Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Corrupción: Dos Componentes
Eduardo García Gaspar
12 septiembre 2011
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hubo demostraciones en Brasil. Protestaron contra la corrupción. No están solos en esa causa. En México, el alcalde de Monterrey tiene un hermano involucrado en tráfico de influencias.

La corrupción es un mal grave. Corroe a todos, los lastima y daña. Por eso vale la pena ver el fenómeno algo más de cerca.

Todos sabemos que es la corrupción, pero definirla no está de más.

La idea de Transparencia Internacional es buena. Corrupción es el abuso del poder delegado en alguien para su beneficio propio. Con eso basta.

Vayamos ahora a la corrupción gubernamental, la clásica: un gobernante en una posición de poder usa esa posición para obtener beneficios personales. Hay en esto dos elementos, el poder delegado en la persona y la persona misma.

Nos vamos ahora a lo que dice Tocqueville (1805-1859) sobre el tema. En resumen, dice que en los gobiernos aristocráticos los gobernantes son ya ricos y buscan sólo el poder. Estos aristócratas están menos inclinados a corromperse ellos mismos que a corromper a los demás. Pero en los gobiernos democráticos las cosas son distintas.

En las democracias los gobernantes no son ricos, no llegan al poder con una fortuna heredada como en las aristocracias. Los gobernantes en las democracias, como el resto de los ciudadanos, buscan hacer fortuna.

Allí los ciudadanos son testigos de hombres comunes, iguales a ellos, que tiempo después de estar en posiciones gubernamentales, poseen amplias fortunas, lo que crea envidia y exige explicaciones.

En las democracias, me parece, se registra un hecho singular: la asociación entre el poder gubernamental delegado en una persona y la fortuna personal que la misma persona llega a alcanzar.

Fuera del círculo gubernamental, en el mundo del ciudadano común, la asociación es otra, y establece que la fortuna personal es en buena parte resultado del esfuerzo personal… lo que no es cierto para el gobernante.

El gobernante en mucho puede deber su fortuna al poder que ejerce, no al esfuerzo que realiza. Cuando las fortunas de los gobernantes se dan a conocer y ellas superan con creces lo que resultaría razonable como producto de su ingreso por trabajo, el ciudadano sospecha con razón: no ha sido el esfuerzo personal lo que pudo haber producido tal fortuna, es el poder lo que la ha producido.

El poder delegado en el gobernante ha sido usado para beneficio personal. Quizá el gobernante facilitó un permiso legal tardado y complejo. Quizá dio una concesión en contra de lo dispuesto por leyes y reglamentos.

En fin, no importa en específico qué hizo si es que ello significa aprovechar su poder para beneficiarse personalmente. Y así regreso a los dos elementos de la corrupción, poder y gobernante. Vayamos uno por uno.

Primero, el poder. Una situación ilustra cómo atacar a la corrupción por este lado: cuanto menos poder tenga el gobernante menores serán las probabilidades de corrupción. Esto es lo que hace del socialismo un régimen más corrupto que un sistema liberal. En el socialismo el gobernante acumula mucho más poder.

Quitar poder puede lograrse mediante leyes simples, sin excepciones. Con reglamentaciones escasas y sencillas, sin excepciones. Con escasas funciones gubernamentales y presupuestos públicos limitados.

Segundo, la persona. Es obvio que el gobernante corrupto ha cometido faltas morales considerables, ha traicionado la confianza depositada en él. De allí la importancia del sentido ético de la persona y el comprender que la difusión del relativismo moral colaboran a incrementar la corrupción.

Pero además, el castigo a la corrupción debe ser rápido y muy público, con castigos severos, para poner un incentivo negativo a corrupciones futuras de otros. Es decir, la misma clase política debe vigilarse severamente en su propio beneficio, castigando ejemplarmente a los corruptos.

Atacar a la corrupción es una batalla de dos frentes complicados.

Un gobernante, incluso uno honesto, estará poco inclinado a ceder poder, a perderlo. Tener poder es una especie de afrodisiaco para él, y renunciar a él no es algo que hará gustoso.

Y, peor aún, es muy posible que la clase política tienda a convertirse en un club de protección mutua que dé como resultado pocos casos de condenas por corrupción y castigos muy leves, si es que los hay.

Post Scriptum

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