Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Costo de Oportunidad
Leonardo Girondella Mora
19 octubre 2007
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


De todos los conceptos o ideas que inventa el ser humano, hay uno que quiero señalar por dos razones —es excepcionalmente útil y muy poco aplicado.

Una columna de Russell Roberts, de principios de este año la trata con excepcional claridad y a ella me acojo en algunas de sus partes.

La idea es la del costo de oportunidad, la que en pocas palabras establece que al realizar algo, lo que sea, estamos perdiendo la oportunidad de hacer otra cosa distinta —y eso tiene un costo.

Es obvio, cualquiera lo entiende, pero lo admirable es que se haya descubierto y tenga poder para explicar conductas humanas. Más aún es una herramienta para aprovechar los recursos y elevar la calidad de la vida.

Dice Roberts, muy directamente, que “Opportunity cost is what you have to give up to get something”.

El costo de oportunidad es lo que debe perderse para obtener algo —sencillo, simple, directo, comprensible, pero difícil de aplicar en la práctica. Roberts expone un ejemplo clásico, el de la invitación a una comida, cuando con inocencia la persona invitada cree que aceptar la invitación no tiene costos —y probar así que todo tiene un costo y que por eso siempre existe un costo de oportunidad.

La persona A acepta la invitación y piensa que en realidad todo es gratuito. Sin embargo, enfrentará costos: la expectativa de en el futuro corresponder a la invitación, el escuchar a quien invita durante la comida, la oportunidad de hacer otra cosa en ese tiempo.

El punto, desde luego, es apuntar que todo tiene un costo y que, por lo tanto, la mejor opción es dejar de hacer lo que tiene un costo menor, es decir, perder la oportunidad menos valiosa.

Son las decisiones diarias que implican en ellas la renuncia a otras posibilidades —ir al cine significa no ir al teatro, ver la película A significa no ver la película B, comer el plato C significa no tomar el plato D; casarse con Elena significa no casarse con Lucía, trabajar en un banco significa no trabajar en otra empresa.

Si la decisión es buena, entonces se desecha la opción menos valiosa y todo va bien, pero si sucede lo opuesto eso significa haber desechado la opción de mayor valor.

Por eso pueden calcularse los costos de una decisión: entre dos oportunidades de inversión, una paga 10% y la otra 9%, es posible ver que si se acepta la primera, el costo que se paga es el de la segunda y que se obtiene una diferencia positiva —pero al revés, se estará perdiendo.

Cuando alguien usa sus ahorros, que estaban en un banco ganando 8%, para abrir un negocio y ese negocio le rinde beneficios de 10%, la decisión ha sido buena; si gana lo mismo que en el banco, la decisión fue neutral, y fue mala si gana menos que en el banco —desde luego, falta valorar los riesgos mayores de un restaurante que de ahorros bancarios y eso justificaría una tasa mayor en el restaurante para considerar que fue una buena decisión.

La sapiencia de todo esto radica en determinar los costos reales de las acciones realizadas —quien calcula que los estudios universitarios tienen como costo total el monto de las colegiaturas comete un error, pues debería considerar los ingresos obtenidos trabajando en vez de estudiar, y lo que hubiera hecho con ese dinero en lugar de pagar colegiaturas.

Y eso explica que quienes estudian en una universidad piensan que vale la pena pagar los costos de oportunidad porque esos estudios darán más al final que la oportunidades perdidas.

Se explica así lo malo que puede ser el guardar el dinero bajo el colchón, ya que se pierde el mínimo que se pagaría en interés en un banco —un mal negocio pensando racionalmente, pero puede ser que la persona que eso haga prefiera manejar su dinero así por la razón que sea y crea que sale ganando.

Ya que lo que cuenta es la perder la oportunidad menos valiosa de las acciones, debe suponerse que efectivamente la persona ha seleccionado la mejor opción, si es que ha calculado los riesgos y beneficios de su acción.

Roberts usa el ejemplo de la compra de una casa y la creencia de que si ella se eleva de valor el negocio es redondo. Si se toma el valor de compra de una casa que 10 años después es vendida y se cree que la diferencia es una utilidad, el cálculo es erróneo.

Habrá que considerar costos adicionales, como mantenimiento, reparaciones, impuestos, pagos legales, remodelaciones —más el costo de oportunidad: lo que hubiera hecho con ese dinero de no haber comprado la casa.

Se ha dicho que los precios actuales están más influidos por el futuro que por el pasado —las personas deciden viendo hacia adelante, no hacia atrás. La compra de una casa, por ejemplo, considera lo que sucederá con su precio en el futuro, y no lo que fue en el pasado.

Esto tiene repercusiones que en ocasiones no son bien comprendidas, una de ellas es la de los costos sumergidos: los precios ya pagados con anterioridad no afectan las decisiones presentes.

Roberts usa el ejemplo de la reparación de un coche —la decisión de repararlo por segunda vez no debe considerar el costo de la primera reparación, pues es un dinero ya ido. Lo que debe hacerse es ver si conviene pagar el costo de la segunda reparación sin tomar en cuenta lo que muchas personas pensarían, que no volverlo a reparar significaría perder el dinero gastado antes.

O, en el caso de la venta de un reloj de lujo que el abuelo heredó: no importa lo que el abuelo gastó, lo que importa es la valuación que hoy se hace de ese reloj y que puede ser mayor o menor que eso.

Otro caso relacionado con los costos previos: la persona A compra una antigüedad, la que sea, por mil pesos, para descubrir un año después que se trata de una valiosa pieza y que piezas similares se han subastado en decenas de miles de dólares —quien desee comprar esa pieza a su dueño no puede alegar que el costo original fue bajo y que el precio actual es exorbitante en comparación. Lo que cuenta es el precio ahora. Lo pasado no influye.

Es por costo de oportunidad que las personas contratan, por ejemplo, a niñeras durante el día para cuidar a los hijos: lo que gana la madre en su trabajo es más que lo que le paga a la niñera y el saldo es positivo al menos en términos de dinero —y habría que considerar el costo de no atender a los hijos personalmente.

O el muy usado ejemplo del neurocirujano excelente que es el mejor limpiador de coches —al que le conviene pagar los servicios de un lavacoches en lugar de hacerlo él mismo, pues sus ingresos como doctor son mayores. Este es el principio que justifica la especialización del trabajo y el comercio, incluyendo el internacional: todos vivirán mejor seleccionado hacer lo que más resultados les da.

Un análisis del costo de oportunidad sería un buen argumento para negar la conveniencia del proteccionismo que México aplicó durante décadas —los mexicanos se dedicaron a hacer cosas que podían comprar fuera mejorando su condición, pero por ley se les impidió, es decir, redujeron su bienestar por diseño de política gubernamental.

También, la obligación de sembrar maíz y frijol que tuvo el campo mexicano para garantizar la suficiencia interna dañó al país: si otros cultivos hubieran rendido más ingresos a los agricultores los habrían decidido y con ese dinero se habría comprado maíz a los agricultores de otro país. La auto suficiencia es ineficiente.

La noción del costo de oportunidad es sencilla, pero usarla tiene sus complejidades. Roberts señala una de ellas: cierta persona vive en una casa cuyo precio sube mucho y por eso tiene la oportunidad de venderla, comprar una más barata y tener una utilidad, pero decide no venderla —hacer eso no significaría perder, al contrario, la persona eleva su fortuna y no empeora, ni de su bolsa sale un centavo.

Es decir, el costo de oportunidad no es un pago que se hace a alguien, sino la oportunidad perdida de hacer algo —es un trade-off: si alguien compra una casa no comprará la otra y ésa será su oportunidad perdida, esperando que sea de un monto inferior a la oportunidad ganada con la otra.

Nota del Editor

A quien guste este tema, de seguro le agradarán otros en las columnas que están en ContraPeso.info: Economía. Deentro de ese tema hay otro, como el contenido en las columnas que tratan el tema de los precios.

Entre ellas, destaca una columna, La Creatividad Del Panadero.


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8 Comentarios en “Costo de Oportunidad”
  1. Guille Gonzy Dijo:

    muy buen artículo, lo usé para dar clases

  2. carla gonzales Dijo:

    de gran ayuda para grandes y pequeños

  3. pedro Dijo:

    me parece un excelente articulo

  4. Jose Tondolo Dijo:

    Articulo muy interesante

  5. Esteban Dijo:

    Estoy estudiando economia y este articulo me parece genial.

  6. juAN Dijo:

    muy bueno el articulo
    gracias

  7. Santiago Dijo:

    Bueno el Articulo, lo que me preocupa es cuándo se lleva a la práctica. NOTA DEL EDITOR: ¿cuándo se aplica el costo de oportunidad? En toda decisión tomada, que es la elección de una opción sobre otras. No hay excepciones.

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