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¿Por qué existen el mal y la maldad? Quizá todo sea parte del plan Divino. De una forma de hacer al hombre copartícipe en la Creación de Dios. 

Introducción

La idea de esta carta fue tomada de la obra de Malthus, RobertPrimer ensayo sobre la población. Madrid. Sarpe, capítulo 19, pp. 244-257.

El inicio de este último capítulo es una idea sencilla.

¿Por qué existe el mal y la maldad? Porque las penas de la vida, sus sufrimientos, son necesarios para humanizar nuestros sentimientos, para generar en nosotros las virtudes cristianas.

Quien no ha sentido en su propia vida esas calamidades no es capaz de acompañar al prójimo ni en sus alegrías ni en sus penas.

Más aún, hay personas que poseen altos sentimientos de conmiseración social, sin que ello signifique que sean personas ilustradas, ni de talento.

Estas personas, aún sin preparación, pero llenos de amor a Dios y al prójimo, tienen las más altas posiciones en la escala humana.

Las virtudes cristianas, enfatiza Malthus, como la caridad, la humildad y la piedad, no necesariamente incluyen el talento personal. Y quien tiene esas virtudes está más cerca del Cielo que quien sólo posee agudeza mental.

¿Por qué existe el mal y la maldad?

A continuación Malthus dice que tal vez el mal sea necesario para que se genere el bien. Es posible que la depravación de la moral sea un requisito para que exista la excelencia moral.

Quien ha visto el mal, quien ha sido testigo de la perversidad moral y ante eso ha sentido repugnancia y desaprobación es un ser diferente a quien solo ha conocido el bien y la bondad.

Su énfasis está en la existencia de puntos opuestos. La pasión por la virtud parece suponer la existencia de un opuesto que es la maldad.

Como la ignorancia y el saber

El autor afirma que cuando el espíritu de la persona es vivificado surgen las necesidades por el saber y el conocer, la curiosidad intelectual que provoca la ignorancia. Esto es un estímulo también, al igual que el ser testigo del mal.

Nuestra ignorancia es un estímulo para el querer saber. Nuestra curiosidad se excita ante la falta de conocimiento. Esta idea acerca de la ignorancia y el saber va a acercar al autor a responder a la pregunta de por qué existen el mal y la maldad.

Nuestros esfuerzos por conocer todo pueden ser vanos y pueden no lograr el conocimiento absoluto, pero eso inyecta fuerza en nuestros intentos.

Nuestras mentes acabarían por estancarse si es que llegara el día en el que fueran agotados los temas de la investigación y el conocimiento. Nuestra lucha por conocer más podrá tomar quizá mil años más sin que nuestro conocimiento sea absoluto.

Pero si acaso llegara el día en el que ese conocimiento absoluto fuera alcanzado, entonces eso acabaría con el estímulo noble del esfuerzo mental.

Así los humanos perderíamos el rasgo más refinado de nuestra razón y en esa situación sería imposible esperar que una persona llegara a tener la inteligencia de Newton, o de Aristóteles.

Malthus va más allá aún, al decir que si por un acto Divino desapareciese toda duda sobre nuestros conocimientos e incluso la manera de actuar del Ser Supremo y su labor creadora, esto produciría un relajamiento de nuestras mentes y espíritus.

La duda como estímulo

Si Dios hubiera acompañado a su revelación con una enorme cantidad de milagros, suficientes como para evitar la más mínima duda en hombre alguno, se habrían anulado todas las discusiones y vacilaciones.

Pero, por débil que sea nuestra razón, sí podemos concluir que el Ser Supremo entiende las dificultades que tendría una revelación total. Un conocimiento entero y absoluto sería como una bomba sobre los hombres, pues acabaría con la vida intelectual y con la virtud.

Si tuviésemos la certeza del castigo eterno por nuestras malas acciones, las acciones de todos los hombres serían iguales. Todos actuarían movidos por esa certeza, sin que en ello hubiera virtud capaz de ser vista por los humanos. Solo Dios podría distinguir entre la virtud interna y la apariencia externa.

Las ideas que tenemos de la virtud y del mal no son exactas ni tenemos una clara definición de ellas. Sin embargo, no habrá muchos que llamen virtuosa a la acción que se realiza para evitar un gran mal personal, ni la que se realiza en espera de una recompensa enorme.

Lo que dicen las Sagradas Escrituras respecto al castigo eterno, deben detener al malo y llamar la atención de quien es indiferente.

Pero la vida diaria muestra que esas Escrituras no son lo suficientemente convincentes como para detener totalmente al vicioso. Una fe sincera en ellas, es muestra de una disposición que está más influida por el amor que por el temor.

¿Por qué existen el mal y la maldad?

Tenemos todas las razones para creer que en nuestro mundo no hay más maldad que la que es en absoluto necesaria como ingrediente en el proceso de creación

La revelación divina que conocemos es acogida por nosotros con dudas y dificultades. Al mismo tiempo, no podríamos soportar una revelación total. Lo que conocemos de las Escrituras es muy adecuado para mejorar nuestras facultades y nuestra superación.

Al contemplar la vida humana tenemos dudas y no preguntamos la razón de la existencia del mal natural y moral.

Para allanar estos problemas podemos acudir a la idea de que las impresiones y excitaciones de este mundo son instrumentos que usa Dios para hacer espíritu de la materia y provocar un esfuerzo constante en nosotros para apartarnos del mal y acercarnos al bien.

La variación en el mal que padecemos, a veces grande y a veces pequeño, es la característica que mantiene viva la esperanza de algún día verse libres de esa maldad. Lo contrario ocurriría si la maldad siempre estuviese en el mismo nivel.

¿Por qué existen el mal y la maldad? La maldad no existe en este mundo para generar desesperanza, sino para motivar a la acción.

Ante la maldad no vale el someternos a ella, sino la actividad para eliminarla, en uno mismo y en las personas que están a nuestro alcance. Es una responsabilidad moral.

Cuanto más éxito tengamos en estas tareas, más enaltecida estará nuestra alma y mejor cumpliremos con la voluntad de nuestro Creador.

[La columna fue revisada en 2019-07]