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¿Qué es un Artista?
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2016
Sección: ARTE, Sección: AmaYi
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¿Cómo distinguir lo que un niño podría pintar de lo que un pintor hace? ¿Cómo distinguir lo bello de lo feo? ¿Qué es un artista? ¿Cómo saber si es un genio o un impostor?

Las ideas de un experto con ideas muy propias, Ernst Gombrich (1909-2001), austríaco, radicó en Inglaterra, con el título de Sir, ayudan a responder preguntas como esas.

Las ideas de Gombrich fueron encontradas de una entrevista que concedió a Guy Sorman para su libro Los Verdaderos Pensadores de Nuestro Tiempo, Seix Barral, 1991, pp. 256-262.

El primer punto de la entrevista de Sorman a Gombrich es directo. Hay valores que son absolutos, que no cambian. Un Rembrandt fue, es y se mantendrá bello. No hay relativismo cultural ni temporal.

Lo Verdadero y lo Falso no cambian en el tiempo. Igual sucede con lo Feo y con lo Hermoso. No cambian. No sufren modificaciones, nunca.

Más aún, el arte no puede hablarse de progreso, ni de hacerlo dependiente de las relaciones económicas ni de superestructuras sociales, al estilo de las explicaciones marxianas.

El arte, o mejor dicho, el artista, es un suceso impredecible, único. No puede vaticinarse. Es imposible pronosticar al artista. Es algo así como una casualidad.

Por ejemplo, Génova y Venecia durante el Renacimiento. Ambas ciudades estuvieron en circunstancias económicas prácticamente iguales, pero fue Venecia la que se tornó un centro artístico. Génova, no.

¿Qué sucedió en Venecia que no pasó en Génova? Algo digno de mencionar, según Gombrich.

Aparecieron genios artísticos en Venecia, pero no en Génova. Nadie lo pudo prever. Nadie lo puede explicar. Simplemente sucedió. En un lugar aparecieron genios, en el otro no. Pensar así, lleva a Gombrich a afirmar que no hay arte en realidad, sino que hay artistas.

Los artistas son seres que aparecen sin aviso, sin que pueda saberse dónde, ni cuándo, ni porqué. El arte, por tanto, es producto del talento personal, de la habilidad singular, de la excelencia de un ser concreto y específico.

Los cuadros de Velázquez son de él, irrepetibles, efectos de dones propios y particulares. Y los de Goya. Y los de Van Gogh.

El siguiente punto de Gombrich es la definición del artista. ¿Quién es el ser que crea a lo Hermoso?

Los artistas son seres privilegiados, con dones para equilibrar colores y formas de alguna manera y que no quedan satisfechos con soluciones mediocres a sus combinaciones.

Sus obras desafían la explicación. Por tanto, de nuevo, no es posible prever al artista. Simplemente sucede esa explosión de talento y habilidad de un ser individual.

Sin embargo, el artista sufre la influencia de su medio ambiente. Gombrich la llama «lógica de situación», la que cambia en el tiempo.

Por eso es diferente la pintura de una tumba egipcia y la pintura impresionista. El artista reprodujo una realidad que él vio de cierta manera y los espectadores imaginan ver en esa obra lo que ya conocen.

Esas lógicas de situación provocan cambios en las etapas de los artistas de un tiempo y de otro. Para cada situación, los artistas crean modelos, formas de ver la realidad y llega a quedarse el modelo más convincente, como el egipcio, el griego, el románico y los que siguen, cada uno en su época. Hasta los impresionistas.

Allí, con los impresionistas, según Gombrich, se rompe la secuencia.

Sí, hay continuidad desde el arte del viejo Egipto hasta el arte impresionista. Pero desde ese momento ya no hay una representación del artista. Ese papel ha cambiado por un par de adelantos técnicos del hombre: el cine y la fotografía.

¿Qué es lo que hace el artista en estos nuevos tiempos? Lo que hace es presentar estados de ánimo. Pero los artistas ahora presentan estados de ánimo, y sus estados de ánimo pocas veces son interesantes. Dicen tener cosas que decir, pero ellas no necesariamente son pertinentes.

¿Qué pasará con el arte actual y futuro? Nadie lo sabe. Si el artista es un ser dotado de genio individual, singular e impredecible en su aparición, eso significa que los pronósticos son inútiles.

Sin embargo, afirma Gombrich, el arte no morirá. Tomará otras formas, como los hologramas tal vez, pero no dejaremos de tener arte. Como tampoco sabemos quiénes serán los considerados maestros mañana.

Volvamos a los estados de ánimo, que es lo que el artista de hoy representa y que rara vez son interesantes, como sí lo son Mondrian y Klee.

Ahora, el artista es agitación, intranquilidad, movimiento, novedad, innovación. ¡Y eso es un absurdo!, dice Gombrich. Velázquez no hizo cosas nuevas, simplemente hizo algo y lo hizo muy bien. No innovó.

Peor aún, el mercado del arte tiene un efecto peligroso. El miedo a perder una venta de arte hace que sea declarado hermoso lo que es feo. Se da pues, un campo fértil a la relatividad de los conceptos, una idea contraria a Gombrich, para quien lo Hermoso es una constante.

Esa masificación del arte, en el mercado, es contradictoria. Una pintura no puede ser vista en unos pocos segundos como parte de una visita a algún museo. No puede medirse el éxito del artista por la cantidad de visitantes.

Para apreciar el arte, según Gombrich, la persona requiere preparación y educación y tiempo.

Con opiniones de ese calibre no sorprende que Gombrich insista en un punto que da consistencia interna a sus opiniones.

Por un lado, el artista es un genio individual. Es un ser excepcional, que como nadie más, sabe mezclar colores y formas para crear obras que desafían explicaciones. Nadie sabe cuándo aparecerán esos genios. Son accidentes de la historia.

Por otro lado, los conceptos de lo Hermoso y lo Feo, no varían en el tiempo. Cierto, hay lógicas diferentes de situación en el tiempo, pero eso no cambia la esencia. Lo Feo siempre seguirá siéndolo. Igual que lo Hermoso. Además, las obras del artista necesitan de personas preparadas para ser apreciadas.

No extraña, entonces, una de las opiniones de Gombrich: el mejor crítico es el artista mismo. Cuando un artista dialoga con su obra, ese artista es el genio impredecible, pero si es que dialoga con el mercado del arte, ese artista puede ser un impostor.

Gombrich apoya la idea del arte como producto de habilidad, capacidad, lucidez y talento personal, propio, individual y singular, que tiene honestidad consigo mismo, que ignora opiniones mayoritarias.

No puede haber obras de arte creadas por colectividades. Cada pintura, cada escultura, cada partitura, cada obra arquitectónica, es el producto de una sola mente, de un sólo individuo.

Nota del Editor

Este resumen fue publicado originalmente en junio de 1996 y aquí se reproduce con pequeños cambios.

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

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La sección Grandes Ideas en ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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