Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Redistribución, Sus Consecuencias
Eduardo García Gaspar
19 enero 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Es una de las maneras más útiles para entender las discusiones en política. Cuando se usan etiquetas como derecha e izquierda, la mente suele nublarse porque cada quien las define como quiere.

Pero hay otra manera de entender mejor las diversas posturas políticas.

Me refiero a la que, sin quererlo realmente, mencionó un comentarista de radio. Habló de la posibilidad de distribuir la riqueza para así resolver el problema de la pobreza.

Usó la comparación estándar, que es la de mencionar algunos nombres de gente muy rica y comparar sus fortunas con la situación de millones que vienen con ingresos miserables.

Esa es una visión más o menos estándar y usa esa comparación con frecuencia. Es una postura sustentada en la existencia de brechas de ingresos, lo que plantea un problema solucionado con sencillez: distribuir la riqueza de quienes tienen mucho entre quienes tienen poco. No es complicado de entender.

En realidad, es demasiado simple. Tan simple que no tiene sentido.

Y no es un tema económico en realidad. Tampoco es un tema aritmética, con sumas y restas. Es un asunto más de examinar consecuencias de tal distribución y la filosofía que existe detrás de esa idea.

Por ejemplo, para realizar un reparto de esa naturaleza es necesario en empleo de la fuerza para retirar recursos del bolsillo de unos en una cantidad por determinar, llevarlos a un fondo y de ese fondo comenzar el reparto a otros. Un ejemplo ayudará a entender esto.

Suponga usted que sólo hay cuatro personas en una comunidad. Una de ellas tiene una fortuna de 1,000 pesos, y las otras tres tienen una fortuna igual a cero. Por medio de la redistribución, al rico se le quitan 750 y se reparten entre los otros tres. Todos quedan con 250 pesos. La igualdad ha sido lograda.

Pero la acción de retirar a uno y la de repartir a otro tiene que ser realizada por alguien con poder suficiente para definir criterios y realizar esas tareas. No hay otra institución para hacerlo que el gobierno y esto es un problema. La política de redistribución termina dando un poder desmedido al gobierno.

El poder para quitar a unos, sin importar sus méritos y condiciones. Su delito fue tener más que otros.

Y el poder para dar a otros, sin tampoco importar sus méritos y con un efecto secundario de consideración: el gobierno comprará lealtad entre los favorecidos por el reparto.

Total, el gobierno, una institución de gran poder, terminará acumulando aún más poder y, con eso, elevando la posibilidad de abusos. No es una buena consecuencia.

A este problema se unen otros, como la definición exacta de quiénes son ricos y deben tener menos de lo que tienen, además de definir a los pobres, los que deben tener más de lo que poseen. Y como la realidad de que incluso repartiendo todo, las grandes fortunas no son suficientes para remediar la pobreza.

Las dificultades no paran allí.

La política distributiva tiene otro problema: si después de una redistribución esas cuatro personas poseen 250 pesos cada una, al cabo del tiempo, digamos un año, es seguro que posean otras cantidades, algunos más otros menos y, de nuevo tenga que entrar el gobierno a hacer una nueva distribución para resolver las diferencias.

Es decir, el gobierno termina siendo una fuerza igualatoria continua, lo que en realidad significa ser una autoridad dictatorial que a cada uno da lo que ella quiere. Este es un problema serio, una consecuencia indeseable de la política redistributiva.

Pero hay más.

En una economía razonablemente libre no hay en realidad ninguna actividad distributiva de ingresos y fortunas. Todo es un asunto de esfuerzo y trabajo personal con alguna dosis de efectos involuntarios.

Donde el ingreso y la fortuna dependen en buena medida de las iniciativas personales de trabajo y previsión, la política redistributiva tiene un efecto perverso.

Ella castiga al esfuerzo y premia la indolencia, lo que daña las probabilidades de avance y prosperidad. Una política redistributiva, por tanto, frena las oportunidades de prosperar, como una consecuencia inevitable.

En fin, lo que creo que bien vale una segunda opinión es examinar las consecuencias de una de esas ideas fáciles, repetidas sin mucha conciencia de lo que ellas significan, ni de las consecuencias que tienen.

La conclusión es obvia: la distribución de la riqueza acaba concentrando el poder y también la riqueza en el gobierno.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Rediistribuciones. Puede verse la idea de Mises al respecto en El Odioso Consumo Del Rico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Redistribución, Sus Consecuencias”
  1. Corina Dijo:

    …Y no solo el Gobierno cocentra la riqueza y el poder sino hasta las creencias Religiosas, pues los Dictadores en turno se convierten en Dioses, que al fin de cuentas lo que Socialismo o el Marxismo como se le quiera llamara han combatido , vienen a convertirse en la Religion de los Pueblos, pues se convierten en adoradores de los Dicatdores que los han convertido en esclavos.

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