Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Que un Dogma
Eduardo García Gaspar
15 mayo 2003
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La cosa está más o menos así. En una de las esquinas están quienes proponen que el tabaco sea prohibido totalmente, como sucede en partes de los Estados Unidos, con Nueva York como ejemplo de la más reciente prohibición: no pude usted fumar en ningún sitio, excepto en la calle.

En la otra esquina están quienes consideran que eso es exagerado y que aún hay buen trecho que andar para probar si el humo ambiental produce daños en los demás.

Un estudio fue revelado recientemente y comentado en The Telegraph de Londres en un editorial de Tom Utley. La información es la siguiente.

Dos académicos norteamericanos publicaron un estudio en el British Medical Journal, sobre el tema del fumador pasivo. El estudio comprendió una muestra de 35,500 fumadores durante un período de 40 años.

Lo que el estudio investigó fue el efecto de los fumadores en sus esposos y esposas, con el resultado de que la asociación entre el humo y las enfermedades “puede ser considerablemente menor de lo creído generalmente”.

Los enemigos del tabaco dicen que el riesgo de cáncer pulmonar se incrementa hasta en 20 por ciento en fumadores pasivos y hasta 30 por ciento en enfermedades cardiacas. El estudio citado no encontró esa relación.

Los investigadores dijeron que la

“exposición al humo ambiental de tabaco no puede plausiblemente causar 30 por ciento de elevación en riesgo coronarios…parece prematuro concluir que el humo ambiental de tabaco causa fallecimiento por enfermedad cardiaca coronaria y cáncer de pulmón”.

Los doctores, desde luego, han sido acusados de recibir dinero de las empresas cigarreras, quienes sí pagaron parte del estudio. Y eso ha sido considerado como causa de la anulación de las conclusiones de la investigación.

Sin embargo, los dos investigadores que no son fumadores, no han recibido hasta donde sé críticas objetivas de su estudio.

Quizá no se quiera pensar en la posibilidad de que en serio exista curiosidad científica para ver si eso del humo ambiental es cierto o no. Peor aún, el argumento de que las empresas cigarreras pagaron parte del estudio se anula si se ve que las investigaciones que dicen lo contrario han sido pagadas en buena parte por quienes quieren prohibir el cigarro.

Sea lo que sea, la más sana de las conclusiones es sencilla: cuando existen varios estudios que llegan a conclusiones contrarias, lo más probable es que lo que estudian no sea algo claro y concreto, sino una tesis posiblemente inexistente.

Ésa es la información que le doy en esta segunda opinión. Usted decide.

Por mi parte, siendo fumador, digo que las medidas en algunas partes los Estados Unidos, como la de prohibir fumar incluso dentro de su propia casa, en todo los interiores de algunas ciudades y similares, me parecen una exageración fanática.

La división de zonas de fumar y no fumar, en un restaurante de Texas, al que fui, mandaba a los fumadores a una zona cerrada con vidrios y mal ventilada.

De verdad era como sentirse en Alabama y ser negro en los años 50. Lo molesto de ese fanatismo es, desde luego, el hecho de que está basado en premisas que muy bien pueden ser falsas, como ese estudio lo menciona.

Pero hay más, el fanatismo es en extremo peligroso, porque nos quita lo humano, que es la posibilidad de equivocarnos en lo personal, ya que es otra la persona que decide por nosotros y cuya actitud es semilla de intolerancia en lo irrelevante.

Creo que en el fondo del asunto hay la necesidad de comprendernos, de entender que los humanos hacemos algunas cosas indebidas, que no somos perfectos. Nos gusta hacer cosas que no necesariamente son perfectas. A veces fumamos, a veces comemos demasiado cosas no sanas, a veces se nos suben un poco las copas.

Por mi parte, no deseo imponer en otros los patrones de vida que yo considero buenos, no sea que los demás quieran imponer los suyos en mi vida.

Sé que jugar cartas no es muy racional, como tampoco lo es comer un buen pedazo de paté cargado de colesterol, ni conducir sin cinturón de seguridad, ni fumar mientras escribo esto.

Pero son ésas mis decisiones y las tomo aceptando sus consecuencias. Sé que debo hacer ejercicio, aunque no todos los días lo hago. En fin, a lo que voy es a sostener que peor que fumar en sitios públicos es querer imponer en los demás conductas puritanas que, además, no tienen una confirmación científica probada.

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