Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Consecuencias Enterradas
Eduardo García Gaspar
26 octubre 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una idea sencilla. Una idea que es lógica. Nuestras acciones tienen consecuencias.

Una consecuencia de un robo será un castigo penal. Una de conducir sin precaución, el aumento la probabilidad de accidente.

Cualquiera puede entender esto. Nuestros actos producen efectos, en otros y en nosotros mismos. Lo entendemos muy bien cuando violamos la ley, cuando no respetamos contratos. El asunto ahora se pone interesante.

Se trata de ver lo que sucede cuando violamos principios morales, eso que llamamos derecho natural. El derecho que es consecuencia de nuestra propia naturaleza. Resulta lógico que eso también tenga consecuencias. Consecuencias malas.

Pensemos en el caso de la persona que traiciona a sus amigos. Seguramente terminará siendo odiado, acabará sin amigos. Quien lleva una vida promiscua tendrá poca capacidad de confiar en los demás. Violar las reglas morales, por tanto, tiene consecuencias.

Lo más interesante del asunto es el cómo reconocer esas consecuencias. Algunas puede ser inmediatas, la mayoría de muy largo plazo. Algunos pueden ser muy visibles, pero la mayoría serán difíciles de ver. De lo que no hay duda es de que habrá consecuencias.

Tomemos un caso concreto, eso que en derecho natural manda al autocontrol de los instintos sexuales, limitándonos al sexo dentro del matrimonio. Ahora veamos algunas de las consecuencias que pueden surgir cuando se ignora ese mandato.

Habrá embarazos fuera del matrimonio y sabemos lo que eso tiene a su vez como consecuencia hijos creados fuera de una familia completa, que elevan su probabilidad de vivir en la pobreza, de violencia en la juventud y de una educación baja, lo que llevará a ingresos menores en futuro.

También, se tienen mayores probabilidades de enfermedades sexuales, de abuso de menores. Más, por supuesto, mayor cantidad de abortos. Tampoco debe ignorarse que el sexo indiscriminado actúa en contra del sentido del amor por la otra persona y en contra de la confianza personal.

Impide la creación de hábitos de autocontrol y lleva a costumbres de renunciar a las responsabilidades personales. Las personas tenderán a verse como objetos de satisfacción egoísta, no como sujetos de amor mutuo.

Ahora piense usted en otra posibilidad. Otro caso, el de ignorar otra norma del derecho natural. Piense en una sociedad en la que la corrupción y fraude sean abundantes. En una sociedad así será difícil que las personas confíen unas en otras, lo que aumentará los costos de producción.

Me imagino que ha quedado claro lo que intento decir. Las normas del derecho natural, cuando son violadas, producirán situaciones negativas. Consecuencias que por lo general no son fáciles de ver porque se presentan en otros terrenos y no son inmediatas.

Peor aún, estar entrelazadas en una compleja red de consecuencias con influencias mutuas, lo que hará aún más difícil de ver el cúmulo de efectos totales que puede tener, por ejemplo, la legalización del aborto o la educación de adolescentes cuando ella enseña en la masturbación nada de malo tiene.

La sociedad es una estructura increíblemente compleja y frágil. Romper con las normas que la sostienen produce resquebrajadas en donde no se esperan y en momentos que no son instantáneos. No será fácil ver que no respetar una cierta norma hoy en un cierto campo produce más tarde consecuencias en otro.

La argumentación anterior pone el énfasis en eso que se llama consecuencialismo. Esto es una forma de razonar que justifica a las normas morales por las consecuencias que su violación significa. Es cierto que la violación de mandatos del derecho natural tiene consecuencias indeseables, pero no es eso todo.

Si, por ejemplo, se justifica al autocontrol sexual por causa del contagio de enfermedades venéreas, cualquiera podría argumentar en contra. Diría que usando ciertos aditamentos se evitaría el contagio, y que, por tanto, ya no tendría caso el autocontrol sexual.

El punto del derecho natural, sin embargo, es otro. Con independencia de las consecuencias negativas que se tengan, el derecho natural sostiene que el acto es en sí mismo malo. Humanamente malo por esencia propia, por lo que no sorprende que tenga consecuencias negativas.

La conclusión más razonable posible es la que usted ya se imagina. Las consecuencias de violar los mandatos que nuestra misma naturaleza impone son difíciles de ver. Esta dificultad es la que permite que muchas opiniones supongan que lo que ellas proponen no tiene consecuencia alguna.

La realidad es que sí las tienen y no son pequeñas. El hecho de que sean difíciles de detectar no significa que estas consecuencias no existan. Ese es precisamente el problema. Violar las normas del derecho natural produce consecuencias negativas que son tan profundas que se vuelven difíciles de percibir.

Post Scriptum

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