Juventud como ídolo

Es un fenómeno con caras múltiples. Desde la crema que quita arrugas, hasta las operaciones de cirugía plástica. Desde el uso de jeans hasta los discursos políticos.

Es algo como un culto a la juventud. Es querer verse joven, por supuesto, pero también eternizar la juventud mental. Y es también, como un desdén a lo adulto y viejo percibido como decadencia.

Más claramente, me refiero a esa tendencia fuerte y marcada que coloca a lo joven como el ideal de la vida, como el clímax de la existencia. Como la etapa de la vida en la que debe uno conservarse.

Con un pequeño detalle que todo lo cambia. La juventud es una fase de la vida. Hay otras más y, peor aún, la transformación es inevitable. No es posible detenerla, aunque eso quiera lograrse con vestimentas y operaciones y actitudes.

Más ampliamente, es una mentalidad en la que se idolatra a lo nuevo, sea lo que sea. Y se desdeña a lo conocido, sea lo que sea. Un medio ambiente de pase automático a lo que tenga la apariencia de joven y reprobación inmediata a lo que parezca viejo y maduro.

Las cualidades de la juventud, mucho me temo, han sido exageradas; igual que lo han sido las desventajas de la madurez y la experiencia. Una muestra de esto es la aventurada ingenuidad de los ciudadanos que están dispuestos a creer las promesas más descabelladas de campañas políticas.

Otra muestra es el sexo y su comprensión como un derecho a la diversión sin consecuencias. La constitución de la Ciudad de México, por ejemplo, garantiza sexo seguro. Es decir, sexo sin responsabilidad, sin compromiso, sin disciplina. La juventud sexual garantizada estatalmente, para todos.

Es como una nueva búsqueda de la fuente de la juventud eterna, ahora por otros medios. ¿Por qué hablar de esto?

Por una razón. Creo que puede encontrarse en el tema una explicación de un fenómeno de nuestros días, el hedonismo gratuito. Me refiero al placer sin costo, al gozo sin responsabilidad. La posibilidad de abortos pagados por el gobierno es el clímax de ese hedonismo sin costo: matamos a tu hijo para que no sea un obstáculo a tus placeres futuros.

Es como un mundo sin adultos en el que los niños y jóvenes hacen lo que les viene en gana. Y entre todos ellos crean su mundo, en el que el político-joven concede al ciudadano-joven permisos como entrar a una universidad sin necesidad de saber. Sin la aportación de la experiencia adulta, crean fantasías que creen posibles.

Es como la clonación masiva de Peter Pan, ese niño que odia el mundo de los adultos y no quiere crecer. y lo que tiene en común con Oscar, en El Tambor de Hojalata. En vez de quedarse como niños, ahora se quiere permanecer joven: a adolescencia convertida en meta y objetivo de la existencia.

El mundo de la pubertad, la lozanía y la mocedad. Pero también de la inexperiencia, el noviciado y la impericia. Un colegio sin profesores en el que ninguna acción tiene consecuencias mas allá del gozo de corto plazo.

Y, más aún, esa permanencia juvenil eterna la promueven el político-joven, quien sin importar su edad, como Bernie Sanders o López Obrador, producen mundos ideales que su sustentan en una cosa sola: quitarse de encima a la experiencia adulta, al conocimiento anterior.

Es el medio ambiente en el que la clave del éxito es el acto de desafío, la provocación y la bravata. Rasgos muy bien ejemplificados en el abandono de los buenos modales y las palabras desafiantes de la política.

En fin, solamente he querido llamar la atención hacia el delirio de la juventud hedonista gratuita y usarlo como explicación de fenómenos actuales diversos, desde la moda hasta las cirugías, desde los abortos hasta el Viagra, desde las propuestas políticas irrealizables hasta el arte sustentado en provocación.

Post Scriptum

Un indicador de esa obsesión juvenil es el este, muy clásicamente adaptada a los tiempos electorales, en el que un candidato dice que su «gobierno será de jóvenes» y asigna una cuota de ellos para puestos altos.

 

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