Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Todo es Por Mayoría
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es obvio que no todos están de acuerdo en todo. Piense usted en la organización de un viaje de tres o cuatro parejas y se dará cuenta de la cantidad de acuerdos que se necesitan para ponerse de acuerdo.

Ahora piense usted en varios millones de personas poniéndose de acuerdo para emitir una ley, la que sea. O peor aún, una constitución. Será imposible dar gusto a todos.

¿Cómo resolver ese problema? La solución que se ha adoptado es una razonable, pero muy imperfecta: el voto contado y dar la razón a quien tiene más votos bajo alguna regla concreta, como la mitad más uno como mínimo, o algo por el estilo.

Los votos son una herramienta mala, pero no hay otra mejor. Es mala por varias razones. La peor de ellas es que tener la mayoría no significa estar en lo correcto. La mejor propuesta bien puede ser la de la minoría.

La verdad no se decide por mayoría, sino por argumentos, pruebas y evidencias. Por mucho que la mayoría vote por considerar verdad que el sol gira alrededor de la tierra, eso no es cierto.

Aunque la mayoría de las personas vote en favor de alguna medida de gobierno, eso no significa que ella es buena. Será popular, pero no necesariamente legítima ni correcta. Otra inconveniencia del voto es la imposibilidad de llevarlo masivamente a todos los ciudadanos en la inmensa mayoría de las ocasiones.

Por eso se realizan elecciones a puestos de gobierno, como legisladores, para que estos voten con poder delegado a nombre de los ciudadanos. Esto se hace porque las personas no tenemos los conocimientos especializados que el hacer leyes requiere.

Suponemos que los legisladores lo tienen (una hipótesis demasiado ingenua en muchos casos). Pero aún así, que la mayoría de los legisladores aprueben una ley no significa que ella es la mejor, la correcta, ni la más adecuada.

La consideración tiene sus serias consecuencias: la mayoría tenderá a prevalecer en una democracia, imponiendo su voluntad sobre el resto, incluso con medidas desacertadas. Es un problema serio que lleva a la opresión de los ciudadanos que no son de las mayorías. Si dejamos a la democracia hasta allí, la convertimos en otro sistema dictatorial de gobierno, no diferente y quizá peor que una monarquía absoluta o un régimen totalitario.

¿Cómo resolver ese segundo problema impidiendo el abuso del poder de la mayoría? La solución es paradójica en cierto sentido: aceptando reglas que no están sujetas a voto. Por ejemplo, la regla de la división del poder, que indica que no pueden unirse el poder judicial con el legislativo con el ejecutivo en ninguna combinación.

Esa regla no se puede cambiar, aunque lo quiera la mayoría de las personas. Tampoco pueden cambiarse otras reglas, como la igualdad jurídica de las personas consideradas todas con iguales derechos de propiedad, de justicia y demás.

Ninguna cantidad de votos pueden romper esa reglas. Y esto es lo que me lleva a un punto que bien vale una segunda opinión. Ha sido promocionada y vendida una idea distorsionada de la democracia, la de encumbrar a la voluntad mayoritaria como la fuente sagrada de lo que es correcto y debe hacerse por el bien de un país.

Es una idea incorrecta y peligrosa que se ha propagado demasiado. Son muchos los que creen que la democracia es un sistema político de respeto a la voluntad mayoritaria. Eso en realidad es una dictadura. La democracia, vendida así, es un tema central de las campañas electorales.

Los candidatos enfatizan demasiado la voluntad de la mayoría, como si se tratase de una venganza en contra del resto. Hacen de la democracia un instrumento de odio y de revancha, que sirve para oprimir. En su afán de lograr votos, muchos candidatos logran que quien se crea mayoría vea a la democracia como una herramienta de desquite y represalia.

Esto es muy riesgoso: convierte a la mayoría más organizada en una fuerza al servicio del gobernante manipulador que persigue implantar por la fuerza su idea de sociedad en todos. Los casos son de sobra conocidos y aterradores: dictaduras como la de Venezuela y Cuba, y riesgos de ellas en Perú y Bolivia. Todo por suplantar a las leyes con la mayoría manipulada por el gobernante en turno.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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