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Odio de clases sociales: una explicación fácil

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Odio de clases sociales: una explicación fácil

Una explicación que cualquiera comprende y que lo explica todo, aunque erróneamente. Un marco mental simple y popular de víctimas y villanos, como en las caricaturas. Una política fácil de entender, el odio entre clases sociales.

10 minutos

Introducción

El odio tiene un papel en la política —un rol que usualmente rinde frutos que se convierten en apoyo al gobierno. 

Es el tema del odio de clase social como una explicación fácil de usar en política. Es simple, cualquiera la entiende y puede explicarlo todo, especialmente la situación personal de cualquiera.

Más todavía, el odio es una pasión que produce sentimientos de vehemencia y el rechazo a formas de razonamiento y diálogo. A quien el odio ha invadido, lo invade también el deseo de violencia y conflicto contra sus enemigos.

La base del odio de clase

📌 Es el establecimiento formal de una explicación que promulga una ley de causa y efecto: los ricos son ricos porque los pobres son pobres. Cuando esto se acepta —lo que sucede con facilidad y frecuencia—, la persona genera dentro de sí odio de clase social.

Esa es la sencillez que tiene el odio de clase con una relación que todo lo explica, especialmente la situación propia. No se necesita mayor capacitación, basta con hacer aceptar que si una persona es pobre es porque otra es rica. Eso es todo. La conclusión es simple: «si yo soy pobre es porque otros son ricos». Lo demás sigue por añadidura sencilla.

¿Cómo puede mejorar la situación del pobre? Dada la explicación anterior, la única posible vía es la de quitarle al rico su riqueza y darla al pobre. Una solución redistributiva sencilla que tiene tres personajes.

A. Los ricos

Un grupo de personas pequeño, minoritario y que posee y acumula la riqueza. Porque concentra esa riqueza es que los demás son pobres. Es el culpable favorito y único al que, por tanto, debe odiarse. Con frecuencia, este grupo es llamado burguesía.

B. Los pobres

Un grupo de personas numeroso, mayoritario y que no posee riqueza. Es pobre porque los ricos concentran la riqueza que existe y a este grupo no ha recibido riqueza alguna. Es la víctima por excelencia que, por tanto, debe ser defendido. Es llamado proletariado o incluso ‘pueblo‘.

El odio de clases

Comprender a la realidad económica es muy simple ahora: el grupo de los ricos es el responsable de la mala situación de los pobres. Es natural que eso produzca odio del pobre hacia el rico, quien es el culpable de su pobreza.

Y del odio de clases sociales con su explicación simple surge la solución sencilla: la pobreza se resolvería quitando su riqueza a los ricos. Una explicación que todos pueden entender, incluyendo a la solución obvia.

C. Los poderosos

La solución es, en palabras breves, la que a cualquiera se le ocurriría: retirar de los ricos su riqueza total o parcialmente y dar esos recursos a los pobres. La hipótesis es que así dejarán de ser pobres y el problema se habrá resuelto.

¿Quién podrá hacer ese reparto? Si los pobres van con los ricos y roban sus bienes, eso sería reprobable e ilegal, incluso absurdo —¿es posible robar inteligencia, conocimiento, sentido emprendedor, o iniciativa?

La respuesta ha sido expuesta desde hace mucho: el gobierno es el que realizará ese traslado de recursos, al que ya no se considerará robo, sino justicia social. Si los ricos son los villanos y los pobres las víctimas, el gobierno es el héroe salvador.

Y los poderosos desde el gobierno verán que su función redistributiva logra gran apoyo popular mediante la difusión de esa explicación de la pobreza: los pobres existen porque hay ricos.

Más aún, los mismos gobernantes creen cierta esa explicación y también tienen odio de clase contra los ricos. Seguramente su odio hacia esa clase es mayor que el que tengan los pobres en general.

La política del odio de clase

Este odio de clase tiene un papel importante en la política que puede ser explicado de esta manera.

1. Aceptación de la explicación

Cuando se acepta que la mala situación propia —típicamente la de pobreza— es provocada por la buena situación del otro, se ha encontrado al culpable.

Puede entonces imputarse a la pobreza propia a otro y aislarse de toda responsabilidad personal. Ya no le importa a la persona nada de sus acciones y sus consecuencias, pues sabe ya que la situación propia es atribuible a esos que están mejor que él.

Es especialmente importante que la explicación sea aceptada por los poderosos en el gobierno, quienes así justifican sus medidas redistributivas. 

2. Sentimiento de odio

Dentro de la mente de quien ha aceptado esa explicación de sus circunstancias personales se formará con sencillez una actitud de resentimiento hacia el culpable de sus males —un producto espontáneo de la explicación aceptada.

Tomada como una verdad absoluta esa explicación de la pobreza, la compasión que se siente por los pobres se convierte en odio hacia los responsables. Un rencor que es pasión vehemente y que impide ningún otro examen.

3. Solución de «quitar para dar»

Lo que hace la explicación formal de los males propios algo muy particular es su otro corolario: para remediar la situación propia, entonces, es necesario reducir la buena situación de los que así están.

Esta es la promesa formal de las redistribuciones de riqueza que se implantan en políticas económicas: se le retirarán propiedades a quienes están en buena situación para luego ser repartidas entre quienes están mal.

Aquí se ilustra la cerrazón del odio de clase social, pues se ignora la posibilidad de mejorar la vida de los pobres de maneras más imaginativas que la de empeorar la vida de otros, los que sean.

4. El extremo del odio

Hay un punto en la cúspide de ese resentimiento u odio hacia el culpable de la mala situación propia y que es uno en el que incluso la persona aceptaría soportar graves daños con tal de también lesionar gravemente al otro.

Esta culminación extrema del resentimiento político es una posición ciega en la que con la condición de dañar al culpable de la situación personal se está dispuesto a empeorar esa situación propia.

El rencor ha llegado a su clímax y cegado todo entendimiento —eso que alimenta en buena parte a los regímenes que hacen de la igualdad su meta máxima y están dispuestos a fracasar con tal de implantar las ideas a las que alimenta esa simple explicación de «si alguien es pobre es porque otro es rico».

El marco mental del odio de clase

Es tan poderosa y sencilla la explicación de que «yo estoy mal porque tú estás bien», que se convierte en marco mental general que explica todo en forma de víctimas y villanos.

Este esquema de defensa lo describe:

  • Defender a los pobres es lo correcto.
  • Atacar a los ricos es lo correcto.

Criticar ese esquema es igual a atacar a los pobres y defender a los ricos, lo que es políticamente incorrecto. Se muestra bien este marco mental en esta cita:

«Los enemigos de liberalismo lo ha etiquetado como el partido de los intereses especiales de los capitalistas. Esto es característico de su mentalidad. Simplemente, ellos no pueden entender a una ideología política como algo que no sea la defensa en ciertos privilegios especiales opuestos al bienestar general». Ludwig von Mises, Liberalism: The Classical Tradition. Mi traducción.

En otras palabras, todo lo que sea opuesto o contradiga a la explicación total de que yo estoy mal porque tú estás bien debe ser desechada sin miramiento porque es una defensa de los ricos. 

Ampliación del marco mental

Todo llega a ser interpretado como un choque entre clases sociales, no solo pobres y ricos, sino cualquier otra situación que se facilite su explicación mediante una estructura dual de grupos en pugna. Por ejemplo, hombres y mujeres.

Es muy común la mentalidad que entiende a la sociedad como formada por dos grupos uniformes con intereses contrarios entre sí —siendo la dualidad proletariado-burguesía la más famosa, pero existiendo otras más que entienden todo como la imposición de un grupo sobre otro.

Cuando una persona cualquiera posee esa mentalidad en todas partes ve grupos con intereses opuestos y propondrá una solución constante: la acción de los poderosos del gobierno para la defensa de un grupo y el ataque al otro.

Ese marco mental de odio de clase tiene una estructura simple:

  • Un problema a resolver, el que sea.
  • La explicación del problema: un grupo-víctima y un grupo-villano, el que tiene la culpa del problema.
  • La solución: defender al grupo-víctima y atacar al grupo-villano, tarea que realiza el gobierno.

Este odio de clase necesita intensamente una dualidad simple de grupos y la desaparición de la individualidad. Si hubiera más grupos o clases, su explicación se derrumba. Lo mismo que sucedería si los integrantes de cada grupo fueran iguales.

Esta forma de entender los problemas como el conflicto entre dos grupos con intereses contrapuestos, cuya solución es el combate al grupo-villano por parte de los poderosos que así defienden al grupo-víctima, es fácil de comprender por todos.

Puede ser expuesta con sencillez de muchas maneras y en ocasiones muy variadas. Y su presta a ser una explicación universal de casi cualquier problema social. No tiene, además, necesidad de sutilezas ni complicaciones, incluso ni de comprobación.

Curiosamente, esa simplicidad extrema puede adquirir respetabilidad académica sustancial, cuando es tratada en textos con pretensión científica o intelectual. 

Profesores, académicos, ministros religiosos, reporteros, escritores, artistas. Claramente una minoría que acepta esa explicación simple del conflicto dual y odio de clase, pero la visten para aparecer verdad. 

Es sorprendente que personas con esa preparación caigan en la trampa de una explicación tan simple y artificial, de la que se encargan de difundir entre públicos menos educados que son persuadidos sin gran dificultad.


«Las ideologías que produjeron todas las trastadas y catástrofes de nuestro siglo [20] no son un logro de la mafia. Son las hazañas de los pseudo-eruditos y los pseudo-intelectuales. Se propagaron desde las cátedras de las universidades y desde el púlpito, se difundieron por la prensa, las novelas y las obras de teatro, el cine y la radio. Los intelectuales convirtieron a las masas al socialismo y al intervencionismo».

Mises, Ludwig. Planning for Freedom

Facilitadores de la popularidad

El más claro es esa acreditación que recibe en odio de clase por parte de académicos e intelectuales, con múltiples medios y mensajes que lo difunden como explicación universal de problemas. 

También, su sencillez facilita su popularidad. El odio de clase es más simple de comprender que las más complejas realidades económicas. La Economía, aunque es posible de examinar y comprender, eso requiere perspicacia y poder de observación.

Otro facilitador de su popularidad es la siempre presente tentación utópica de todos los poderosos en el gobierno. Aspiran ellos a implantar regímenes que consideran perfectos y el odio de clase les da la herramienta más simple: la utopía se logrará igualando a todas las personas.

Ventana de ideas relacionadas

📍 El tema del odio entre clases sociales lleva a temas de elitismo, de clasismo y sectores sociales. A su vez, eso conduce a las nociones de explotación, plusvalía y sesgo ideológico. Más ¿qué es justicia social?

📍 También, pone a consideración tesis de envidia como política de Estado, al examen de la sociedad igualitaria y a la dificultad de entender el orden económico espontáneo.

Conclusión

El odio entre clases sociales es una política fácil de entender y tiene la ventaja de proveer una explicación sencilla de todo problema social presente y pasado. Dos grupos en conflicto presentan un sistema de análisis que se acepta sin mucha conciencia de ello y se aplica sin discriminación para encontrar culpables, víctimas y soluciones.

El problema es el natural. La explicación de todo problema social como una contraposición de intereses distintos entre dos grupos únicos es demasiado simple, demasiado artificial, para ser cierta. Le ayuda contener algunas dosis de realidad, pero ello no es suficiente. La realidad es más compleja que eso, mucho más.


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[Actualización última: 2022-02]

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