Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Ley Injusta Tiene Utilidad
Eduardo García Gaspar
1 septiembre 2010
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Existe un punto, en extremo sutil, que debe ser puesto sobre la mesa, cuando se habla de leyes. Para muchos, las leyes son simples reglas de juego de una sociedad: normas que deben ser respetadas por los ciudadanos. No suena mal, al menos en la superficie. El punto es que hay mucho más que eso en una ley.

En un juego de ajedrez existen también reglas. Las figuras pueden moverse de acuerdo con esas reglas y no de otra manera. Si las leyes son entendidas como reglas de ajedrez, todo lo que se pretende es que ellas sean seguidas por la gente y nada más. Por supuesto, el que la gente respete esas reglas ayuda algo a vivir mejor.

Pero no puede ser eso todo. Debe considerarse otro elemento adicional al orden que provee la ley como simple regla de juego. Ese elemento puede ser llamado en general “lo bueno” y definido como lo congruente con la naturaleza humana. Dicho de otra manera, la ley debe considerar una meta que es la de lo bueno para el ser humano. Sí la ley es una regla, pero también está orientada por lo que se considera bueno.

Todo esto suena demasiado abstracto e inútil. No lo es. En verdad que no lo es.

Digamos que la ley, entendida sólo como una regla de convivencia, promueve la tolerancia. Así, nada más, esa ley no tiene sentido aunque tenga una apariencia atractiva y en estos tiempos de televisión, se vea políticamente correcta. Sería absurdo que la ley pidiera tolerar todo, sea lo que sea. Necesariamente hay límites sobre lo que debe ser tolerado.

Por ejemplo, bajo una ley que exalta a la tolerancia como máximo valor, tendría que aceptarse la práctica del infanticidio, el que podría defenderse como una creencia religiosa o una costumbre dentro de un sistema multicultural que debe ser tolerado. Es claro que todos nos rebelaríamos frente a esta posibilidad.

Protestaríamos porque, adicional a la tolerancia, tenemos un valor superior, el de la vida humana. La vida humana, a la que consideramos buena, es superior a la tolerancia y, por eso, existen leyes que son más que reglas y buscan evitar y castigar a quienes atentan contra la vida humana. Por mucha tolerancia que se pida, ella no podrá condonar a los asesinatos.

Las leyes que prohiben el asesinato son reglas de convivencia, pero no sólo eso, son normas que persiguen un bien: ese respeto a la vida humana. Si sólo existieran reglas de convivencia, sin consideración de lo que es bueno, podría existir una ley que obligara a matar a todas las personas por arriba de cierta edad, o con incapacidades. Una regla así sería eso, una ley como la de mover una figura de ajedrez de cierta manera.

Mi punto es que tener leyes sin bases de lo que es bueno para la persona es una visión reducida: las personas seríamos figuras de ajedrez que deben moverse de cierta manera sin otra razón que la de que ésa es la regla para todos. Una ley humana tiene que ir más allá y considerar el bien de la persona.

Por muy multiétnica, pluricultural, diversa y tolerante que quiera ser una sociedad, es obvio que a eso debe añadir limitaciones claras sustentadas en valores mayores, que son los humanos. Sería ridículo permitir el robo por razones de pluralidad cultural. El no permitirlo se basa en una idea de lo bueno y lo malo para el ser humano en sí mismo.

Igualmente ridículo sería aceptar en esa sociedad a miembros de una cultura para quienes los que no pertenecen a su religión o cultura deben ser conquistados y sometidos. Por mucha diversidad que se predique, ella puede aniquilarse si no considera valores superiores. Y esos valores superiores son los que salen de la naturaleza humana.

Mi temor, en otras palabras, es la popularidad que tiene la noción de que las leyes son simples reglas que todos deben seguir sin necesidad de que ellas tengan un fundamento superior basado en nuestra naturaleza. Sigue sonando a ser una idea inútil, aunque no lo sea.

Piense usted en esta posibilidad. Si las leyes se consideran como simples reglas de juego de una sociedad, toda ley resultaría válida y legítima. Toda, ordene lo que ordene, bueno y malo. Si esto se hace, aunque sea por medios democráticos, los gobiernos serían de poder ilimitado. Podrían hacer lo que les venga en gana.

Pero si se acepta que por encima de la ley existen valores superiores que las leyes deben respetar, las cosas cambian radicalmente. Los gobiernos limitarían su poder y tendría cabida uno de los conceptos más poderosos que existen contra el abuso del poder: la idea de una ley injusta, es decir, que va contra la naturaleza humana.

Sí, las leyes injustas son muy útiles. Ellas permiten reconocer que las leyes van mucho más allá de ser reglas de convivencia.

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