Constantes humanas universales. Ellas imponen límites a la política. Pero llaman poco la atención. Damos demasiado énfasis a las diferencias y poco a las constantes.

Cosas en las que todos tenemos un parecido que poco llama la atención porque nos parece obvio. Lo llamativo son las diferencias y no las similitudes. Debería ser al revés.

Constantes humanas universales, ejemplos

En un mercado, por ejemplo, con gente vendiendo y comprando, ¿habría diferencias esenciales en dos lugares aislados uno de otro?

Un libro ofrece un testimonio de hace varios siglos comparando dos civilizaciones que no habían antes tenido contacto entre ellas, España y el Nuevo Mundo.

«[…] Peralonso Niño recordó más tarde que “al hacer sus ofertas y sus negociaciones y disputas, los nativos llevaron a cabo sus negocios comerciales casi de la misma manera que nuestras mujeres cuando están discutiendo con vendedores ambulantes”». Thomas, Hugh. Rivers of Gold: The Rise of the Spanish Empire, from Columbus to Magellan (Kindle Locations 4149-4152). Random House Publishing Group. Mi traducción. 

Otra instancia de otra parte de las similitudes en todos los tiempos. Esta se refiere a esa parte de los gobernantes que busca y encuentra oportunidades para allegarse fondos.

En otra parte del mismo libro, se habla de impuestos y un efecto colateral inevitable:

«Para el mundo moderno, debe parecer curioso que ningún capitán con destino a las Américas pueda, por ley, anclar en cualquier puerto europeo sin buscar un permiso oficial. Pero así era, ya que todos los gobiernos deseaban gravar con impuestos a los barcos que se dirigían hacia ellos. La consecuencia era inevitable: viajes ilegales». Ibídem (Kindle Locations 4427-4429).

Así como comerciar uno frente a otro es parte de nuestra naturaleza, también lo es eso que hace que los gobernantes quieran más ingresos aprovechando, por ejemplo, permisos de llegada y salida de barcos.

Igual que es parte de nuestra naturaleza buscar formas de evitar impuestos con eso que ahora se llama ‘economía subterránea’.

Más ejemplos

Igual que es rasgo humano el derivar experiencias de lo sucedido, como en este caso en el que uno da consejos a otro. En otro libro del mismo autor, se habla del virrey Mendoza en Nueva España dando consejos a su sucesor, Luis de Velasco:

«El secreto del buen gobierno era hacer poco y despacio, ya que “la mayoría de los asuntos se prestan a ser atendidos de esa forma, y sólo de esa forma puede uno evitar ser engañado». Thomas, Hugh. The Golden Empire: Spain, Charles V, and the Creation of America (Kindle Locations 8908-8909). Random House Publishing Group. Mi traducción. 

Lo que lleva a la consideración de otro rasgo de nuestra naturaleza, el hacer caso o no del consejo dado.

Muestras de que pensamos bien o mal, pero lo hacemos, como en una carta escrita a Carlos I, en la que gente de H. Cortés solicita que no se envíen abogados porque «pondrían a esta tierra en alboroto» Ibídem (Kindle Locations 856-857). Algo que en nuestros tiempos se repite en algunas partes.

Las constantes son más fascinantes

En fin, mi punto es que los humanos tenemos una cierta naturaleza, compleja e enmarañada, que podemos ver en nuestra historia, y que muestra más similitudes que diferencias. Las constantes humanas universales.

Con el problema de que las diferencias son más llamativas y se resaltan más que las similitudes, aunque en su fondo las constantes humanas universales sean lo realmente extraordinario.

De la historia humana, por tanto, sale buena parte del conocimiento que podemos lograr de nosotros mismos.

No es sorpresa que en ella se encuentren lecciones de Economía, como la asociación entre impuestos y mercados negros, o el encuentro del precio justo para todos en la interacción de personas en un mercado libre. 

De aquí derivo mi punto. Los buenos gobernantes, esos que tienen una posibilidad de ser llamados más tarde ‘estadistas’, son los que saben de historia. O mejor dicho, que tienen sabiduría histórica.

Saben de las constantes humanas universales y gobiernan con esa limitación que ellos mismos se imponen.

Y, del otro lado, están lo gobernantes que, aunque sepan de historia, no la han convertido en sabiduría y suponen que pueden gobernar sin la limitación que la realidad humana, nuestra esencia, les impone.

Esos que creen que ellos saben más que todos los demás y sus buenas intenciones bastan.

Y una cosa más…

Los tres libros de Hugh Thomas son ampliamente recomendables. Sí, tratan sobre el Imperio Español en las Américas, pero también son un extenso muestrario de sucesos en los que se ilustran a la naturaleza humana.