Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aumentar el Gasto Público
Eduardo García Gaspar
24 agosto 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


«El gobierno debe gastar más para estimular a la economía». Eso dijo la persona en una conferencia no hace mucho. Su idea es fácil de entender.

Conforme el gobierno aumenta su gasto, más dinero habrá en las billeteras de la gente y gastarán más. Comprarán más y entonces las empresas producirán más, crearán más empleos y se progresará. Este es el razonamiento propuesto.

Esa es en breve la narrativa de la bondad del gasto gubernamental. Establece una relación causal directa entre gasto gubernamental y avance económico. A más gasto más progreso. Eso sucede porque así llega más dinero a las personas y con más recursos, ellas comprarán más.

No es difícil de entender. Recuerda eso de que es sencillo engañar a la gente con una mentira fácil de comprender, que desengañarla con una verdad compleja. También eso de que es muy sencillo hablar de las cosas cuando de ellas no se contará toda la verdad.

Mi punto es, primero, que esa narrativa es muy fácil de entender. Esa facilidad, además, produce popularidad. Se dispersa por toda la sociedad con facilidad y, más aún, se adhiere a la mente y resurge sin necesidad de haberla razonado o justificado. Se convierte el algo lógico y obvio.

Las ideas de Podemos en España son un ejemplo diáfano.

Vayamos paso por paso.

La narrativa comienza con el gobierno aumentando su gasto. Sin embargo, lo que falta es saber el origen de esos fondos gastados. ¿De dónde salen? Ya que los gobiernos tienen como fuente de ingreso a los impuestos, eso significa que se aumentan los impuestos: más gente paga más impuestos.

El detalle no es pequeño. Significa que en realidad hay una transferencia de recursos del ciudadano al gobierno. El dinero que iba a ser gastado por el ciudadano es ahora gastado por el gobierno.

En abstracto, entonces, no hay diferencia neta en el gasto. Lo que ha disminuido en el ciudadano ha aumentado en el gobierno.

Significa que el gasto en esa sociedad no ha aumentado realmente. Lo que ha pasado es obvio. Lo que iba a hacer el ciudadano con su dinero ahora no lo puede hacer. Y lo que el gobierno no podía hacer antes, ahora lo podrá hacer.

Tampoco es difícil de entender, aunque no es tan simple como la narrativa incompleta original. Ante esto, alguien puede argumentar que los gobiernos pueden no aumentar los impuestos, sino hacer otras cosas. Por ejemplo, pueden pedir préstamos. ¿Es cierto? Sí.

Con el dinero que venga de esos créditos podrá elevar el gasto hoy sin aumentar impuestos ahora, pero esos préstamos tendrán que ser pagados algún día. Y se podrán pagar solamente con impuestos futuros. Lo mismo que antes, pero transfiriendo el aumento de impuestos a generaciones futuras. No es justo ni lógico.

Con un efecto adicional, la presión de la solicitud de créditos en el mercado de capitales. El monto dado al gobierno disminuirá el monto disponible para el ciudadano.

Los otros medios de elevación de gasto público sin elevar impuestos ni pedir prestado, son fraudulentos: crear más dinero para gastar más produce la devaluación de la moneda y tiene el mismo efecto que un aumento de impuestos generalizado.

Sucede entonces algo que muy bien merece una segunda opinión.

La discusión entonces es otra totalmente distinta. Es la de quién gasta con mejores resultados los recursos, el ciudadano o el gobierno. Obviamente ya no es la narrativa original, que es demasiado incompleta y sesgada.

¿Quién gasta con mejores resultados? Esta es la discusión de fondo y merece ser iniciada con una consideración general: quien ha trabajado por tener esos recursos los cuidará más que quien se los ha quitado a otro por la fuerza.

El concepto de la tragedia de los comunes es aplicable aquí.

Otra consideración importante es la conocida y reconocida ineficiencia gubernamental, aunada a posibilidades reales de corrupción.

En este momento, alguien argumentará que el gobierno gastará en cosas de bienestar social como creación de empleos, educación, sanidad, pensiones y otras cosas similares, mientras que el ciudadano no hará ese tipo de gasto. ¿Es cierto? No realmente.

El gasto del ciudadano creará empleos y eso significa dinero en más manos (para sus pensiones, médicos, educación, lo que sea). O bien, el ciudadano invertirá, con el mismo resultado anterior. Un gasto más cuidado, eficiente y limpio.

Es cierto que el gobierno necesita recursos para servicios como policía, tribunales, bienes públicos en general. Cosas que sí tienen un efecto positivo, pero no quiere decir que mayor gasto público cree más prosperidad. Quizá, después de un cierto monto, podría significar lo opuesto.

Post Scriptum

Queda un punto pendiente aún, el de la razón por la que algunos insisten en el aumento del gasto público y la elevación de impuestos. Ello se debe a una creencia que tienen: suponen que gastar en lo que ellos proponen es mejor que dedicar ese mismo dinero a lo que los ciudadanos quieren.

Dicho de otro modo, ellos han diseñado a la sociedad que ellos piensan que es la ideal, pero no tienen fondos para realizar el proyecto que quieren y buscan obtenerlos por medio del poder gubernamental para cobrar impuestos por la fuerza.

Esto es fácilmente visto en un documento de Podemos en España pidiendo 28,000 millones de impuestos en 2019.

Neto, neto, los impuestos mayores pedidos para aumentar el gasto público no son nada más que el financiamiento por la fuerza de un proyecto de uno o más partidos para construir la sociedad que esa élite supone es la ideal. Eso es como pedirle a usted dinero para comprarle  su ropa según el gusto del que lo pide.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras