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Estado de bienestar, características de sus gastos. El diseño mismo del Estado Benefactor es defectuoso por el tipo de incentivos que utiliza. Produce desperdicio y malos servicios, además de luchas políticas y dependencia.

Introducción

La noción del Estado de Bienestar es, sin duda alguna, conocido y aceptado, más por los bienes aparentes que promete que por los males reales que esconde. Los, sin duda, loables objetivos que persigue un Estado de Bienestar han servido para ocultar las fallas de ese sistema.

Eso es lo que examinan Milton y Rose Friedman, el enorme aparato del Welfare State y así desmitificarlo en unas pocas páginas con razonamientos al alcance de todos. Lo hacen usando las características del tipo de gastos que hace el Estado de Bienestar.

La idea de esta carta está tomada de la obra de Friedman, Milton, Friedman, Rose D, Free to choose: a personal statement. San Diego. Harcourt Brace Jovanovich, Chapter 4, «Cradle to Grave, The Fallacy of the Welfare State», pp. 115-119.

Estado de bienestar, la decepción

El comienzo de los autores en el tema es simple. Plantean ellos la interrogante acerca de la decepción que han causado los resultados de los Estados de Bienestar.

Después de todo lo que esos sistemas han intentado alcanzar son objetivos sin duda admirables. Sin embargo, por alguna razón, esas metas no han sido alcanzadas.

El resto de esta sección está destinada a una mirada analítica del por qué del fracaso del Estado de Bienestar.

Algo de historia

Una visión histórica ayuda a contestar al menos en parte esto. En los arranques de un sistema de Estado de Bienestar, la estructura de la población era una ayuda sólida a ese régimen.

El número de personas que debía recibir los beneficios era reducido y el número de personas que debían cubrir los costos de esos beneficios era mucho mayor.

De esta manera, en tiempos pasados, una pequeña cantidad pagada individualmente por un grupo muy numeroso hacía posible reunir una cantidad total suficiente para pagar los programas de asistencia a un conjunto muy diminuto.

Con el transcurso del tiempo, esos números han cambiado y los programas del Estado de Bienestar se han expandido.

Pero la visión histórica es solo una explicación parcial de ese fracaso, el que se debe más a poderosas razones en el diseño de un sistema defectuoso por naturaleza propia. Concretamente con las características de los gastos que realiza el Estado de Bienestar.

Los cuatro tipos de gasto

Inmediatamente después de esa introducción, los Friedman utilizan una herramienta que les permite analizar los tipos de gastos que realiza una persona.

Desarrollan ellos cuatro tipos de gastos posibles, dependiendo de quién hace el gasto y de a quién se dedica ese gasto.

Con esos conceptos se tienen, por tanto, cuatro posibilidades o categorías de gasto.

Gasto categoría I

La persona gasta su propio dinero en su propio beneficio. El ejemplo más claro de esto es toda compra que uno hace de un bien que uno mismo usará.

Puede ser el gasto que alguien realiza en un supermercado para adquirir artículos para su propio consumo. O bien la compra de un automóvil para su propio uso.

Claramente existe en esta categoría un fuerte incentivo para realizar una compra eficiente y económica, comprando el bien que más valor representa para la persona.

Gasto categoría II

La persona gasta su propio dinero para beneficio de un tercero. El ejemplo más típico de esto es la compra de regalos de Navidad o cumpleaños.

Igualmente en esta categoría se tiene un fuerte incentivo para economizar, aunque algo menos para lograr el máximo valor para el receptor del regalo.

Gasto categoría III

La persona gasta dinero ajeno en ella misma. Es el caso de las cuentas de viaje cubiertas por la empresa.

En este caso, la persona no tiene un fuerte incentivo de ahorro, aunque sí tiene una motivación para obtener el máximo valor posible para ella.

Gasto categoría IV

La persona gasta dinero ajeno en terceras personas. Es el caso de pagar uno mismo la cuenta de otra persona con cargo a la empresa.

No hay aquí incentivo para gastar menos ni para buscar el máximo valor.

Los gastos del Estado de Bienestar

Los gastos que realiza un Estado de Bienestar tienen las características del tipo III y IV.

Es decir, el gobernante gasta dinero de otros en sí mismo, por ejemplo, con un programa de seguridad social para burócratas. O bien, el gobernante gasta dinero de otros en programas de vivienda para trabajadores de empresas.

Obviamente, por diseño, en esas categorías de gasto existen motivos débiles para el ahorro y, dependiendo de la categoría, puede tenerse un escaso incentivo para lograr valor en la compra.

Estado de bienestar, características de sus gastos

Esta naturaleza del gasto de un Estado de Bienestar es la causa central de los defectos de ese sistema. El mecanismo puede ser visto de la manera siguiente.

Los legisladores votan eligiendo la manera en la que el gasto se realizará y los ciudadanos que han elegido a esos legisladores están de manera indirecta seleccionando la manera como su dinero será gastado en ellos mismos.

Pero ese gasto no es igual al de la Categoría I, pues el gasto realizado no es elegido por cada ciudadano en lo individual. Los burócratas que realizan el gasto están en realidad usando dinero que no es de ellos, por lo que no debe sorprender que los gastos se eleven escandalosamente.

En una situación en la que alguien gasta dinero ajeno en terceros no puede funcionar la fuerte motivación de ser eficiente y gastar esos fondos de la manera que sea de mayor beneficio para los beneficiarios del gasto.

Por esto es que tampoco debe sorprender el desperdicio y la ineficiencia de ese tipo de gasto en un Estado de Bienestar.

La tentación de más dinero para uno

La cuestión no para allí. Debe considerarse la tentación de obtener dinero de terceros. Una tentación difícilmente resistible, que provoca que los burócratas quieran el dinero para ellos mismos y no para esos terceros a quien se supone debe beneficiar el gasto.

Las oportunidades de corrupción, de engaños y fraudes en un Estado de Bienestar son amplias y no siempre se rechazan o evitan.

Pueden, al mismo tiempo, existir maneras legales por las que el dinero se desvíe a los burócratas, por ejemplo, con sindicatos de burócratas que consigan sueldos y prestaciones superiores a los del mercado.

Consecuencias de la tentación

Esta realidad, además, tiene dos consecuencias que no han sido suficientemente examinadas. Y que son parte de las características de los gastos que hace un estado de bienestar.

Grupos organizados privilegiados

La de ellas es la situación por la que esos programas gubernamentales tienden a favorecer a grupos organizados de ingresos medios y altos. Y no a quienes se supone son sus receptores naturales, las personas de ingresos muy bajos.

Las personas pobres lo son por carecer de habilidades bien pagadas en el mercado y tampoco poseen las habilidades para entrar al juego político que logre planes gubernamentales para su beneficio.

La elevación de las prestaciones de trabajo de un sindicato poderoso que ya ha logrado sueldos superiores para sus trabajadores, es un ejemplo de esta posibilidad.

Beneficio neto

La segunda consecuencia es de naturaleza cuantitativa: la cantidad total transferida a la autoridad puede ser mayor que el beneficio neto recibido por los destinatarios del programa.

Si, por ejemplo, existiera un programa con beneficios iguales a un millón y que cualquiera puede obtener, entonces tiene sentido para el recipiente potencial gastar hasta un máximo de esa cantidad para obtenerlo.

Puede gastar en cabildeo, en campañas de comunicación, en contribuciones a campañas políticas, en marchas de apoyo y otras muchas actividades.

Ninguno de esos gastos es de beneficio para el ciudadano.

Esos gastos, en realidad, deben ser deducidos del beneficio total obtenido por quien los haya realizado, haciendo que el beneficio neto sea menor a la cantidad destinada al programa, incluso con resultados de déficit.

Más características de los gastos del Estado de Bienestar

La búsqueda de esos beneficios a grupos organizados, subsidios sectoriales, explican la presión que existe adicionalmente para la obtención de cantidades crecientes de recursos para más y más programas de gasto, para más y más gasto.

En esos programas de bienestar los resultados iniciales suelen fallar, poniendo aún más presión en los burócratas para elevar los dineros disponibles para ellos.

Es natural que ante resultados no satisfactorios, los gobernantes concluyan que requieren más programas y más dinero para el bienestar de la sociedad.

Gastar dinero de acuerdo a las condiciones de la Categoría IV tiende a corromper a las personas que realizan el gasto, ya que las coloca en una posición con buena dosis de soberbia.

Son ellas las que se han puesto en la posición de decidir qué es lo que es bueno para los demás, lo que les crea un complejo de divinidad con gran poder sobre otros. Y en los otros, crea un sentimiento de dependencia infantil que atrofia sus sentido de responsabilidad personal.

El fracaso del Estado de Bienestar

Un Estado de Bienestar, por tanto, no sólo desperdicia recursos de una sociedad sino que también erosiona el tejido moral que debe tener una sociedad.

Además, un Estado de Bienestar se sustenta en la posibilidad de retirar dinero de los ciudadanos por la vía de impuestos usando la coerción del gobierno.

Por tanto, es obvio concluir que detrás de todo Estado de Bienestar está la amenaza de un poder gubernamental desmedido. Un real ataque a la libertad personal.

Desventajas sustanciales que parten de una realidad. La de las características de los tipos de gastos que realiza por necesidad el Estado de Bienestar. Un sistema erróneo por diseño.

Más sobre el tema de las características del Estado de Bienestar y los gastos que realiza.

Características del Estado de Bienestar

Por Eduardo García Gaspar –   3 marzo, 2005

Mala colocación de fondos

El mecanismo tradicional de colocación del dinero del estado de bienestar, el welfare state, o estado benefactor, es equivocado.

Lo acomoda en el lugar erróneo y por eso falla a la hora de proveer los servicios que tanto enorgullecen a ese tipo de gobierno.

El resultado neto es una baja calidad de los servicios que ofrece y una disminución del bienestar que pretende lograr. Me explico.

Un estado de bienestar es ese que provee una buena cantidad de servicios, como educación pública, atención médica, casas y habitaciones más otras posibles cuestiones etiquetadas como servicios públicos necesarios.

Es el gobierno el que toma en su mando la provisión de todo eso. Y al hacerlo comete un error monumental al menos. La mala colocación de fondos es una de las características del Estado de Bienestar.

El sistema de colocación de fondos

El sistema de administración de esos servicios funciona así: los dineros necesitados para los servicios son dados a las instituciones que los ofrecen.

Por ejemplo, en educación pública el dinero lo reciben las escuelas, no los padres de familia. Es el gasto tipo IV según los Friedman.

En atención médica, los dineros los reciben los hospitales no los pacientes. Esto cambia absolutamente todo, pues quien recibe ingresos independientemente de lo que haga, carece de incentivos para hacer un buen trabajo.

La educación pública, por sistema, tiende a ser de menor calidad que la educación privada precisamente por eso. Cuando la escuela es pública, ella recibe sus ingresos del gobierno, no de sus alumnos. Las características del tipo de gastos del Estado de Bienestar producen ese efecto.

Lo contrario sucede con las escuelas privadas, que reciben el dinero de sus estudiantes y de nadie más. Obviamente se preocupan por ellos más que las escuelas públicas.

Por esta razón han funcionado los sistemas de vales de educación: los padres reciben los vales y con ellos pagan la escuela que ellos seleccionan, con lo que los ingresos de las escuelas dependen de la calidad de la educación que brinden.

El caso de Estocolmo

Los servicios públicos de salud funcionan mal porque no hacen esto, sus ingresos y sobre vivencia no dependen de dar una buena atención al paciente. Por eso llama la atención la experiencia de Estocolmo.

A finales de los años 80, según los datos que tengo, los servicios de salud en Suecia eran malos y operaban bajo el mismo sistema: sus ingresos venían del gobierno, no de los pacientes.

Pero en esa ciudad se hizo algo diferente, se cambió la manera en la que los hospitales recibían sus ingresos. Ellos serían remunerados de acuerdo a las operaciones y procedimientos que hicieran.

El incentivo, en otras palabras, se cambió. Los ingresos ya no dependían de lo que recibían directamente del gobierno, sino de la preferencia hacia el hospital de los pacientes y, más aún, de su productividad.

El resultado del cambio fue el obvio, la productividad creció y poco a poco, se estableció un sistema de competencia que mejoró la atención médica.

Por ejemplo, fuera de Estocolmo la espera para una operación de hernia era de 10 meses, en esa ciudad de un mes o menos. El asunto es obvio y tan grande que pasa desapercibido. Las características del Estado de Bienestar tienen al menos esa falla descomunal: no crea incentivos para dar buen servicio.

Un asunto de incentivos

Por eso, lógicamente, las casas construidas por un gobierno son de menos calidad que las construidas por los ciudadanos. El constructor recibe sus ingresos de quien no usará las casas.

Con los hospitales y médicos sucede lo mismo. Ellos reciben sus ingresos por parte de quien no usa el servicio. Y las escuelas públicas por parte de quien no se educa allí.

Las intenciones son buenas, pero los resultados son pésimos. Todo porque en las características del estado benefactor no se tiene el sentido común de cualquier mente práctica.

Este error del estado benefactor no es una equivocación ligera, es una falla estructural monstruosa.

Piense usted en esta posibilidad, la del propietario de una tienda de ropa cuyos ingresos no dependan de complacer a sus clientes, sino de lo que un burócrata le asigne en un presupuesto.

¿Tendrá ese propietario algún incentivo para servir a sus clientes cuando ellos no son los que le dan a ganar?

La cosa empeora, pues escuelas y hospitales, se preocuparán más por atender a ese del que dependen sus ingresos que a sus alumnos y pacientes. Es así que el estado de bienestar no solo da malos servicios, sino que crea un ambiente de rivalidad y lucha política para conseguir ingresos del gobierno.

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M. Friedman explicando los tipos de gasto: