El agua un recurso escaso que tiene precio. Considerarla como un derecho dándole un precio bajo producirá aún mayor escasez.

Una dosis de realidad

Algo interesante en verdad salió a la superficie en marzo de 2004 cuando el coordinador del Hemisferio Sur de una institución que se llama Global Waters Assessment declaró que «el agua se debería cobrar a su precio real».

La razón de tener un precio es sencilla según el personaje, Juan Carlos Belausteguigoitia, el agua debe entubarse y debe bombearse y debe limpiarse y escasea.

En otras palabras, el agua un recurso escaso que tiene precio. Más aún, dijo este hombre que

«Los gobernantes muchas veces tratan de adivinar qué es lo que quiere la gente y piensan que es mejor olvidar la crisis del agua para que la gente no se enoje porque se le cobra un poco más. La gente tiene que estar enterada y dispuesta a asumir el costo adicional para garantizar que habrá agua para siempre».

Realidad políticamente negada

El agua es un bien como cualquier otro. Sin embargo, esa realidad es negada por los precios con los que el agua es administrada por algunos gobiernos que la distribuyen y cobran.

La idea del político es ayudar dando al agua un precio bajo, accesible para todos. Pero lo que logra es desperdiciar ese recurso tan vital dirigiéndose a una crisis futura de consecuencias desastrosas, algo no previsto por él.

Los precios contienen información

Cuando un recurso tiene un precio en extremo bajo, eso es una señal que que se interpreta como una invitación a un consumo mayor.

Si el agua cuesta muy poco, eso dice que puede usarse el agua para actividades de escasa prioridad.

Si los gobiernos insisten en dar precios bajo al agua, fomentan un consumo alto de ese recurso. En cambio, si el precio del agua se elevara, el cuidado en el consumo del agua también se elevaría.

Los gobiernos que tienen a su cargo la administración del agua debe respetar el precio natural de un recurso escaso. Así se actuaría con lógica racional.nservación del

Agua y sentido común

Hace unos pocos siglos, las personas se maravillaban ante la paradoja del elevado precio de los diamantes y del reducido precio del agua. El agua sin duda es más valiosa pues sin ella no puede vivirse, pero sin diamantes es posible hacerlo. ¿Por qué?

No fue sencillo contestar, hasta que se pensó en que la cantidad disponible de los bienes afecta su precio. Hay mucha agua y pocos diamantes. Es sentido común, el agua es un recurso escaso o abundante y que debe tener precio.

Un caso

Dos municipios en el Estado de México en 2005 estuvieron peleando un pozo de agua. Uno de ellos, su descubridor, lo tuvo protegido con rejas y alarma. Hubo ofertas parar comprar el pozo. Esa zona de México está en el mismo nivel Irak e Irán en cuanto a disponibilidad de agua.

Comparemos ese caso con una situación más conocida, la de la Ciudad de México. Ha sido reportado que el desperdicio de agua en ese lugar llega al 40%.

Eso recuerda esa paradoja de los diamantes y el agua. Es decir, hay que ver el precio del agua y pensar en lo que eso nos revela.

Diamantes en la tubería

Pensemos en un caso en el que las tuberías de las casas en vez de agua lleven diamantes, tantos que cualquiera puede usarlos en sustitución de la pintura de las paredes.

Hay tantos diamantes que su precio es reducidísmo y eso es lo que permite darle usos poco importantes. Pero si su precio se eleva mucho, las personas ya no los usarían con tanto descuido.

Lo mismo sucede con el agua. Cuando ella es barata tiende a ser usada con descuido, pero cuando es cara es usada con extremo cuidado.

Y el precio es un síntoma que demuestra que el agua es un bien escaso.

Una peor escasez futura

Pero puede acontecer algo que fastidia todo. Entra al juego algún gobernante e impide que el agua suba de precio cuando ella escasea. Y lo que logra con eso es que se siga desperdiciando el recurso, lo que traerá peores problemas futuros.

Visto de manera sencilla, los precios son un sistema de señales que los compradores y vendedores observan para actuar en consecuencia.

Cuando los precios están bajos, esa señal le indica al consumidor que puede comprar más de un bien y usarlo con liberalidad y esa misma señal le indica al vendedor que no se requiere más de ese bien.

Cuando los precios suben, el consumidor está recibiendo una señal de comprar menos y ser mesurado en su uso. Para el vendedor, esta señal de precios altos le indica que es una buena idea el entrar y ofrecer ese tipo de bien que escasea.

Con el agua muchos políticos fastidian el sistema de señales y causan que la gente use el agua sin mesura a pesar de que ella escasee.

Si el agua escasea deberá elevarse su precio y todos verán esa señal. Sí, el agua un debe tener precio porque es un recurso escaso.

El problema no es entender eso. El problema hacer lo que debe hacerse, es decir, dejar que el agua suba y baje de precio como lo hacen los bienes comerciados libremente.

En el caso del agua esto no se hace por una razón. El político cree que hace un bien evitando esas fluctuaciones de precio. Piensa, tal vez, que el agua debe ser gratuita o casi.

De esa manera provocará escasez y crisis en el futuro

Agua como derecho

Varios medios reportaron un suceso muy sugestivo a finales de 2006. Varias personas hicieron una serie de peticiones junto a una estatua de Tláloc, el dios azteca de la lluvia y el agua.

Esas peticiones consistían en incluir dentro de la constitución mexicana el derecho de las personas al agua.

Claro que los legisladores podrían poner en la constitución que todos tienen derecho al champán, o al agua, que no por escribirlo podría hacerse realidad. Nuestro mundo no está construido de la manera que ellos suponen.

La realidad impone límites a los derechos legales

Las leyes tienen sus límites, que son los de la realidad. A la realidad se le tiene que reconocer, sin mucha más opción que la de aceptarla para así aprovecharla.

No puede legislarse en contra de los principios de la termodinámica, ni de la gravitación universal. Tampoco puede legislarse para que un bien escaso sea ilimitado. Y si se legisla así, la ley será un absurdo.

Imagine usted que efectivamente se legisle y se decrete que el agua barata es un derecho. Si eso se hace, no hay razón por la que no se legisle que el derecho a la carne de vaca sea constitucional, a precios bajos. Lo mismo va para el resto de los bienes.

Nuestro mundo está construido de cierta manera y esos ‘derechos’ son sueños imposibles. Es la diferencia entre deseos y derechos. Los derechos reales pueden legislarse, los deseos no.

Puede y debe legislarse para la protección de los derechos de la persona a no ser lastimado en su propia persona y en sus bienes. Por eso la ley castiga a quien eso hace. A lo más que puede llegarse es a impedir que a usted le roben el agua de su propiedad, o que alguien lo lastime.

El agua es un recurso escaso y debe tener por eso un precio. Ella está sujeta a los principios de oferta y demanda. Contra eso no puede hacerse nada.

Y si lo intenta sucederán cosas. Si el precio del agua es muy bajo, ella será utilizada en usos no prioritarios y viceversa. Así es nuestro mundo. Por eso conviene que cuando ella es escasa, su precio se eleve, para que las personas la dediquen a usos prioritarios.

Quienes hicieron esa petición, por tanto, llaman la atención. Están pidiendo legislar en contra de la realidad y si acaso se intenta hacer lo que ellos solicitan, el efecto será opuesto a lo que ellos buscan. El agua barata producirá cantidades demandadas mayores y por eso mismo, mayor escasez.

Si a esas personas les interesara la conservación del agua, curiosamente estarían pidiendo lo opuesto de lo que solicitan.

Para conservar el agua, lo que tendría que hacerse es dejar que su precio varíe de acuerdo con su escasez. Con Tláloc y sin él, con leyes y sin ellas, simplemente no puede legislarse contra la realidad y cómo está ella construida.

La falta de agua es intencional

Realidades

Es abundante la información sobre la escasez de agua. Por ejemplo la Organización Mundial de la Salud informó que la falta de agua afecta a cuatro de cada diez personas en todos los continentes.

Otras muchas fuentes existen sobre el tema (como UnWater y Common Dreams)

Un reporte de la FAO, por ejemplo, dice que,

«La escasez de agua afecta a todos los continentes y a más del 40 por ciento de la población de nuestro planeta. Para 2025, 1,800 millones de personas vivirán en países o regiones con una drástica falta de agua, y dos tercios de la población mundial podría encontrarse en condiciones de escasez del líquido elemento».

Esto lleva a uno de los conceptos que se estudian en Economía: la escasez.

No es que exista escasez de agua, es que existe escasez de todo o casi todo. Hablar de agua escasa es aplicable ahora, mañana y lo fue en el pasado.

Personas y necesidades

Todo empieza con todas las personas que tienen necesidades y esas necesidades no tienen un límite conocido. Esta es la razón por la que se toman decisiones para determinar cuáles de todas las necesidades que se tienen van a ser satisfechas.

No todas pueden serlo por una razón: todo escasea, no se tienen recursos que sean ilimitados. Jamás se tendrán.

Es como una ley, la ley de la escasez: se tienen recursos limitados para satisfacer necesidades sin límite. Que el agua escasee es una noticia realmente vieja.

La ley de la escasez tiene consecuencias, lo que significa que para obtener algo hay que dar algo a cambio y no es posible hacerlo de otra manera.

Cada vez que se decide algo, se renuncia a alguna otra cosa. Si se emplean personas para producir una presa de agua, esas personas no se pueden usar al mismo tiempo para producir trigo, como tampoco el dinero que la presa cuesta.

Quien tiene gran escasez de agua la usará para las necesidades más básicas. Quien tiene mucha menos escasez de ella, la usará para quizá lavar su coche.

El agua un recurso escaso y con precio

El agua es un bien tan escaso como otros. No es gratuita. Necesita ser «producida», es decir, capturada, almacenada, distribuida, igual que cualquier otro bien.

Esto, que es muy claro, sin embargo no es considerado así por muchos gobernantes que la ven como un bien ilimitado que no tiene costo y que por eso no tiene precio. Debe ser gratuita o casi, dicen ellos.

Cuando un bien es tratado así sucede una cosa natural. Los consumidores actúan como si fuese un bien más abundante de lo que es y le dan usos de muy baja prioridad, como el limpiar banquetas con chorros de agua.

Y los productores no se interesan en producirla porque tienen un competidor que vende a precios que no hacen atractiva su producción.

Que escasee en agua aún más de lo que debía es la consecuencia de una acción gubernamental que fomenta el desperdicio del agua y desincentiva su producción.

Lo mismo le sucedería a cualquier otro bien barato que tuviera una demanda alta y una oferta limitada. La culpa es de quienes deciden dar agua gratis o a precios bajos. Producirán aún mayor escasez.

No dudo en que ciertas personas entiendan mal esto y reclamen que el agua es un derecho que todos deben tener en todas partes, y que cobrar por ella es inmoral.

Quien eso afirme es causa misma de la escasez de agua y causa también del problema que reclama. Cuanto más la regale, cuando más se considere un derecho, más escasez de tendrá.

Para de verdad ahorrar agua

El ahorro del agua es uno de los temas recurrentes en muchas partes. Y dicen lo obvio, el agua es un recurso vital y debe ser cuidada.

Los consejos son abundantes. Como el arreglar tuberías malas, o el cerrar la llave mientras se lavan los dientes. Se mandan mensajes como este,

«El agua es uno de los recursos naturales más valiosos con que cuenta la humanidad. Pero aunque la mayor parte de nuestro planeta está compuesto por agua, 97 por ciento del total es salada, y gran parte del resto está congelada en los polos. Por eso no debe ser desperdiciada».

Ahorrar agua en serio, algunas precisiones

• No hay duda de que el agua es un recurso limitado. En verdad, todos lo son y, por eso mismo, debe cuidarse la eficiencia con la que son usados.

Esa eficiencia puede ser alcanzada por el mismo sistema por el que se logra en otros casos de recursos limitados, como los alimentos, o la gasolina. Es el sistema de precios en un mercado libre.

Con un precio real, el agua, que es un recurso escaso, tenderá a ser usada con la mayor eficiencia posible por parte de quien la paga. Es lo mismo que hace quien compra bebidas, alimentos, electricidad. Si el bien eleva su precio, cuidará más su uso que si tiene un precio bajo.

• Este remedio para hacer eficiente el uso del agua es ignorado por los gobiernos. Ellos suelen dar al agua precios muy bajos o nulos, lo que provoca desperdicios que podrían evitarse.

Al tener el agua precios bajos, lo que incentiva su desperdicio, se intenta resolver el problema de otra manera. Por ejemplo, usar campañas publicitarias que convenzan a las personas a ahorrarla.

Estos esfuerzos de comunicación persuasiva están enfocados al consumo personal y familiar. Hay listas completas de formas de lograr ese ahorro de agua en la casa.

• Esos esfuerzos pueden no estar bien dirigidos al centro del consumo de agua y que no son necesariamente las casas.

Según la ONU, un 70% del uso de agua fresca corresponde a la irrigación, 20% a la industria y 10% a consumo en casas. Otras estadísticas presentan datos similares, que colocan al consumo casero como responsable de alrededor de una décima parte de todo el consumo, o menos.

Dirigir centralmente las campañas que persuaden del uso eficiente del agua en el hogar es un esfuerzo cuestionable en su eficiencia.

Si se lograra reducir una décima parte el consumo personal de agua fresca, se tendría un ahorro de agua del 1% del total —con cifras de la ONU. Pero si se lograra reducir el consumo de irrigación también en una décima parte entonces el ahorro sería del 7% del total, tres cuartas partes del total de uso en casas.

• No está mal la intención de ser eficientes en el uso de agua en las casas. Pero el no tener esfuerzos serios en el ahorro de agua en la agricultura es un error muy considerable.

El agua tiene valor económico

¿Cuánto valen las cosas?

Obviamente, ellas valen. Desde cero o nada hasta mucho, muchísimo.

Esto tiene dos aspectos. El primero es la forma en la que ese valor se expresa. El segundo es cómo adquieren valor las cosas.

Véase usted a sí mismo y piense cómo expresa el valor de las cosas que necesita, de los bienes que satisfacen sus necesidades.

Fácil, usted expresa ese valor en dinero y el monto de dinero que usted usa para pagar un bien es la medida del valor que usted da al objeto que compra. Si paga mucho es que lo valora mucho y viceversa.

Pero hay algo más que necesita saberse, el valor que usted da a lo que compra. Sí, lo expresa en dinero, pero habrá que ver cuál es la causa por la que usted está dispuesto a pagar esa cantidad, sea o no grande.

Lo que le da valor a las cosas es usted mismo. Y cada persona les da valores distintos. Es decir, el valor de las cosas es subjetivo.

Cada persona las valora en niveles distintos. Y ese valor subjetivo es el que le hace decidir comprar o no comprar a determinado precio.

Esto es importante, porque significa que el valor de las cosas no está determinado por la cantidad de trabajo que se dedicó a producirlas, ni por el costo de los materiales que contienen.

La cuestión, además, implica que las personas cambian su valoración de un momento a otro. Es decir, la valoración que hacemos de las cosas es dinámica.

Al agua como recurso escaso con precio

Para quien ha agotado el contenido de su cantimplora y está en el desierto, el agua tendrá un valor enorme. Seguramente pagaría por un litro de ella muchas veces más de lo que cuesta en un supermercado un tercio de litro de Perrier o de Evian.

Lo interesante es lo que sucede en una situación opuesta, cuando la persona está en una situación en la que abunda el agua. ¿Cuánto pagaría por ella? La respuesta es la que usted se imagina, nada o muy poco.

Y cuando, gracias a la abundancia de un bien, su precio se reduce, ese bien también reduce su valoración. Entonces sucede que el bien comienza a ser usado en necesidades menos prioritarias.

La persona del desierto no usará el agua para lavar su ropa, pero cuando ella abunda se usará para eso y para otras cosas menos vitales.

La conclusión

Podemos llegar a una conclusión razonable: los bienes serán usados en necesidades cada vez menos prioritarias conforme disminuya su precio.

Ponga usted un precio de cero al agua y verá el descuido con el que ella se usa. Suba su precio y verá que ella comienza a ser cuidada. Hasta el punto extremo del cuidado que tendría con ella la persona en el desierto.

Y, sin embargo…

Hay ocasiones en las que no se hace caso a la realidad de que un recurso escaso, tiene precio y que agua no es la excepción. Un ejemplo:

«[…] la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos».

No es claro totalmente lo que eso implica, pero si significa que el agua debe ser vendida a precios cercanos a cero, eso producirá un efecto predecible. Las personas usarán ese recurso escaso descuidadamente, lo que producirá más escasez.

Una propuesta representa muy bien lo que he intentado decir:

«[…] El agua debe llegar a todas las personas sin restricciones. Nadie debe quedar excluido del acceso al agua de buena calidad […] Las personas deben tener acceso a una dotación de agua suficiente para satisfacer sus necesidades básicas: bebida, cocina, higiene personal, limpieza de la vivienda y lavado de ropa […] El servicio de agua debe llegar en forma continua y permanente. Lo ideal es disponer de agua durante las 24 horas del día […] El agua es un bien social pero también económico, cuya obtención y distribución implica un costo. Este costo ha de incluir el tratamiento, el mantenimiento y la reparación de las instalaciones, así como los gastos administrativos que un buen servicio exige».

Muy bien, que sea un derecho, pero lo que dictará la realidad no es diferente al resto de los bienes escasos: será valorado de acuerdo con su costo; si ese costo es reducido, el agua tenderá a ser usada con descuido.

El agua es un recurso escaso y por eso debe tener un precio que se mueva de acuerdo a su escasez.