liberalismo

Complejidad económica. Causas pequeñas tienen efectos grandes. Sí, en economía, sucesos diminutos tienen consecuencias considerables. Y eso lleva a conclusiones acerca de la imposibilidad de perfección, predicción y conducción. Es la complejidad económica.

Introducción

Esta idea de Waldrop cambia las cosas. La economía ya no será vista como una máquina, ni algo que tiende al equilibrio.

Ella será un organismo vivo y eso significa un organismo complejo y espontáneo, un sistema que se organiza a sí mismo. Es la complejidad económica.

Las estructuras del mercado se arman de manera natural y espontánea, alrededor de cosas como la demanda de bienes y servicios. Es la complejidad económica. En Economía, causas pequeñas tienen efectos grandes.

Y eso tiene consecuencias políticas considerables, todo por entender a la Economía como un orden complejo.


El libro consultado para esta carta fue el de Waldrop, M. Mitchell (1992). Complexity: the emerging science at the edge of order and chaos. New York. Simon & Schuster, pp. 15-51,145-147, 167, 294, 319.


El punto de partida

Por ejemplo, la teoría económica clásica nos habla de estabilidad y de equilibrio. Estamos muy acostumbrados a pensar así y rechazar ideas de inestabilidades y de cambios.

Pero, se quiera o no, todos los días vemos que el mercado es inestable y está lleno de movimientos y de sorpresas.

Lo que ofrece el punto de vista de la ciencia de la Complejidad es poder analizar esta realidad por otra vía. Proponer que causas pequeñas tienen efectos grandes.

Es el camino de los retornos crecientes y que significa algo así como la fundación de una nueva ciencia. La teoría económica clásica no describe la irracionalidad, ni el desorden en la conducta real de los humanos.

Allí, en la economía y su complejidad. Allí, efectos chicos tienen grandes consecuencias.

Moléculas y seres vivos

Vamos a un nivel pequeño, al nivel molecular. En este plano, todos los seres vivos son asombrosamente iguales, no hay diferencias entre ellos.

Pero, una mutación insignificante produce enormes cambios y modificaciones en el todo.

Más aún, esos cambios pueden dar como resultado en el tiempo, una ballena, o una amiba. Los átomos y las moléculas actúan entre sí en grandes números, donde diminutas diferencias iniciales van a producir grandes efectos posteriores.

Puesto de otra manera, cambios pequeños producen grandes efectos, en verdad enormes. Si esa forma de pensar la llevamos a la economía, nuestra perspectiva va a cambiar mucho.

Complejidad económica

La economía ya no va a ser una máquina, ni algo que tiende al equilibrio. La economía va a ser un organismo vivo y eso significa un organismo complejo y espontáneo.

La economía es un sistema que se organiza a sí mismo. Las estructuras del mercado se arman de manera natural y espontánea, alrededor de cosas como la demanda de bienes y servicios.

Esa organización depende de refuerzos propios, es decir, de la tendencia a magnificar los efectos de pequeños cambios si se dan las circunstancias adecuadas. Los cambios pequeños no desaparecen, al contrario, tienen grandes consecuencias.

Eso es lo que se llama retroalimentación positiva, que es la condición del cambio y de la vida misma. Son los rendimientos crecientes, los retornos crecientes. Igual que unos pequeños e insignificantes vientos tropicales se autoalimentan y forman al final terribles huracanes.

Igual que una ínfima elevación de la temperatura del océano produce lluvias torrenciales y grandes inundaciones.

Economía: causas pequeñas, efectos grandes

En la economía, hay ese mismo efecto. Por ejemplo, un detalle minúsculo sucedido hace varias decenas de años dictó el orden del teclado de millones de computadoras hoy.

El teclado QWERTY, llamado así por las primeras letras de su primera línea, fue creado para hacer más lento el tecleado de máquinas de escribir cuyas varillas se atoraban.

Igualmente, el predominio de la tecnología de video VHS sobre la Beta, fue causado por pequeñas circunstancias.

Lo mismo que el desarrollo del motor de combustión interna, cuyo impulso inicial fue accidental, pero creó tal cantidad anexa de desarrollos que se quedó como una tecnología amarrada (locked-in).

En una escuela tradicional de pensamiento económico, se hubiera dicho que al final sería la mejor tecnología la que se habría adoptado. La realidad contradice la teoría. Es la complejidad económica.

Nos estamos quedando con los desarrollos que de alguna manera se amarran y cuyo amarre depende de causas pequeñas, sucesos irrelevantes que tienen consecuencias enormes.

Economía imperfecta, imprevisible, compleja

Esta es una nueva visión de la economía. Parte de su inspiración en la biología, con esos seres que están vivos y formados por moléculas iguales a todas, pero en las que pequeñas causas producen consecuencias impredecibles.

Esta nueva visión de la economía está focalizada en los seres humanos, donde siempre hay cambios, modificaciones y alteraciones. Donde causas pequeñas tienen efectos grandes.

Es un sistema altamente complejo, en cambio continuo que puede ser explicado, pero que no puede ser pronosticado.

Nuestro mundo puede organizarse de acuerdo a un sinfín de patrones o formas. Si esos patrones son productos de accidentes, de factores circunstanciales, simplemente se hace imposible la labor de pronóstico.

En el mundo real, los resultados son la consecuencia de acumulaciones graduales de pequeños eventos que son magnificados por la retroalimentación positiva.

Estas formas de pensar que están en proceso de formalización tienen grandes posibles repercusiones.

Por ejemplo, si pequeños sucesos casuales, sobre los que no existe dominio son los que amarran un cierto escenario como su consecuencia, entonces hay una sorprendente conclusión.

El resultado final de esos sucesos no nos va a dar el mejor de los mundos posibles. Y esto contradice la noción de que el mercado libre crea la mejor de todas las posibles situaciones.

¿Economía centralizada? Imposible

Por otro lado, la extrema complejidad de la economía hace imposible que ella puede ser manejada de manera centralizada.

Simplemente es imposible manejar algo tan complicado en donde algunos detalles de la regulación estatal pueden producir efectos contrarios a los deseados. Los efectos no intencionales.

La economía es un gran ejemplo de los sistemas complejos y que tienen capacidad de adaptación. Iguales son el cerebro, los sistemas inmunológicos, los partidos políticos, los sindicatos y las asociaciones patronales.

Esos sistemas con esas características tienen ciertas propiedades.

1. Sus agentes actúan en paralelo

Por ejemplo, en la economía, las personas actuamos en un medio ambiente que es producido por la interacción de otras personas y reaccionamos ante lo que ellas hacen.

Esto hace que el ambiente nunca sea fijo y estable, sino creado por la competencia y la colaboración.

2. Los agentes individuales forman grupos y crean así agentes de otro tipo

Al igual que las células forman tejidos, los humanos formamos empresas, partidos, clubes. Los agentes están en constante revisión y rearreglo de sus grupos al ir acumulando experiencia.

3. Anticipación y reacción del agente

Los agentes que forman el sistema tienen capacidad de anticipar el futuro y reaccionan de cierta manera al enfrentar la situación esperada.

4. Forman y aprovechan nichos

Los agentes tienen y crean nichos a los que los agentes se adaptan para explotar.

5. Siempre dinámicos

Los agentes están siempre en movimiento, transición o cambio. En el momento que lo dejen de estar, mueren.

6. Imposible calcularlo

Y estos sistemas tienen un espacio gigantesco de posibilidades, tan grande que no es siquiera posible computarlo.

Por tanto, no puede jamás encontrarse la mejor solución y todo lo que puede hacerse es evolucionar para mejorar, pero no para ser perfecto.

Conclusión, consideraciones morales

Al final, el autor hace comentarios sobre los principios morales. A la complejidad económica que ha explicado, adiciona la necesidad de reglas normativas.

La ética y las religiones proveen una manera de estructurar la conducta humana de manera que la sociedad funcione.

Si se abandonaran esas reglas, no sabríamos qué otras seguir.

Las reglas que hacen que la sociedad trabaje mejor se mantienen y se propagan al futuro, dentro de un proceso evolutivo en el que siempre se hacen experimentos.



Y una cosa más…

Debe verse

La complejidad social y sus consecuencias inesperadas.

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[Actualización última: 2020-09]

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Notas extras sobre la complejidad económica: el fracaso de los expertos

Por Eduardo García Gaspar

Es realmente compleja. Un cúmulo gigantesco de personas. Todas tomando decisiones en cada momento. Siempre bajo condiciones cambiantes.

Me refiero a la economía, incluso de una pequeña comunidad. Considerar la complejidad de cualquier economía es algo que parece haber sido olvidado.

Cito a D. Friedman, un abogado-economista:

«Cada precio depende de todos los demás precios, directamente, porque el precio de un bien para el consumidor puede afectar su curva de demanda para otros bienes, e indirectamente, ya que el precio al que el productor puede vender sus mercancías afecta su ingreso derivado de su producción, lo que a su vez afecta sus curvas de oferta y demanda para otros productos». Friedman, D. D. (1996). Hidden order : the economics of everyday life. New York, NY: HarperBusiness.

En un supermercado

Digamos que está usted en el supermercado, con la idea de comprar entre otras cosas, una botella de ron. Pero encuentra que el vodka está en oferta, al dos por uno.

Usted cambia su decisión en ese momento y afecta al productor de ron y al de vodka.

A continuación usted se dirige a comprar verduras y encuentra que las manzanas no se ven frescas, pero sí las uvas. Y decide comprar uvas, no manzanas.

Y así en cada decisión, algunas tomadas en ese mismo instante. Lo mismo para cada persona en cada tienda a diario.

Se entiende que las decisiones de usted implican cambios sustanciales: aumentó la cantidad demandada de vodka y disminuyó la de ron, y así con el resto de sus compras. Pero también alteró a los fabricantes y a la misma tienda. Fascinante.

Ahora démonos cuenta de la complejidad económica de lo que sucede. Digamos, como suposición, que cada persona toma al día 100 decisiones de compra, 36,500 al año.

Muchas de ellas alteradas por circunstancias imprevistas por la persona, en situaciones distintas cada vez. Multiplique eso por el número de habitantes, digamos de un país con solo diez millones.

La cosa se complica aún más

Hasta aquí hemos contado nada más a los consumidores. Nos faltan los productores, que mostrarán otro tanto de decisiones. Los números son enormes. Gigantescos.

¿Podría tratarse como un complejísimo sistema capaz de ser resuelto por medio de ecuaciones matemáticas? Vuelvo a citar a D. Friedman:

«Resolver incluso una muy simple economía real necesitaría miles de ecuaciones; en la práctica el problema es insoluble incluso con matemáticas avanzadas y computadoras modernas. Pero el punto del análisis no es solucionar una economía; incluso si supiéramos cómo resolver las ecuaciones en primer lugar no podríamos escribirlas, ya que no sabemos las preferencias y habilidades de cada uno. Lo que observamos son los precios y las cantidades; vemos la solución, pero no el problema». Ibídem

Aún más fascinante. Estamos en una posición en la que puede verse algo excepcional: la solución de un sistema económico muy complejo realizada por millones de personas que buscando su propio bienestar, no se dan cuenta de estar trabajando en la solución de ecuaciones que no podrían escribirse.

Y presentan la solución en forma de precios de bienes, soluciones actualizadas al instante (o casi).

Funciona bien el sistema, aunque no deja de tener sus defectos, básicamente originados por errores humanos y conductas reprobables. Esto presenta una opción obvia.

¿Es posible mejorarlo?

La inquietud es legítima. Veamos esto más de cerca.

Digamos que un amigo suyo escucha la explicación anterior que usted le ha dado y concluye que no sería una mala idea el proponer formas para mejorar su funcionamiento.

Quizá alguien pueda hacerlo. Tal vez un grupo de expertos muy sabios pudiera ver la manera para perfeccionar el sistema.

¿Puede hacerse eso? En teoría, es posible, si se contase con un sistema adicional de captura de información que entrara en los cerebros de todos conociendo sus circunstancias particulares y específicas.

Luego envía en tiempo real esos datos, resolviera las miles de ecuaciones para encontrar al instante una solución para cada persona, mejor que la pensada por ellas.

Es decir, la solución encontrada por los expertos sería asombrosamente similar a la ya decidida por las personas. ¿Para qué gastar en todo eso si ya se tiene la solución? Sería redundante. Absurdo.

Se insiste en mejorar el sistema

Pero supongamos ahora que esas dificultades no detienen a los sabios expertos y ellos concluyen que sus ideas mejorarían al sistema complejo.

Enfrentarían problemas, como soluciones basadas en información incompleta. Y dificultades con la existencia de efectos imprevistos que podrían empeorar al sistema, no mejorarlo.

No son dificultades menores. Lo que llama la atención es que a pesar de las más razonables explicaciones en su contra, las propuestas basadas en ideas de expertos se intentan una y otra vez.

Por ejemplo, se intenta mejorar a la economía elevando el dinero en circulación, o decretando tarifas a la importación, o dando subsidios selectivos.

Hay dos cosas fascinantes en todo esto. Una es la maravilla de un sistema económico complejo, imposible de reducir a ecuaciones, pero que funciona espontáneamente con soluciones asombrosas creadas por la interacción de las personas.

La otra cosa fascinante, es la asombrosa terquedad de pretender que puede mejorarse el sistema moviendo una o dos de sus variables.