Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Terrible Ingenuidad
Eduardo García Gaspar
27 julio 2015
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Los recursos son escasos, limitados. Nuestras necesidades son amplias, ilimitadas.

¡Uy, tenemos un problema grande! Podemos comenzar a llorar, gritar y lamentar nuestro funesto destino.

Incluso podemos hacer predicciones.

Predecir que no alcanzará la comida porque ella no se produce al mismo ritmo que el aumento de la población. Quizá sea la afición irresistible que tenemos por los escenarios apocalípticos, por las predicciones fatales.

Pero también, podemos hacer otra cosa, ponernos a pensar y comenzar a hacer cosas que resuelvan ese problema de recursos limitados y necesidades ilimitadas. Supongamos un caso, una población de 100 familias en la que hay 100 sacos de harina.

El corazón del problema es obvio, el cómo asignar esos sacos de harina a esas personas. Una solución es simple: una de esas personas se encarga de asignar esos sacos a esas familias; da un saco a cada familia. La asignación de recursos o satisfactores es realizada por una autoridad central.

La población crece a 120 familias pero hay solo ahora 105 sacos. La autoridad procede al reparto y, ahora, toca a cada familia algo menos de 0.9 de saco. Si se proyecta esto al largo plazo, se verá un problema claro de insuficiencia de recursos y, seguramente hambre futura.

Pero hay otro problema grande, de corto plazo, la honestidad y sabiduría del responsable del reparto. No es un ser perfecto y sucumbirá a tentaciones de corrupción, nepotismo y demás, por no mencionar errores y equivocaciones.

¿Hay otra posibilidad de solución? Sí, una que se sale del marco mental que solo ve un problema de reparto de recursos por la vía de la autoridad que piensa que será perfecta. Pensar que el problema es uno de producción de recursos, cómo producir más, es un camino que promete.

Aquí surge una ciencia que se llama Economía. Lo que ella hace es estudiar cómo asignar recursos limitados a necesidades ilimitadas, con una atención muy especial a los incentivos que permitirían aumentar la producción. Se trata de tener más sacos de harina.

Solo hace falta poner atención en cómo la gente común y corriente ha solucionado el problema de la escasez de recursos y colocarlo dentro de un marco científico. En otras palabras, basta con observar a los mercados de pueblos y ciudades, y cómo han funcionado desde hace milenios.

Los productores y mercaderes tienen el incentivo de producir lo que la gente necesita y que les permita tener los mayores ingresos posibles porque luego ellos, que también son compradores y consumidores, tendrán dinero para comprar lo que necesitan, producen y venden otros.

La solución, en otras palabras, fue descubierta espontáneamente por personas que actuaron con libertad y sin la menor idea de que había algo que se llama ley de oferta y demanda. Queriendo satisfacer sus propias necesidades con recursos escasos, encontraron que lo podían hacer produciendo ellos mismos lo que otros necesitan para satisfacer necesidades.

Es decir, si usted se deshace de la autoridad que tiene el poder para repartir o frenar las conductas espontáneas de la gente, podrá hacer algo fantástico: liberar a las personas para usar sus talentos, los que buscando su beneficio propio colaboren a que los demás satisfagan sus necesidades.

Lo que así se ha logrado es usar el talento de todas las personas para producir más con los mismos recursos. Eso se llama crear riqueza y depende de los incentivos que las personas tengan para hacerlo. Quite usted esos incentivos y la riqueza se estancará.

Este camino es el único posible si queremos mejorar nuestras vidas materiales. No hay otro.

G. Zanotti lo ha expresado (Principios Básicos de la Escuela Austríaca de Economía en cuatro lecciones) bien:

«El problema más paradójico que tenemos con respecto a la escasez consiste, por ende, en ignorar el problema. En suponer que todo consiste en un gobernante bueno que distribuya santamente recursos que nacen como por encanto en las arcas del estado. Esa increíble ingenuidad se encuentra diseminada en los más ilustrados sectores dirigentes de todo el mundo. Esa ingenuidad tiene un precio muy alto. Ese precio es la más terrible miseria y pobreza de nuestros semejantes».

Hablemos claro: si usted espera que la prosperidad sea creada por medio de la intervención de una autoridad, eficiente y honesta, (re)distribuidora de recursos, usted provocará pobreza y miseria, por buenas y loables que sean sus intenciones. Las muestras abundan y son evidencia de una ingenuidad monstruosa.

Para ser claros: los 100 sacos de harina no aparecen por arte de magia de repente en las manos del gobernante que pretende repartirlos. Reconocer esto es ya un paso en la dirección correcta.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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