Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Libertad y Una Paella
Eduardo García Gaspar
19 noviembre 2003
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Usted sabe, casi todos los hombres mayores de 35 años tienden a obsesionarse con alguna receta de paella.

Si no la cocinan ellos, al menos tienen varios consejos para el que la hace.

Es así que la mayoría se tornan jueces de la calidad de cualquier paella y fuentes inagotables de las más detalladas sugerencias sobre cómo cocinarlas.

En lo personal, la experiencia me ha obligado a no participar en esas discusiones sobre cómo debe hacerse una real paella. Me satisfago con unos pocos criterios sencillos: debe tener mucho arroz, el arroz debe estar cada grano por su lado y los ingredientes deben ser de primera calidad, sin mezclar sabores muy diferentes.

Fuera de allí, no tengo nada que decir sobre el tema. No así la mayoría de los mortales, los que en mi experiencia dan una buena cantidad de indicaciones.

Para unos, toda paella debe tener limón, pues en España así se hace según ellos. Otros dicen que debe ser más aguada de lo usual, pues en Valencia así la cocinan de acuerdo a lo que oyeron. La verdad es que no quiero hablar de paellas, sino de libertad.

Usted tiene la libertad de hacer su paella como le venga en gana. Tan es así que dudo que exista una forma única de hacer la paella. Igual que no existe una forma de hacer tacos en México.

Me puedo imaginar que en España alguien prepare tacos como aquí preparamos paella, y se pregunten entre sí los comensales españoles si los tacos que cocinaron son como los preparan en México. La respuesta es la misma. No hay recetas únicas.

Cada chef tiene su versión, con variaciones que son muy numerosas porque cada persona tiene libertad para innovar y cambiar. Y si alguien se empeña en una receta universal obligatoria enfrentará la amarga realidad de que ella no existe. Ni de tacos, ni de paella. Y eso es una belleza real que nos da variedad y posibilidades sin fin.

Una vez, en España, comiendo paella con otros mexicanos, uno de ellos sacó del bolsillo los consabidos chiles, y los agregó felizmente a su porción. Unos lo consideraron una herejía, pero la realidad es que cada quien comió la paella como mejor le parecía. Esa es la belleza, que la libertad nos hace felices.

Ahora le pido que imagine un mundo opuesto. En ese mundo opuesto, imaginario, existe una sola receta para hacer paella y está prohibido hacerle cambios.

Esa paella no tiene chícharos y quien le pone chícharos viola la ley. Igualmente, la receta obligatoria exige que se le pongan salchichas de cerdo, rebanadas, y quien no las pone en su paella, contraviene la legislación. Es un mundo absurdo, sin duda, pero sirve para ejemplificar los beneficios de la libertad.

En ese mundo de una receta obligada de paella, perderíamos una parte de nuestra felicidad posible. Aunque sea pequeña, esa parte de la felicidad que se logra cocinando la paella como a cada quien le gusta, no deja de ser una merma de nuestra felicidad posible.

Bueno, pues lo mismo sucede, exactamente, con otras disposiciones gubernamentales, igualmente ridículas, pero a las que nos hemos acostumbrado y no vemos ya como parte de menoscabos de nuestra felicidad total posible.

Los impuestos que nos cobran, la imposibilidad de tener una empresa petrolera privada, el no poder abrir una empresa particular productora de electricidad, cada trámite que se nos obliga a hacer, cada producto que se nos impide importar o exportar. Esas y muchas cosas más hacen que nuestra felicidad posible sea menor.

Suela ridícula una disposición legal que nos obligara a no cocinar paellas con chícharos. Pero es igualmente grotesca la ley que nos impide entrar al negocio del petróleo a los mexicanos.

La libertad de cocinar la paella como se nos antoje nos da una variedad infinita de paellas que dan gusto a todos los paladares, incluso con las versiones más alocadas.

Y ese beneficio de variedad y de satisfacción que podíamos tener, resulta cancelado ante la imposibilidad de tener empresas particulares de petróleo, de electricidad; ante la imposibilidad de seleccionar escuelas para los hijos.

Por mi parte, usted puede cocinar la paella como a usted le guste y le venga en gana. Esa pequeña parte de nuestra libertad nos hace más felices. Si pudiéramos hacer lo que el gobierno nos impide seríamos aún más felices.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “La Libertad y Una Paella”
  1. JBVC Dijo:

    Los exactos y precisos ingredientes, al igual que el termino paella, eran valores inalterables para aquellos grandes cocineros de antaño. Los profanos, o carentes de sensitivo paladar, dicen paella a todo el arroz condimentado con ese recipiente. Como ya definiera Felipe-Benicio Navarro.-Esos arroces aunque condimentados con la paella son otra cosa, y nadie debería sacar partido a costa de algo que pertenece al patrimonio común fruto de la gran cocina valenciana
    Por lo tanto para saborear una buena paella valenciana no se debe de atiborrar el recipiente con mejunjes más o menos chocantes, extravagantes, coloristas o estrafalarios. Para considerarse exquisita una paella, -el arroz debe de encontrarse en su punto, los granos secos, sueltos, separados, que cada grano tenga personalidad propia: para conseguir todas estas cualidades se contará con los justos y precisos ingredientes; arroz, aceite, verduras, pollo, conejo, fresco y selecto, todo pura ambrosía.





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