en la misma ley. No puedo imaginarme que, por ejemplo, Coca-Cola tratara a sus compradores de esa manera. Todos caerían sobre esa empresas acusándola de las peores prácticas monopólicas.

Y, sin embargo, todo eso que no podemos hacer el resto de los mortales es válido y legítimo para los sindicatos (también para los monopolios estatales como Pemex). Realmente es una situación única porque además, los sindicatos ha logrado convencer al resto de que todo lo que hacen es de justicia social. Han logrado hacer creer a muchos de ser ellos la única manera de elevar el ingreso de los trabajadores.

Con una patente de corso que les permite extorsionar con autorización legal y rodeados de un aura de santidad, los sindicatos hacen lo esperado, abusar de su poder. En México los casos de abuso sindical son legendarios y casi todos ligados a áreas de intervención económica estatal. Son causas netas de pobreza. Los sindicatos tienen enormes poderes, pero carecen de uno: ellos no pueden elevar el ingreso sostenido de sus agremiados sin dañar a otros. Pueden amenazar con huelgas si no hay aumentos ahora, pero no pueden elevar el ingreso estable de los obreros de un país. No tienen tal poder.

En realidad nadie lo tiene. Ese poder está desparramado por todas partes en las personas. No, tampoco lo tiene el gobierno, por mucho que lo crean los políticos. La única manera posible de elevar los ingresos de las personas es elevando su productividad haciendo que ellas produzcan más con igual o menor esfuerzo. No hay otra manera.

Creer que los aumentos de ingresos los logran los sindicatos en sus negociaciones es posiblemente uno de los más grandes engaños de todos los tiempos. Igual que creer que el gasto gubernamental crea desarrollo. Son fantasías no muy diferentes a las de creer que la tierra es plana o que nuestro planeta es el centro del universo. Los sindicatos, al final de cuentas, son un rotundo éxito de relaciones públicas y un terrible fracaso económico.

Post Scriptum

El ejemplo de la casa que es tratada de comprar fue citado en Woods, Thomas E (2005). THE CHURCH AND THE MARKET : A CATHOLIC DEFENSE OF THE FREE ECONOMY. Lanham, Md. Lexington Books. y es original de Edward H. Chamberlain, The Economic Analysis of Labor Union Power, 1958.


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