Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Aliado Ignorado
Eduardo García Gaspar
19 agosto 2008
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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En las discusiones acerca de la constitución de la Unión Europea, ningún asunto fue mayor al de la omisión de las raíces cristianas del continente, causante de gran revuelo. Creo que es obvio que cualquier historiador afirmaría que efectivamente es cierto: Europa tiene profundas influencias cristianas, lo que quiera ahora reconocer o no.

Y una de esas influencias, de enorme consideración, es la de la libertad humana. Todos somos libres como una creencia central y necesaria para, en términos cristianos, ganar el cielo o perderlo. Aún sin elementos religiosos, la idea está arraigada en lo más profundo de la cultura. La libertad es una condición necesaria para poder tener mérito en las acciones que realizamos. El ateo defiende su libertad de no creer que es una de las opciones que le da el Cristianismo.

Sin libertad no podría elegirse. Sin libertad no tendría sentido la razón. No habría mérito. A esta idea de la libertad como condición del mérito, se le han añadido consecuencias lógicas. Si somos libres para reconocer o no a Dios, debemos serlo también para otras cosas, por ejemplo, usar nuestras habilidades para expresarnos, estudiar, investigar, actuar, emprender.

Los economistas juegan en esto un papel importante. Al menos aquellos que como los austriacos han exaltado tanto la consecuencia lógica de la libertad cristiana, aunque muchos de ellos sean escasamente creyentes. Ellos han sacado una conclusión adicional: los hombres son libres para usar sus habilidades en lo que deseen. Tienen conocimientos y aptitudes que quieren usar.

Recuerda mucho a esa parábola, la de los talentos. Mi punto aquí y que creo que bien vale una segunda opinión es apuntar la coincidencia en ideas en dos muy distintas mentalidades. Por un lado, el Cristianismo nos da una noción del ser humano, semejante a Dios, libre y valioso, que tiene responsabilidades y consecuencias por sus acciones. Y por el otro lado, una serie de ideas que enfatizan la libertad humana para aprovechar los talentos que tiene.

Me parece una coincidencia admirable y digna de ser señalada. El Cristianismo, se ha dicho, es una religión histórica. La Biblia está llena de sucesos y eventos que tienen en común diversas conductas de sus personajes, buenas y malas. Y esto es el mismo principio del que parten muchos economistas, que ven a la persona como un ser capaz de actuar. Uno de los libros clásicos es el de Acción Humana, título que refleja esa mentalidad.

Esa misma raíz es la que esgrimen quienes defienden la libertad de expresión y pensamiento, pues necesariamente piensan que la persona es capaz de pensar y actuar, de tener conocimiento, de manejar información… y que sería incongruente que esas capacidades se desperdiciaran.

La misma libertad se ha llevado a los campos políticos y aplicado en los detalles de los regímenes democráticos, que están fundados en la libertad personal. Es otra admirable coincidencia. En gran parte salió de las ideas judeo-cristianas y es cimiento de ideas políticas y económicas. Esto es lo que me lleva al punto que deseo hacer explícito.

Creo que bien vale una segunda opinión el señalar lo que sucedería si se retira de la vida actual la idea de las raíces cristianas de la civilización, donde eso haya sido cierto, como en Europa y América, por ejemplo: nos quedaríamos sin una defensa sólida de la libertad que cada uno de nosotros poseemos.

Estaríamos en una posición débil con respecto a la fuerza de los gobiernos, los que podrían retirar con facilidad las libertades sin la oposición que las raíces cristianas le significarían. En otras palabras, lo que argumento es que incluso para quienes no son creyentes cristianos, es conveniente defender las raíces cristianas de nuestra civilización. Hacerlo equivale a una defensa fuerte de la libertad.

Sí, es una defensa utilitaria del Cristianismo, lo que me valdrá algún regaño de más de un devoto por trasladar a la religión a un nivel terrenal. No es una defensa de los dogmas cristianos, que es otra cuestión, pero sí es una defensa de las buenas consecuencias, que no suelen verse, de la noción cristiana de la persona como un ser libre. Si el ateo quiere defender su derecho a no creer, estará muy interesado en mantener esa libertad, la que podrá ser defendida mejor si existe religión que si no existe.

Sin la defensa religiosa de la libertad, el poder moral se pondría a la deriva. Estaríamos a merced de lo que los más fuertes decretaran y los más fuertes serían los gobiernos. El Vaticano cambiaría de sede a las oficinas del presidente en turno.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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