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1 septiembre 2012
Sección: EDUCACION, Sección: AmaYi, SOCIEDAD
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La idea reportada aquí es de G. K. Chesterton (1874-1936), un escritor británico con un peculiar estilo y no menos peculiares formas de explicar sus ideas. En este caso, la tesis central es expuesta en una frase: “Lo que está mal en el mundo es que no nos preguntamos qué es lo que está bien”.

Un juego de palabras que es de gran seriedad. Crítico de la investigación sociológica moderna, Chesterton la acusa de seguir el camino equivocado: encontrar enfermedades sin conocer la salud.

La idea fue encontrada en Chesterton, G. K. (2006). Lo que está mal en el mundo. Madrid: Ciudadela, pp. 14-17, que contienen la introducción a la breve obra.

 

Inicia el autor su idea hablando de la investigación social moderna. Dice que las investigaciones de esa ciencia tienen dos partes. En la primera, casi siempre, hay una recopilación de datos. Son números, estadísticas, tablas, sobre el tema, el que sea.

Termina la investigación con una sección, a la que se llama “la solución”. Y es esta parte la causante de que la solución en realidad nunca se encuentre. Para remediar algo, debe declararse primero el trastorno y más tarde la cura. Pero en estas investigaciones, se declara la cura antes de conocer el problema.

Con ese comienzo Chesterton apunta ahora la obsesión de estos tiempos por usar metáforas biológicas o corporales. Se refiere a ver a la sociedad como un organismo, como cuando se habla del León Británico. No es un organismo y tampoco un león. Hacer eso es pensar absurdamente.

Absurdamente porque se da así a una nación un entendimiento único y simple, que llevaría a concluir que 50 hombres considerados como un organismo único podrían verse como un ciempiés.

Otra instancia de esa obsesión por las imágenes biológicas, es el hablar de naciones jóvenes y naciones desahuciadas. Eso es presuponer que las naciones tienen ciclos de vida físicos y fijos. Sería como ver a una nación que pierde sus dientes por senilidad, o a otra como una a la que le empiezan a salir bigote.

Las naciones las forman personas y la primera de sus generaciones puede ser achacosa, pero la número mil, energética. Hay quienes ven en el tamaño de las posesiones de una nación, una elevación de su calidad. No se preguntan si una nación que extiende sus propiedades lo hace por crecimiento juvenil, o por la gordura senil.

Todo lo anterior muestra la falacia en la obsesión de metáforas biológicas. Errores en la manera de pensar, de los que el mayor es “La manía de describir exhaustivamente una enfermedad social y después proponer un medicamento social”.

Entra ahora Chesterton al corazón de la idea. En el caso de una enfermedad, se entiende que ella es una descomposición de la salud. Un trastorno físico sobre el que puede no saberse mucho, pero lo que sí se conoce a la perfección es la salud, el estado al que se desea regresa al enfermo. Se tiene una idea muy clara de lo que la salud es.

El tratamiento del médico a su paciente reconoce un estado saludable al que se intenta regresarlo. El médico no redefine a la salud a su modo y opinión. El médico no quiere recomponer al enfermo de acuerdo con una nueva idea de salud, cambiando la colocación de sus ojos o sus miembros.

Es posible que el enfermo regrese a su casa con una pierna de menos, si no existe otra alternativa. Pero no saldrá del hospital con una pierna adicional, producto de la imaginación desbocada del médico.

Lo anterior no sucede en la ciencia social. Esta ciencia no está contenta con la naturaleza humana normal y cotidiana (el “alma” en palabras de Chesterton). Insatisfecha con esa naturaleza humana, la ciencia social crea sus invenciones, “almas de fantasía” que pone a la venta.

Una persona podrá decidir hacer algo. Dirá, por ejemplo, “ya no creo en Dios, me declaro ateo”, o bien, “cambio de opinión, antes era un socialista convencido pero ahora soy un capitalista anárquico”.

Esto no sucede en la salud médica, donde nadie dice, “Me he cansado de tener este dolor de cabeza ahora estoy convencido de lo bueno que es tener reumatismo”.

Eso es precisamente lo que acontece con los problemas sociales: los remedios que algunos pretenden implantar y que según ellos son saludables, para otros son enfermedades que no gustarían padecer.

Chesterton ilustra su idea con las de otros dos personajes. H. Belloc cree en la propiedad y no la abandonaría de la misma manera que podría decir adiós a una muela que duele. Del otro lado, B. Shaw, para quien la propiedad no es una muela, sino un dolor de muelas que debe extraerse.

En otras palabras, las discusiones sobre la salud social, tiene dos facetas, la de los problemas y dificultades, y también la del objetivo. Puede haber acuerdo sobre los males que nos afectan, pero es por los bienes que deberíamos “arrancarnos los ojos”.

Será admitido con facilidad que es un problema tener una aristocracia ociosa, o un ejército débil, o un clero poco religioso, pero no todos querrán tener una aristocracia activa, un ejército fuerte, o un clero muy religioso, dice el autor.

Lo que sucede es que el caso de la salud social es totalmente contrario al caso de la salud médica. En el caso social, no estamos como los médicos en desacuerdo con la naturaleza precisa de la enfermedad. En el caso social, no estamos como los médicos que tienen una idea muy precisa sobre el estado de salud.

Los habitantes de un país pueden todos estar de acuerdo con que su nación no es saludable, pero muchos de ellos considerarían una enfermedad lo que para muchos otros sería la salud del país.

En conclusión, Chesterton está en desacuerdo con lo que llama el “método sociológico común”: el que lo primero que hace es examinar un problema de pobreza o uno de prostitución. Todos verían con repulsión a la prostitución, entendiéndola como un problema, pero no todos encontrarían la salud en un estado de pureza.

Si se quiere hablar de los males sociales, no hay más remedio que hablar de los bienes sociales, Puede hablarse de una locura nacional, pero para ello hay que saber qué es la cordura nacional.

Termina esta parte con una frase muy de su estilo: “Lo que está mal en el mundo es que no nos preguntamos qué es lo que está bien”.

Lo que ha hecho Chesterton es de gran mérito. La manera en la que lo ha dicho, igual, porque hace más sencilla la comprensión del tema. Es seguro, por ejemplo, que la pobreza de muchos sea entendida como una situación que debe ser remediada en lo posible y con urgencia. La enfermedad ha sido entendida.

Pero el remedio no. Lo que para unos es una cura que devuelve la salud a la comunidad, para otros es una enfermedad aún peor que la de la pobreza. Sí, efectivamente, tenemos una sensibilidad muy aguda para encontrar los males que se padecen, pero nuestras capacidad para acordar el bien está embotada.

 

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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