Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ganancias Inmorales
Eduardo García Gaspar
8 septiembre 2016
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La apariencia es similar, pero su fondo muy distinto. Vistas desde fuera se perciben casi iguales.

Es cuando se mira el interior que las diferencias saltan. No es lo mismo una empresa privada que una empresa pública.

Hagamos un ejercicio teórico sencillo. Supongamos dos empresas petroleras, una pública y otra privada. Las dos extraen petróleo, lo refinan, producen gasolina y la distribuyen. Las personas pueden ir a surtir gasolina a la que quieran.

Las empresas competirán en precios, localización, calidad, servicio y demás. Igual que sucede en un mercado libre, con el consumidor como beneficiario principal. Nada que no se sepa (aunque suela olvidarse con frecuencia).

Las empresas, las dos, serán sustentables solamente si tienen utilidades o beneficios, como usted quiera llamarles. Las ganancias permiten mejorar, renovar, innovar, crecer y, por supuesto, son un premio justo al capital invertido por los propietarios.

En un caso, los propietarios son personas privadas y en el otro es el gobierno. En teoría ambos propietarios deberían administrar a la empresa bajo ese criterio, el de eficiencia y mejora, dando ganancias.

Aquí es cuando las cosas empiezan a merecer una segunda opinión porque los propietarios tienen una naturaleza muy diferente y eso produce un efecto considerable.

En la empresa privada, los propietarios tienen fuentes limitadas de recursos, lo que les impide enfrentar pérdidas por largos períodos. No tienen la capacidad de cubrir esas pérdidas por siempre. Puede llegar el punto de tener que cerrar la empresa.

Sin embargo, la empresa que es propiedad del gobierno no tiene esa limitación. Ella puede enfrentar pérdidas durante largos períodos sin tener que cerrar. Sucede esto porque el gobierno puede realizar transferencias de fondos a la empresa, grandes fondos que el gobierno obtiene por la fuerza de otras empresas y personas.

Esto está ilustrado por una noticia usual en México:

«La Comisión Federal de Electricidad (CFE) registró pérdidas netas por 20 mil 219 millones de pesos en los primeros tres meses del año, lo que significa 24 por ciento más que el año pasado».

Lo que sucedió el año anterior:

«La Comisión Federal de Electricidad (CFE) registró una pérdida neta de 93 mil 912 millones de pesos durante 2015, 100% más que en 2014 cuando reportó una disminución de 46 mil 832 millones de pesos».

Esta diferencia es lo que diferencia notablemente a las dos empresas, haciendo que una viva siempre preocupada por eficiencias, ahorros, innovaciones, atracción de clientes y demás; mientras a la otra poco interesarán esos temas porque tiene a su alcance recursos abundantes que no son producto de su buena administración.

Y, suele suceder, que sus sindicatos aprovechan esto para, por ejemplo, tener pensiones fantásticas. Fue reportado:

«La CFE registró en 2015 pérdidas históricas, a pesar de ello debe pagar jubilaciones a 42 mil trabajadores que suman un gasto de 620 mil millones de pesos».

Una empresa de gobierno, con acceso a recursos externos abundantes e incondicionales, se transforma en algo muy distinto a la empresa privada. La empresa estatal es percibida como un botín del que salen recursos por los que no hay que sentir responsabilidad.

En el caso de Pemex, las pensiones cuestan 1,800 millones mensuales.

Una vez comprobada la diferencia, muestro algo que es fascinante y para ello uso el ejemplo de un amigo en sus dos facetas.

• Un indignado mayúsculo ante esos datos de pérdidas en empresas estatales y las pensiones indebidas de sus empleados. Es un crítico eterno de la mala administración de empresas e instituciones públicas, desde las universidades hasta los servicios de salud.

• Al mismo tiempo es una persona que habla con odio al referirse a las ganancias empresariales y el afán de lucro de los empresarios.

No comprende su contradicción.

Es precisamente la intención de tener ganancias lo que pone un freno a todo eso que en lo que falla la empresa pública. Ya que no puede darse el lujo de perder tanto dinero, no lo hace y no puede convertirse en un botín.

Más, finalmente, algo que a mi amigo le cuesta mucho trabajo entender: gracias a que el propietario de la empresa quiere ganar dinero, se ve obligado a ofrecer servicios y productos que gusten al consumidor quien puede escoger entre varias opciones.

Es decir, lo que para muchos es reprobable, resulta ser algo realmente bueno y beneficioso. Si en una utopía un gobierno tuviera competencia con otros gobiernos dentro de un mismo país y dependiera de atraer ciudadanos, comenzaría a preocuparse de tener esas ganancias inmorales que en realidad son muy morales.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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