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Una guerra justa debe cumplir con ciertas condiciones, unas antes de declarar el conflicto, otras durante ese conflicto. Más la necesidad de realismo.

Introducción

Ha sido dicho que la guerra es un asunto de tal seriedad y gravedad que merece ser estudiada con frialdad, usando la razón y sin sucumbir a sentimientos que oscurecen el conocimiento.

Obviamente la guerra es una situación indeseable, muy indeseable, que debe ser evitada, pero no siempre puede serlo. La conclusión es inevitable: existen ocasiones en las que la guerra es la menos mala de las alternativas disponibles. Pero, ¿cuándo es justificable una guerra?

La respuesta puede encontrarse en un concepto, el de la guerra justa y sus condiciones: cuando ella es declarada y realizada respetando ciertos principios. ¿Qué principios? De ellos trata este resumen.

La idea reportada fue encontrada en Budziszewski, J. (1997). Written on the Heart: The Case for Natural Law. InterVarsity Press, p. 120.

La guerra justa y sus condiciones

No es un tema nuevo. El primer intento de tratar el tema se remonta al siglo quinto con San Agustín. Siglos más tarde fue tratado por Santo Tomás de Aquino. Y luego por John Locke. Con este comentario inicia Budziszewski su tema.

El tema de los principios de una guerra justa aceptables para los proponentes del concepto. Lo que sigue es esa lista de principios y condiciones con los que debe cumplir una guerra para ser considerada como justa.

Las primeras siete de ellos son las de jus ad bellum, los que justifican entrar en guerra. Las siguientes tres son las condiciones de jus in bellum, los que deben cumplirse durante el conflicto.

Condiciones jus ad bellum

1. Autoridad competente

Se refiere a la fuente de la declaración de guerra y que solo puede ser un gobierno y no particulares. Por un gobierno legítimo.

2. Causa justa

Esta condición indica que una guerra justa solo puede serlo si se persigue la protección de vidas inocentes, de derechos naturales. Es como una defensa de la vida de personas.

3. Intención correcta

Se refiere a la razón o causa de entrar en guerra, apuntando que la causa justa debe ser también la razón de la guerra. La causa justa no debe ser el disfraz de otra intención oculta.

4. Justicia comparativa

La cuarta de las condiciones para una guerra justa se refiere a la justicia en las partes involucradas y no requiere que la justicia esté totalmente del lado de una de ellas porque raras veces sucede.

Pero sí previene en contra de la guerra a menos que los males contra los que se combate sean lo suficientemente mayores de un lado que del otro para justificar las muertes.

5. Proporcionalidad

Establece que no se entre en estado de guerra a menos que los bienes que de ella se esperan razonablemente sean mayores que los males que causa.

6. Probabilidad de éxito

Se refiere a otro cálculo, el de lograr lo que la guerra persigue, su meta. La idea es evitar una guerra que no cumplirá con la causa que persigue.

7. Última opción

Establece a la guerra como la alternativa última, antes de la que deben ser intentadas todas las opciones no bélicas.

Condiciones jus in bellum

Una guerra justa debe cumplir con todos esos principios o condiciones mencionados antes de ser declarada. Los siguientes tres principios deben todos ser respetados durante la conducción de la guerra.

8. Intención correcta

Se refiere al objetivo de quienes realizan la guerra y que debe ser el alcanzar una paz justa, es decir, sus acciones no deben ser de tal naturaleza que impidan una reconciliación. Un caso de esto sería el de demandas excesivas.

9. Proporcionalidad

Determina un principio de acción en la guerra, el de no usar tácticas a menos que ellas produzcan resultados esperados mayores a los males que causará.

10. Discriminación

Se refiere separar a los elementos no militares de los militares, es decir, los no combatientes no deben ser objetivos bélicos.

Resumen

Budziszewski ha hecho una aportación valiosa: un resumen comprensible de los principios o condiciones que debe satisfacer una guerra para que ella pueda ser calificada de justa.

Es obvio que los principios tienen un sustento y una lógica indudables, como también es cierto que ellos pueden torcerse a conveniencia de cualquiera de las partes en un conflicto bélico.

Los diez principios apelan a la razón y al reconocimiento de una realidad independiente de deseos e intenciones. No pueden prever toda situación en sus detalles específicos, pero sí son guías útiles para tratar un tema tan espinoso.

Véase Guerra justa: razones y causas, donde se examinan otras facetas de la guerra justa. Y un concepto relacionado, ¿Qué es pacifismo? Una definición.

Bonus track: más sobre el análisis de la guerra justa, sus condiciones y consideraciones de realismo.

Opciones nucleares, un análisis primario

Por Leonardo Girondella Mora 

El examen de la guerra justa y sus condiciones necesita además de esas consideraciones la consideración de realidades. Es decir, el abandono del idealismo imposible.

Uno de los más grandes peligros que existen en la política es la aceptación de que posiciones ideales son alcanzables. Es decir, que lo considerado perfecto puede ser logrado.

La alternativas de guerra nuclear

Un caso que lo ilustra es el problema de las armas nucleares —que es el que analizo a continuación de manera esquemática usando los conceptos de Cave, P. (2009). This Sentence Is False: An Introduction to Philosophical Paradoxes. Continuum, pp. 124 y ss.

El ejemplo es simple, el de dos naciones que tienen relaciones diplomáticas tensas y también, posibilidad de poseer armas nucleares.

Dos alternativas básicas

Eso lleva a dos posibles opciones extremas que numero como 1 y 4 porque hay dos intermedias que más tarde trato:

  • • Alternativa 1: la nación A tiene armas nucleares y la nación B no las tiene. Es la mejor opción para el país A.
  • • Alternativa 4: la nación A no tiene armas nucleares y la nación B sí las tiene. Es la mejor opción para el país B.

Ninguna de esas opciones es atractiva para ambos simultáneamente, por lo que la situación de cualquiera de ellas resultará momentánea.

La tercera alternativa, la realista

Quien no posea armas nucleares intentará conseguirlas, lo que lleva a la opción 3, la señalada toda en negritas (más tarde viene la 2):

  • Alternativa 1: la nación A tiene armas nucleares y la nación B no las tiene. Es la mejor opción para el país A.
  • Alternativa 3: las dos naciones A y B poseen armas nucleares. Las dos están en igualdad de circunstancias.
  • Alternativa 4: la nación A no tiene armas nucleares y la nación B sí las tiene. Es la mejor opción para el país B.

La segunda alternativa, la idealista

Pero existe otra opción, la alternativa 2 y que es muy obvia, es la opción idealista, la señalada toda en negritas:

  • Alternativa 1: la nación A tiene armas nucleares y la nación B no las tiene. Es la mejor opción para el país A.
  • Alternativa 2: ninguna nación posee armas nucleares.
  • Alternativa 3: las dos naciones A y B poseen armas nucleares. Las dos están en igualdad de circunstancias.
  • Alternativa 4: la nación A no tiene armas nucleares y la nación B sí las tiene. Es la mejor opción para el país B.

Concluyendo

Por separado, cada país preferirá la opción que le da la superioridad individual, pero eso no es garantía de nada y es entonces donde se hacen deseables las opciones más propicias a lograr un acuerdo mutuo —que son la 2 y la 3.

La 2 es la ideal, la de un mundo ideal y la que debería ser lograda con todo el esfuerzo posible —pero contiene un problema serio.

Ella supone que los gobiernos de los dos países respetarán el acuerdo de no armas nucleares al mismo tiempo que tienen ambas el incentivo de tenerlas y alcanzar la opción ideal para cada una de ellas (la 1 y la 4).

Entonces se presenta una opción más real, la 3, en la que se alcanza una igualdad —ambas naciones tienen ahora un equilibrio de armamento nuclear.

No es la posición ideal para ninguna de ellas por separado y no es la posición perfecta e ideal. Es una alternativa realista que tiene un supuesto digno de mencionar.

La racionalidad supuesta

La alternativa en la que ambas naciones tienen armas nucleares contiene el supuesto de la racionalidad de los gobiernos de ambas naciones.

Los dos gobiernos reconocen que el ataque nuclear por parte del otro equivale a tener un contraataque similar, con un resultado neto negativo para ambos países. Es un fuerte incentivo negativo.

El gobierno del país A sabe que si ataca al país B con armas nucleares, este contestará con armas nucleares también —y viceversa. La destrucción sería mutua y nada hay que ganar al final. Un buen argumento, más fuerte que el de la alternativa 2 que es la ideal.

Es un buen ejemplo de cómo la alternativa considerada ideal —en este caso la de no armas nucleares— no es la más aconsejable. El análisis, sin embargo, no termina con esto.

Todas las opciones mencionadas contienen una hipótesis de racionalidad en las decisiones de los gobiernos, la que lleva a una en la que las dos naciones tienen armas nucleares, están en equilibrio nuclear y evitan su uso pensando en la consecuencia de una destrucción mutua.

Guerra y racionalidad

Las condiciones de una guerra posible de calificar como justa contienen el supuesto de la racionalidad de los gobernantes de los países en pugna. Ello implica adoptar al realismo como mejor práctica que el idealismo.

Si se retira la hipótesis de la racionalidad del gobierno, las opciones se abren. Hablo de un gobierno cualquiera, el gobierno de la nación C, que ahora entra al círculo de naciones nucleares.

Si su gobierno es razonable, actuará de la misma manera —pero si no lo es, no le detendrá el riesgo de destrucción mutua.

Quizá sea eso incluso la meta del gobierno de la nación C, el lograr una destrucción mutua o al menos un daño severo mutuo. Si esto es cierto, la opción preferida para ella es la de ser ella la única poseedora de armas nucleares —y la menos atractiva la de un compromiso de que ninguna tenga, que es la ideal que queda de nuevo descartada.

También rechazará la opción de no tener ella armas nucleares y aceptará, como única posibilidad, la de tener las tres naciones armas nucleares. Pero con un problema serio, el de que el riesgo de destrucción mutua no será un freno tan efectivo como lo sería en el caso de gobiernos racionales o al menos temerosos de contraataques.

Estos gobiernos racionales, al enfrentar al gobierno irracional, tendrán dos opciones distintas:

  1. (1) el país A tratará de atraer hacia sí como aliado al país C ejerciendo influencia sobre él en contra del país B —lo mismo que intentará el país B;
  2. (2) en alianza los países A y B tratarán de evitar que el país C tenga armas nucleares.

Lo ideal sería que el país C no tuviera armas nucleares, pero los otros dos países tendrán un gran incentivo individual para que las posea si el país C es su aliado —consecuentemente existe un incentivo adicional en el país C para tener armas nucleares, el lograr alianzas con poderosos.

Termino aquí —mostrando en primer lugar cómo las situaciones ideales pueden estar peleadas con lo que en la realidad resulta bueno y aceptable.

Las condiciones de una guerra justa son racionales y eso implica ser realistas no idealistas.

Véase El dilema de usar la bomba atómica como ejemplo del realismo que merece el tema.

[La columna fue actualizada en 2019-11]