Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Importancia del Deseo
Eduardo García Gaspar
14 agosto 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La idea flota gratuitamente. Se repite sin sentido. Sin darse cuenta de lo que se dice. androjo

Y, lo peor, se envuelve en un sentido de superioridad moral que es soberbio.

Es la idea de que las personas son egoístas cuando hacen lo que ellas quieren.

La narrativa del egoísmo individual es explica más o menos así: las acciones que las personas realizan están necesariamente basadas en la decisión personal de lo que ellas desean; y si la persona tiene deseos y busca satisfacerlos, ella es egoísta por definición.

Por lógica, entonces se supone que para no ser egoísta lo que debe hacerse es no actuar para satisfacer deseos personales.

Si usted busca satisfacer sus deseos, usted es un egoísta. Si usted no busca satisfacer sus deseos, usted es un altruista.

Eso lo he escuchado una y otra vez por personas que tienden a ser socialistas y progresistas, pero también por gente conservadora y religiosa. Todos cometen un error tan obvio que les pasa desapercibido. El tema bien vale una segunda opinión.

Supongamos a la persona A, que actúa con la intención de satisfacer sus deseos. Según la narrativa del egoísmo, la persona A será clasificada de inmediato como egoísta por eso mismo, el querer hacer realidad lo que ella quiere lograr.

Y, más aún, si alguno de los que piensan así habla con la persona A, quizá le aconseje que se abstenga de hacer lo que desea, que mejor haga otra cosa que no desea. Y ante esa amonestación, la persona A puede reaccionar con gran extrañeza.

“¿Me pides que no vaya a visitar a un amigo que está en el hospital, porque eso precisamente es lo que deseo hacer?”, preguntará sorprendida la persona A. El otro tendrá que sentirse avergonzado de la metida de pata que acaba de hacer.

La conclusión es la lógica, que no por serlo dejará de ser ignorada: buscar cumplir con los deseos propios no es suficiente evidencia como para calificar de egoísta a una persona. La información es incompleta y no permite emitir juicio alguno.

Creer que por buscar satisfacer los deseos personales uno cae de inmediato en la categoría del que solo busca el interés propio sin importarle el daño que cause en otros, es una opinión disparatada. Tan sinsentido como popular.

Tomemos ejemplos extremos para aclarar las ideas.

Dos personas, ambas haciendo lo mismo, tratando de satisfacer sus deseos. ¿Pueden ser las dos acusadas de falta de compasión, generosidad y consideración por los demás?

Por supuesto que no. Para emitir un juicio sólido falta un elemento vital, el conocer cuál es el deseo que cada una quiere satisfacer.

Una de ellas, supongamos, quiere donar una cierta cantidad a un fondo de ayuda para los damnificados de un terremoto. La otra quiere poner una bomba en un edificio público para protestar contra alguna medida de gobierno.

Ahora sí estamos en una posición en la que podemos emitir juicios razonables sobre cada persona. Lo podemos hacer porque tenemos ya la pieza de información que faltaba, la naturaleza del deseo de cada uno.

La ayuda a damnificados y la colocación de la bomba tienen una moralidad claramente distinta.

Los ejemplos diarios son menos claros que los extremos, pero siguen la misma regla: no puede calificarse de egoísta a nadie que busca satisfacer sus deseos, hasta que no se conoce de qué trata ese deseo. Hacerlo es un atrevimiento de un simplismo indebido.

El tema se complica al existir deseos que buscan el bien personal sin que ello signifique un efecto positivo en otros. Por ejemplo, el comprar un traje Armani para uso personal. ¿Es eso un acto que permita calificar a la persona de egoísta? No, no hay evidencia suficiente para emitir ese juicio.

Faltan elementos para hacerlo. Si la familia de esa persona está a falta de comida, o no tiene para pagar la escuela de los hijos, tendríamos más información para decir si el deseo de la persona es indebido o no.

El punto central que he querido apuntar es obvio. Con extrema facilidad y demasiado simplismo, muchas personas se apresuran a emitir juicios sobre los deseos de otros, acusándolos de egoístas sin tener la información suficiente para hacerlo.

Este es el error que quiero señalar y que, mucho me temo, seguirá cometiéndose en estos tiempos de demasiada televisión y poco seso. Parece como si existiese un deliberado olvido de formas de razonar y una afición desenfrenada por emitir juicios con indignación moral emotiva.

Vivimos en tiempos en los que la asignación veloz de adjetivos morales, como altruismo y egoísmo sustituyen a cualquier forma de razonar. Recuerdo el caso de dos personas que aceptaron la idea que propongo aquí. Las dos, la siguiente vez que las escuché, volvieron a caer en el mismo error.

Post Scriptum

Habrá quien desee diferenciar entre deseo y necesidad, queriendo decir que los deseos son superficiales y las necesidades son esenciales. La distinción es irrelevante para mi punto. Además, la definición de necesidad es prácticamente imposible.

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