Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entender el Cambio
Eduardo García Gaspar
2 mayo 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son tipos de personas. Categorías de ellas de acuerdo con su capacidad para entender.

Mejor dicho, con la facilidad con la que se les puede hablar. La idea es de T. S. Eliot (1888-1965), el escritor.

Lo expresó así:

«Hay una clase de persona a la que uno habla con dificultad, y otra a la que uno habla en vano».

¿Inútil hablar con algunos? Sí, de acuerdo con eso. ¿Quiénes son? La respuesta de Eliot:

«[…] más numerosos y obstinados de lo que parecen al principio, porque representan un estado mental al que todos estamos propensos por medio de la pereza natural a recaer, consiste en esas personas que no pueden creer que las cosas serán nunca muy diferentes de lo que son en este momento».

Fascinante idea la verdad: propensión, gracias a pereza mental, a no poder imaginar que las cosas podrán cambiar; las cosas, creen estos, los obstinados, seguirán igual que hoy. Y no solo eso, Eliot añade sobre esta clase:

«De vez en cuando, tal vez bajo la influencia de algún escritor u orador persuasivo, pueden tener un instante de inquietud o de esperanza; pero el aletargamiento invencible de la imaginación les hace que sigan comportándose como si nada cambiara jamás».

Me parece que Eliot ha entrado en un campo poco frecuentado: la capacidad o falta de ella para entender que las cosas cambian, que ellas no seguirán por siempre igual.

Acerca de la segunda clase de gentes, dice:

«Aquellos a los que se habla con dificultad, pero tal vez no en vano, son las personas que creen que los grandes cambios deben venir, pero no están seguras, ya sea de lo que es inevitable, o de lo que es probable, o de lo que es deseable».

Completo así la idea que quiero apuntar: la comprensión del cambio, su real entendimiento mucho más allá del clisé de «lo único constante es el cambio». Eso que se repite sin entender nada más allá que adelantos tecnológicos y científicos.

Hace muchos años, un amigo expresaba repetidamente «no se preocupen, no pasa nada, las cosas seguirán igual». Eso era al inicio de los años 80 y suponía que el PRI seguiría en el poder y que no habría crisis económicas sustanciales. Por esas épocas otro amigo juraba que nunca habría matrimonios del mismo sexo.

Creo que el tema tiene dos facetas claras.

Una es la tendencia mental a suponer que las cosas seguirán como están ahora mismo, con cambios poco importantes. No importa que la historia muestre lo opuesto y que las personas lo sepan; ellas padecen ese aletargamiento mental que no puede imaginar nada diferente en cosas más allá de lo tecnológico.

La otra es también una falta de imaginación sobre lo que cambiará acerca de su inevitabilidad, de su probabilidad, de su conveniencia. Se reconoce que habrá cambios, pero ellos son dudosos, poco notorios, seguramente no comprendidos.

Otro amigo lo ha expresado de manera clara: «Las personas parecen no entender que las cosas más estables según ellas están cambiando bajo sus propias narices, muchas veces de manera tal que se unen a lo que odian y rechazan lo que más valoran».

En fin, lo que intento hacer es llamar la atención sobre lo inevitable del cambio en las cosas más profundas y ocultas de nuestra cultura y civilización. Es fácil percibir el adelanto en avances medicinales, pero parece ser una tarea imposible lograr poner atención en las modificaciones culturales y morales.

Una tarea para la que tienen habilidades desarrolladas algunos pocos privilegiados, como el mismo Eliot y algunos como R. Scruton o Charles Taylor, más algunos otros.

Es esa incapacidad para comprender la existencia de cambios inimaginables que presenta la paradoja que mi amigo señala: termina por hacer que por falta de imaginación las personas aprueben lo que más desaprobarían y desaprueben lo que más aprobarían.

Me refiero a cosas como las transformaciones de significados de nociones como las de derechos humanos y democracia; modificadas de tal manera que casi están en el lado opuesto de su concepto original.

Post Scriptum

Las citas de Eliot están en lifeondoverbeach.wordpress.com

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