Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Son Los Países
Eduardo García Gaspar
26 diciembre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Quizá no haya campo más discutido que el del comercio internacional para demostrar las confrontaciones entre dos maneras de pensar, los estatistas y los liberales. Los datos son claros y apuntan en el sentido de que el libre comercio es una variable de gran ayuda para el crecimiento, es decir, para el combate a la pobreza.

Y sin embargo, muchos se oponen a la apertura de fronteras. Recientemente en los EEUU, por ejemplo, 90 legisladores demócratas votaron en contra de un tratado de comercio con Vietnam. En América Latina, me parece, los críticos del comercio libre son aún más numerosos y casi todos, en todas partes, usan una excusa: proteger a la industria nacional.

El argumento es atractivo para todo gobierno y puede “venderse” bien en una población que tiene cierto miedo, pero desconoce las consecuencias posteriores. Recuerde usted la medida de los EEUU: la imposición de tarifas al acero importado, lo que protegió a esa industria viéndose la salvación de 5,000 empleos. Lo que no se vio tan claro fue la pérdida de casi cinco veces más empleos en las industrias que consumen acero.

Un estudio reciente ayuda a explicar por qué el libre comercio ayuda al crecimiento. La expansión de ventas de Wal-Mart tuvo un impacto en los precios de los alimentos entre 1985 y 2004. Bajaron de precio 9 por ciento. El impacto total fue de 3 por ciento en los precios al consumidor, de unos 2,300 dólares al año. Este caso concreto ilustra lo que quiero decir: las reducciones de precios en los bienes que compramos nos significan una elevación de nuestro bienestar.

Esas reducciones las pueden proporcionar Wal-Mart o fabricantes en Chile, China o Canadá, no importa. Y sólo pueden gozarse en el caso de tener fronteras abiertas, pues de lo contrario, usted y yo tendremos que contentarnos con los productores mexicanos protegidos de la competencia y que por eso precisamente nos darán productos malos y caros. Y es que cuando se habla de proteger a la industria nacional prohibiendo importaciones efectivamente se le está protegiendo de la competencia.

Proteger a alguien de la competencia es hacerle un favor dándole un privilegio de naturaleza monopólica. Y eso es por demás curioso, porque resulta que los socialistas que por lo general odian a las empresas privadas terminan por dar a éstas protección dañando a los consumidores. Recuerde usted los precios, la disponibilidad y la calidad de los automóviles hechos en México cuando su importación estaba prohibida.

Y las consideraciones anteriores son las que nos llevan al punto que deseo enfatizar y que bien vale una segunda opinión: en México tenemos ya un comercio más o menos libre con el resto del mundo. Nos falta, pero los pasos dados son los correctos. Se ha liberalizado la economía exterior en buen grado y lo que nos falta ahora es liberalizar la economía interior.

Le hemos facilitado la vida al productor internacional para vender en el país y eso es bueno. Pero ahora debe venir el paso obvio: facilitarle la vida al producto mexicano para vender aquí y fuera del país. Así habrá simetría de posiciones, entre productores nacionales e internacionales. Facilitar la actividad de los productores nacionales es necesario para aminorar la dificultad de competir con los productores extranjeros.

Las empresas privadas en México fueron tratadas como niñas mimadas por la autoridad en perjuicio de los consumidores. Ahora, con el libre comercio, deben competir con el resto del mundo y eso es bueno para nosotros los consumidores, pero es justo que ellas compitan bajo condiciones favorables: impuestos bajos, regulación eficiente, trámites escasos y demás. Es una labor del gobierno que debe modernizarse.

En resumen, estamos en la mitad del camino. Hemos tenido buenos logros en comercio internacional. La disponibilidad de bienes extranjeros nos ha ayudado a bajar la inflación, nuestro peor enemigo. Pero nos falta caminar el resto, liberalizando la economía interna, lo que no es buena noticia para algunos sectores pero sí para el resto de los mexicanos y muchas industrias.

Al final de cuentas se trata de modernizarnos y reformar leyes e instituciones actualizándolas a las nuevas realidades. Y, por si fuera poco, sin comercio internaccional, no tendríamos los regalos de Santa Claus ni de los Reyes Magos.

POST SCRIPTUM

• Los datos numéricos fueron reportados en el WSJ.

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