Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Demasiada Igualdad
Eduardo García Gaspar
26 septiembre 2005
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Una parte actual de lo políticamente correcto es eso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que la ONU ha convertido más en una actividad de relaciones públicas que en acciones legítimas. Según la información de la misma ONU, son ocho esos objetivos y cubren muchos campos.

Van desde “erradicar la pobreza extrema y el hambre” y “lograr la enseñanza primaria universal” hasta “promover la igualdad entre los géneros” y “atender a la necesidades especiales de los países en desarrollo sin litoral”, pasando por “combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades” y “reducir la tasa de mortalidad materna.”

Más que objetivos, es una lista dispareja de buenas intenciones. Puede ser criticada en muchos sentidos, pero existe uno que en particular destaca: la falta de estrategia sobre el cómo lograr alcanzar esos ODMs.

La falla es colosal y lo es porque entre líneas puede adivinarse que la supuesta estrategia para lograr las metas es exclusivamente la intervención gubernamental. No lo dice abiertamente, pero lo da por supuesto: son tareas del gobierno, en los que la labor de las persona no cuentan.

La cuestión empeora ante la carencia de menciones de un factor o condición necesaria, que es el crecimiento económico. Sólo por medio del aumento de la prosperidad será factible lograr esos objetivos, como la elevación de la escolaridad infantil o el establecimiento de programas en contra de enfermedades graves.

Sin crecimiento económico sencillamente no habrá forma de lograr las metas a las que tanto boato se ha dado. Y, más aún, en toda esa lista no hay una mención, siquiera la más mínima de la libertad humana. Se habla de igualdad, pero no de libertad, lo que me lleva a la idea que deseo enfatizar.

Son los nuestros, tiempos en los que la libertad parece haber sido puesta de lado, y en los que la igualdad emerge como el mayor de los valores. Siendo de facto una asociación de jefes de gobierno y no de legisladores, ni de naciones, la ONU tiene un punto de vista implícito: son las cabezas de gobierno las que asumen la responsabilidad de esas metas.

Son metas mal definidas, que ignoran estrategias, hacen de lado al crecimiento económico e ignoran a la libertad. Todo se les va en exaltar a la igualdad, ignorando a la naturaleza humana y, por eso, errando en sus responsabilidades.

Alexis de Tocqueville escribió en su famosa obra, hace muchos años que “No hay estado social, ni leyes que puedan hacer a los hombres tan semejantes que la educación, la fortuna y los gustos no establezcan entre ellos alguna diferencia.” (La Democracia en América)

La igualdad, considerada sola, es una visión distorsionada de la realidad, tanto que lleva a errores como el de esos ODMs. Sin considerar a la libertad jamás podremos entender a las personas.

Otra idea de Tocqueville dice que, los hombres “escaparán siempre, hágase lo que se haga, de la mano del legislador y, huyendo por alguna parte del círculo en el que se les intenta encerrar, establecerán al lado de la gran sociedad política pequeñas sociedades privadas…”

No es que la igualdad sea mala, sino que cuando ella es aislada de su compañera inseparable, la libertad, lo que sigue se torna un infierno humano, con sistemas de ingeniería social que incluso con loables intenciones logran lo opuesto de lo pretendido. Sin la libertad como contrapeso, la igualdad es una pesadilla universal.

Éste es el error que cometen quienes emiten listas de buenos deseos como la de los ODMs, puesto que ignoran a la naturaleza humana y suponen que todo es una cuestión de igualdad lograda por medio de programas ambiciosos que sólo los gobiernos pueden realizar. No hay en esa lista mención alguna de libertad, ni como objetivo ni como estrategia.

El olvido, como siempre, causará retraso y condiciones contrarias al logro de los objetivos. La razón, dije, es estructural y se debe a que la ONU no es más que una especie de club cuyos miembros son los jefes de estado, que lo usan para protegerse mutuamente y hacer lo único en lo que pueden pensar: crear programas de gobierno, intervenir más, y con ello limitar la libertad de sus pueblos.

Y cuando su club falle ostensiblemente y sus burócratas sean culpables de corrupción y faltas, lo único que intentarán hacer es un nuevo plan que en el fondo cometerá en mismo error: hablar de igualdad ignorando a la libertad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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