Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pensamientos de Navidad
Eduardo García Gaspar
23 diciembre 2010
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos los años, las celebraciones de esta época me hacen recordar una parte de un libro.

Me refiero a Las Confesiones, escrito por San Agustín.

El fondo del asunto es uno de sus párrafos, el que dice lo siguiente.

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”.

San Agustín habla de Dios. Continúa el párrafo:

“Reteníanme lejos de ti aquellas cosas, que si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste y deseé con ansia la paz que procede de ti.”

Las palabras expresan una idea que es maravillosa: allí está un ser humano como muchos otros, inquieto e intranquilo. Es obvio que busca algo, algo que sea importante. Y lo encuentra tiempo después, no fuera, en las cosas de la vida, sino dentro de él mismo.

Quizá la pieza clave de todo sea ese tiempo gastado en buscar.

Hubiera sido un breve tiempo, pero no lo fue. Lo distrajeron otras cosas, las que veía a su alrededor. Cosas que no eran el objeto buscado.

El sentimiento me parece universal. Es esa sensación de agitación y turbación, algo desasosegado que nos hace sentir incompletos, especialmente en esta época del año.

Hay regalos, fiestas, comidas, brindis, luces en las casas, adornos en las tiendas. Vamos a cenas, bailes, nos reunimos con familiares, nos mandamos tarjetas. La actividad es continua. No se detiene. Son esas distracciones, esas cosas de la vida las que nos retienen fuera de nosotros mismos.

No son malas en sí mismas, quizá sean lo contrario. Son parte de nuestra naturaleza, pero cuando ellas son el todo es que realmente son nada. No bastan. No son suficientes. No llenan.

Hay mucho más allá que eso sólo. Son las cosas que retienen a uno lejos de lo importante, de eso que realmente satisface.

Ninguna época del año resulta mejor que ésta para hacer tiempo dedicado a nosotros solos. Es el darle una oportunidad a ver lo que está dentro de nuestra persona. De seguro nos sorprenderá y lo hallaremos como realmente importante.

Quizá terminaremos pensando eso de San Agustín, “Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”.

Las personas que no son religiosas pueden ver esto como un ejercicio en meditación personal. Como un algo que debemos hacer para guiar su vida. No está mal hacerlo, al contrario.

Está en la misma naturaleza humana esa necesidad de buscar tiempos de reposo y sosiego, alejados de lo que agita y turba, de lo que distrae.

Por otro lado, las personas religiosas entenderán esto como un tiempo dedicado a Dios. Dedicado a dejarle hablar con nosotros. Si él siempre está con nosotros, no necesariamente nosotros estamos con él.

Demasiadas cosas nos distraen de lo realmente importante y nos equivocamos con frecuencia, creyendo encontrar satisfacción en lo que sólo hartazgo produce.

Como hace algunos años, uso de nuevo esas palabras de San Agustín, con la mera idea de desearle a usted una Feliz Navidad.

Pero ahora añado un elemento distinto, la definición de eso que connota felicidad en esta época. No es que reciba muchos regalos, tampoco es que dé muchos obsequios, ni que tenga una agenda llena de festejos.

Por supuesto, le deseo todas esas cosas, pero sobre todo, lo que con más ansia quiero desearle es que usted tenga tiempo para usted mismo. Que tenga silencio anterior, que se dé a sí mismo la felicidad que dan los instantes de reposo, de calma y sosiego, tan intensos como para dejar escuchar lo que tenemos dentro.

Es esa idea de “tú estabas dentro de mí y yo afuera”.

Es el mejor regalo que usted puede darse a sí mismo en esta época. Sí, no está mal consentirse y tal vez, como yo, tomar unas copas de buen vino y unos bocados de quesos fuera de serie. Son cosas de nuestra vida, pero también lo es algo más y que resulta más importante.

Le deseo que usted tenga tiempo para usted mismo.

Momentos de quietud. Instantes de calma. Tiempos de silencio. Todo para tener la ocasión que se necesita para meditar sobre esas palabras, “tú estabas dentro de mí y yo afuera”.

Post Scriptum

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