Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opiniones y Verdad
Eduardo García Gaspar
24 junio 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un relato breve. Realmente breve.androjo

De poco más de media página. Se titula El Rechazo.

Una mujer y un hombre hablan y al final uno dice:

“—Ya que los dos tenemos razón, y para no darnos irremediablemente cuenta de la verdad, preferimos, ¿no es cierto?, irnos cada uno a su casa”.

Realmente es un buen resumen de buena parte de la cultura de nuestros días. Días de mucha televisión y escaso seso. El autor es F. Kafka.

De otra fuente, como ejemplo, se tiene una idea sobre el tema:

“Yo tengo mi verdad, tu tienes tu verdad y existe LA VERDAD…
En mi verdad puedo tener razón de lo que te digo, en tu verdad tu tienes toda la razón de lo que me dices, pero cuando mi verdad no da respuesta a tu verdad y tu verdad no entiende mi verdad, existe la VERDAD…” (Kay Rojas)

¿Podría en realidad alguien tener su verdad y ella ser la opuesta a la verdad de otro? Realmente no.

Hay un principio que lo impide: no puede haber algo que es y no es al mismo tiempo. Es una imposibilidad que algo sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Un bolígrafo, por ejemplo, no puede ser al mismo tiempo un papel (o más genéricamente, un no-bolígrafo). Aún así, subsiste la idea de que cada persona puede tener su verdad y que ella puede ser contraria a la verdad de otro, sin que haya contradicción entre ellas.

Es totalmente erróneo pensar así. Quizá se deba a una confusión que explico en lo siguiente, con una situación simplificada.

Digamos que la persona A cree que 2+2=5. Al mismo tiempo, la persona B piensa que 2+2=4. Si seguimos a Kafka, las dos tienen razón y para no darse cuenta de la verdad, cada uno se va por su lado. Subsiste esa idea de que los dos tienen razón.

Visto un poco más de cerca lo que sucede es otra cosa. Es posible decir que es verdad que la persona piensa que 2+2=5. Eso es cierto y absoluto. Pero que sea verdad que esa persona cree que 2+2=5 no equivale a decir que es verdad que 2+2=5.

Es verdad que esa es la opinión de A, pero no quiere decir que la opinión de A es verdadera. Puede serlo, puede no serlo. La distinción es sutil y hay quienes no la entienden.

Lo que sucede es que es verdad que cada persona tiene sus opiniones, pero eso no equivale a que sus opiniones sean verdaderas.

No hace mucho, en una conversación con un ateo, me aseguró que Dios no existe. Por mi parte, le aseguré que Dios sí existe.

La oposición entre ambas opiniones es obvia y siguiendo el principio de no contradicción sabemos que una sola de esas opiniones puede ser real. Dios existe o Dios no existe, con independencia de lo que él y yo pensemos.

Pero es verdad que el ateo opina que Dios no existe. Y es también verdad que yo opino que Dios sí existe. Es real y exacto que esas son nuestras opiniones, pero no significa que esas opiniones sean ciertas.

El que sea verdad que yo creo en la existencia de Dios, no significa que sea verdad que Dios exista. Puedo tener una opinión equivocada, o puede que el que la tenga sea el ateo. Lo que sí sabemos es que uno de los dos está en lo correcto y el otro está equivocado.

Pero no podemos los dos tener una opinión verdadera, cuando una de ellas es la contraria a la otra. Tenemos eso sí, opiniones. Creemos que algunas cosas son ciertas y que otras son falsas.

Y ante esto, la frase de Kafka resumen bien una de las vías posibles: “para no darnos irremediablemente cuenta de la verdad, preferimos, ¿no es cierto?, irnos cada uno a su casa”.

Cuando cada persona piensa tener la verdad, ellas tenderán a preferir esa vía, la de irse cada quien por su lado. Es el abandono de la discusión, la pérdida de toda posibilidad de aprender.

Pero puede irse por otra vía. La que comienza por decir tú tienes una opinión y yo tengo una opinión diferente; hablemos para juntos aprender más intentando encontrar la verdad, o al menos, acercarnos a ella. Es la vía que más esfuerzo requiere, pero la más prometedora.

Resulta una pena que esta vía del esfuerzo mutuo haya sido descuidada. Lo ha sido, curiosamente, por un efecto democrático: intentar encontrar la verdad contando votos y opiniones. Lo que lleva a dar la razón a quien coincide con la mayoría.

Un ejemplo, el aborto. Independientemente de lo que la mayoría piense y cree, el aborto tiene solamente dos posibilidades: es moralmente reprobable o no lo es. No importa lo que opine yo, ni lo que usted opine, ni lo que opine la mayoría.

En resumen, podemos decir que es verdad que las personas tenemos opiniones, pero que esas opiniones no necesariamente son verdaderas. No tener una idea clara de esto, lleva a las personas al aislamiento y la renuncia de la razón.

La sociedad que abandona la idea de la verdad es insostenible y, si sobrevive, solo podrá hacerlo empleando la fuerza.

Post Scriptum

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