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China, Vacíos Morales
Selección de ContraPeso.info
18 noviembre 2011
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

El autor es Director of Research del Acton Institute. El título original de la columna es China’s Morally Hollow Economy.

En las últimas semanas, China ha sido consumida por un debate sin precedentes sobre un tema interno que destinado a poner nerviosos a sus gobernantes comunistas.

El asunto es la salud moral de la sociedad china.

La amplia discusión china, de este muy políticamente incorrecto tema, fue provocado por la muerte de una niña de dos años, el 21 de octubre, en la ciudad de Foshan, provincia de Guangdong. Murió debido a lesiones internas tras ser atropellada no una sino dos veces en un mercado de la localidad.

Los accidentes suceden. Pero lo que hizo que la muerte de la pequeña Wang Yue fuese un tema de discusión pública intensa, fue el hecho de que una veintena de personas sencillamente caminó a su lado ignorando su estado mientras permanecía sangrando en la calle.

Lo que se preguntan cientos de sitios de Internet chinos e incluso los medios estatales es lo que eso dice de la sociedad china. ¿Han los chinos perdido todo sentido de preocupación por los demás en medio de la lucha por la riqueza desatada por la larga marcha de su país alejándose del colectivismo económico?

Un funcionario local resumió la pesadumbre general al afirmar: “Debemos examinar la fealdad en nosotros mismos con la daga de la conciencia y aceptar lo desagradable de nuestras almas (bite the soul-searching bullet)”.

El problema, desde la perspectiva de las elites del partido-gobierno-ejército de China es que ese examen crítico de creencias pueda llevar a números crecientes de chinos a concluir que las circunstancias que rodearon la muerte de Wang Yue son sintomáticas de problemas morales más profundos en China, algunos de los cuales puedan impedir fuertemente su desarrollo económico.

Ese reto es la corrupción generalizada.

Por definición, la corrupción no se presta con facilidad a ser estudiada en detalle. Sus autores están raramente interesados en que alguien estudie sus acciones. Sin embargo, pocos cuestionan que existe una alta correlación entre corrupción y la intervención amplia y directa del gobierno en la economía.

Cuantas más regulaciones y sociedades “gobierno-empresa” se tengan —y China tiene millones de las primeras y miles de las segundas—, mayores serán las oportunidades para las jerarquías gubernamentales para sacar su libra de carne como el precio de hacer negocios.

En 2007, por ejemplo, un estudio de China de la Carnegie Foundation reportó que aproximadamente “10% del gasto gubernamental, contratos y transacciones, se calcula, es usado como comisiones ilegales y sobornos, o sencillamente robado”.

Desde entonces, la situación ha empeorado aún más. A final de 2009, por ejemplo, la agencia anti-corrupción del gobierno chino admitió que 106,000 funcionarios habían ya sido encontrados culpables de corrupción ese año —un aumento del 2.5% con respecto a 2008.

Desde un punto de vista económico, los niveles altos de corrupción son un poderoso desaliento a la inversión extranjera. Y si la corrupción crece en China a niveles suficientes, existe la posibilidad real de que pueda comenzar a anular la atracción que hacen a los bajos costos laborales uno de los mayores imanes para la inversión extranjera en el país.

Los predicamentos éticos que corroen a la economía China van, sin embargo, más allá de la corrupción cotidiana. Tratan también sobre la voluntad del país para decir la verdad sobre lo que realmente sucede en su economía.

Mientras que casi nadie cuestiona que la economía de China está creciendo, hay dudas continuas expresadas sobre la veracidad de sus cifras de crecimiento —lo que incluye a algunos miembros de la elite china.

En 2010, por ejemplo, Wikileaks reveló que el actual vice premier, Li Keqiang, había expresado, en una conversación con el embajador estadounidense, poca confianza en las propias cifras del PIB.

Las causas de esa incertidumbre son varias. Pero una que ha plagado consistentemente a China desde los años 80 ha sido la descarada manipulación y las mentiras acerca de la producción y los números de crecimiento por parte de oficiales locales ansiosos de progreso personal.

¿Por qué importa esto?

Importa porque los negocios locales y extranjeros necesitan datos confiables si es que van a hacer inversiones prudentes. Del otro lado, datos engañosos del PIB ayudan a generar un ciclo de expectativas, de evaluación de riesgos, de inversiones, producción y exportaciones, que se basa en falsedades.

Y si las falsedades son lo suficientemente grandes y sistemáticas, ellas dañarán con severidad la confianza de los negocios y dejarán un legado de desconfianza en China entre los inversionistas extranjeros y en los mercados internacionales.

Muchos miembros de la élite del Partido Comunista Chino —especialmente su grupo más joven— están muy conscientes de estos problemas.

Sus preocupaciones fueron expuestas de una manera sin precedentes en una reunión informal, el 6 de octubre, durante una reunión en el China World Trade Centre, que reunió a los hijos de esos miembros del partido que acabaron con la locura insana asociada hace 35 años del “el grupo de los cuatro”.

En lugar de ser una reunión durante la que se suponía que se harían preparativos para el Congreso del Partido el año siguiente, grupos de jóvenes burócratas, uno después de otro, se levantaron y apalearon la situación de la sociedad china.

Algunos hablaron de la “rápida caída de los estándares morales”. Otros se refirieron a la “corrupción rampante”.

Aún más, expresaron su disgusto por las prestaciones de las que gozan oficiales del partido y del gobierno. Un grupo bien conectado incluso insistió:

“El Partido Comunista es como un cirujano que tiene cáncer … No puede extirparse el tumor por sí mismo, necesita la ayuda de otros, pero sin ayuda no puede sobrevivir por mucho tiempo..”

Y es aquí donde reside el dilema para esos miembros de las elites de China que están conscientes de la amenaza que la corrupción generalizada, el nepotismo y todos los fenómenos usuales asociados con estados de un solo partido, representan para el futuro económico y político de China.

La ideología que aún —al menos teóricamente— justifica su alta posición en la sociedad y la política, es decir, el Comunismo, ha tenido literalmente nada que ofrecer en cuanto a consejo moral serio.

Después de todo, el Comunismo está basado en una concepción materialista de la vida, y el materialismo no puede crear una ética coherente más allá de reclamos para acelerar las llamadas dialécticas de la historia o el puño de la fuerza bruta.

Esa es la razón por la que los marxistas típicamente desechan las preocupaciones de una moralidad objetiva como “conciencia burguesa falsa”.

Tampoco la otra fuerza —el anticuado nacionalismo— que se usa para legitimar el gobierno de las elites chinas tiene mucho que ofrecer como guía moral.

En verdad, los regímenes nacionalistas están invariablemente asociados con corrupción generalizada por su propensión a entrometerse amplia y profundamente en todos los aspectos de la vida económica.

De cualquier manera, los gobernantes chinos van a confrontar algunos problemas morales que se avistan amenazando al progreso moral del país (por no mencionar el monopolio del poder de la elite actual) y entonces necesitarán encontrar algunas alternativas —rápidamente.

Las revoluciones, después de todo, han comenzado con menos.

Nota del Editor

El mérito del autor es grande por su contribución a una mejor comprensión de la economía de China. Cierto, el país sorprende por su asombroso crecimiento pero ese es un panorama incompleto

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “China, Vacíos Morales”
  1. romulo Dijo:

    Muy buen analisis. El desarrollo economico, sin soporte moral, robustece a la economia mercantilista, que evita la competencia y evade la libertad de emprender. Los frenos éticos se darán cuando se abran las opciones de negocios a personas desvinculadas al régimen.





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