Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lenguaje Cambiante
Eduardo García Gaspar
18 abril 2002
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Aunque no es privativo de los estudiantes, ellos son muy representativos de uno de los síndromes de nuestros tiempos. Me refiero a la locución exagerada de vocablos pedestres y groseros.

Tanto sucede esto que, según algunos de mis alumnos, las más mal habladas son las mujeres. Sea lo que sea, es una realidad. Se habla diferente en estos tiempos que en los anteriores.

Hoy hay mucho mayor uso, aceptado, de malas palabras y groserías. Lo que antes era un término prohibido, digno de las más bajas cantinas, hoy puede ser pronunciado sin pena en la más aristocrática reunión.

Su causa, supongo, es principalmente el empleo de esas palabras en el cine, el americano sobre todo. Digo, porque hay menores de escasos años que ya saben malas palabras en inglés, antes que en español.

Y la televisión, más tardíamente, pero ha colaborado en la difusión de esas palabras, dándoles una cierta aprobación social; si las dicen en la televisión abierta, es posible verlas como autorizadas para su uso casero.

El punto es, pues, muy claro. Nuestro lenguaje actual es diferente al de hace unos pocos años, tiene ahora mucho mayor empleo de palabras groseras y vulgares. Este hecho presenta una situación interesante de ver a la luz de una segunda opinión.

¿Cuáles son los efectos del uso mayor de ese tipo de palabras?

Por principio de cuentas, esas palabras pierden su valor y su esencia. Si antes alguna de ellas expresaba un gran enojo, ahora ya no lo puede hacer.

Si antes decir que “en la fiesta había un chin… de cerveza” significaba cantidades verdaderamente enormes, ahora ya no. Todo porque las palabras han perdido su poder, ya no son lo que eran.

Usted está ahora en un bar o una cantina, con puros amigos hombres, diciendo todas las malas palabras que existen… bueno, pues esa reunión puede verse puritana y conservadora en oposición a una reunión de estudiantes, todas mujeres, de escuela privada.

Es una pena, en verdad, que ya no exista ese lenguaje de hombres en reunión privada; una de las muy escasas desventajas de la emancipación femenina. Pero hay otro efecto, éste sí de importancia. Lo que la proliferación de lenguajes pedestres produce es, sin duda, la pérdida del dominio del resto del lenguaje.

Una sola palabra basta ahora para expresar multitud de significados.

¿Quiere usted decir que alguien es muy bueno en su trabajo? Diga, “es un chin…” y con eso basta.

¿Quiere usted decir que alguien sufrió un accidente? Diga que “se pegó un chin…” y no hay más que agregar.

¿Quiere usted decir que algo no le gusta? Diga que eso “es una chin…” y ya.

Lo que digo es que el uso indiscriminado de esas palabras ha limitado nuestro vocabulario, reduciendo el número de palabras que usamos. La cuestión no sería de importancia si no fuera porque el vocabulario de una persona está positivamente correlacionado con su cultura y su inteligencia.

Conforme se reduce el vocabulario, disminuye la capacidad de comprensión de la realidad y la habilidad de comunicación. Sí, hay ocasiones en las que una mala palabra es insustituible y absolutamente forzosa, y eso es la excepción y no la regla.

Pero en la actualidad es la regla y no la excepción. La verdad es que no hace falta usar esas malas palabras con tanta frecuencia, pues pierden su valor y, además, limitan nuestro entendimiento.

Cervantes no tuvo que recurrir a esas palabras para escribir buenas obras y que ahora nosotros no leemos porque no entendemos las palabras que él uso.

¿Podremos remediar eso? No tengo la menor idea. Lo que sí sé es que el lenguaje nuestro está cambiando drásticamente.

En buena parte por el uso del inglés que se nos contagia por medio del uso de tecnologías que no vienen traducidas o están mal traducidas al español. Pero la tecnología no tiene toda la culpa. En buena parte, la culpa es nuestra: abusamos de las malas palabras y leemos poco o nada.

La combinación es fatal. El español del norte de México es ya muy diferente al del resto del país y en unos años más hablaremos un “mexicano” muy diferente al actual.

Bueno , me despido, me muevo porque voy a la washatería porque las chin… aplianzas mías se chin…

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