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Más Allá Del Distributismo
Selección de ContraPeso.info
30 octubre 2008
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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ContraPeso.info presenta una idea de Thomas E. Woods Jr. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es hacer un examen del llamado distributismo y que en esencia pide un regreso a la Edad Media por medio del establecimiento de gremios e intervención estatal. El distributismo no debe ser confundido, por tanto, con las políticas genéricas de la distribución o reparto de la riqueza —pero sí tienen en común el combate a la libre iniciativa económica.

Cuando cayó el Muro de Berlín y el imperio soviético comenzó a caer, la gente razonable en todas partes se alegró. La planeación económica central fue ampliamente desacreditada alrededor del mundo. Sin embargo, el triunfo del capitalismo no fue indisputable. Aunque los críticos de los mercados reconocieron un golpe mortal al socialismo después de la caída de las economías de Europa del Este, negaron ellos que el mercado libre era la única alternativa existente. Los mercados, ellos insistieron, tenía sus problemas propios.

Algunos de estos críticos escriben como católicos de la tradición distributista. El distributismo [distributism], popularizado en los inicios del siglo 20, por los católicos británicos, Hilaire Belloc y G. K. Chesterton, es una variante del corporativismo. El corporativismo es un sistema de política económica nacido al final de la Revolución Francesa. Buscó hacer renacer varios cuerpos corporativos, como los gremios, que la revolución había suprimido.

Los corporativistas buscaron limitar a la competencia económica, a la que vieron como destructiva y creadora de inestabilidad, agrupando a las ocupaciones en asociaciones comerciales auto reguladas y dándole al gobierno central un papel de coordinador y supervisor de los negocios y el trabajo.

De acuerdo con los distributistas, un mercado libre lleva a la desigualdad radical y al desposeimiento de la gran mayoría de la gente que no tiene propiedades productivas y que tiene que confiar en la buena voluntad de los empleadores para ganar el sustento diario. La competencia sanguinaria, dicen, destruyó a competidores pequeños y condujo a monopolios.

Estas injusticias, dicen, pueden ser reparadas con un retorno a la economía medieval menos personalista, en la que la propiedad productiva estaba ampliamente distribuida, los gremios mantenían controlada a la competencia y los pobres e indefensos eran mejor cuidados.

Mientras que son verosímiles en la superficie, estos argumentos ofrecidos en la defensa del distributismo, están en realidad basados en falacias lógicas y económicas. Son también una visión equivocada de la historia europea.

Los distributistas culpan del endeudamiento extenso al mercado libre en lugar de los bancos centrales, que son creaciones gubernamentales, que hacen al crédito artificialmente barato y por eso más tentador —un abuso que el sistema financiero global está ahora padeciendo.

La economía medieval que los distributistas sostienen como modelo tiene muy poco parecido con el que conocen los historiadores profesionales y los economistas. Ni la propiedad de la tierra, ni la de los medios de producción estaba ampliamente dispersa en el sistema feudal. Ni siquiera los trabajadores urbanos, fueran de las ataduras feudales, eran a menudo dueños de los medios de producción.

Los campesinos trabajaban muchas horas exhaustos y con dificultad lograban satisfacer las necesidades de sus familias. El sistema gremial, lejos de ser una fuerza liberadora, en realidad era fuente de verdadero monopolio y explotación.

Sus defensores, apuntan que el distributismo es una forma superior de organización económica y que es estipulada por la Doctrina Social Católica. Nada de esto es cierto.

Los distributistas apuntan que la concentración económica ocurre de manera sistemática e inevitable en el sistema capitalista. Las tiendas más grandes, se alega, ganan participación de mercado a costa de comercios menores vendiendo por debajo del costo para sacar a sus competidores del mercado, y más tarde recuperan sus pérdidas elevando sus precios una vez que sus rivales han sucumbido.

Durante años se ha desarrollado una literatura considerable acerca de precios depredadores como un instrumento monopolizador, poco de la cual ha sido favorable a la teoría.

El economista George Stigler ha alcanzado a declarar, “Hoy sería penoso encontrar este argumento en el discurso profesional”. Por supuesto, no es escasa la lista de ejemplos de grandes tiendas ofreciendo precios bajos. Pero la avalancha que se supone sucede cuando elevan los precios, una vez que han logrado dominar, parece ser un material mítico.

Una gran cantidad de la mentalidad gremial persiste en la economía de los EEUU y puede ser vista en la conducta de organizaciones como la American Medical Association y la American Bar Association. Estas corporaciones cabildean al gobierno para instituir duros requisitos para obtener una licencia de práctica y colocar obstáculos en el camino a quien sea que quiera ofrecer servicios médicos y legales.

Unos pocos privilegiados obtienen salarios anormalmente altos, mientras que la gran mayoría se empobrece pagando altas tarifas —y si acaso alguien intenta dar una alternativa a tal explotación, el gremio aplasta el reto.

Aunque los distributistas promueven sus reformas como ayudas para que la vida económica esté más dentro de la visión de la Doctrina Social Católica, estos ejemplos ponen en duda tal promoción. Los pobres serían trasquilados y abusados en cada ocasión, con cada bien y servicio que necesiten a un precio artificialmente elevado.

Las barreras de entrada construidas por las restricciones gremiales inhiben la actividad del emprendedor, la que es una de las vías más efectivas y creadoras de dignidad de los pobres y marginados para mejorar su situación. Estas barreras son opuestas a los exhortos de Juan Pablo II para promover una mayor “participación” de la gente necesitada en la economía. “para adquirir experiencia, entrar al círculo de los intercambios y desarrollar sus habilidades para hacer el mejor uso de sus capacidades y recursos” (Centesimus Annus, no. 34).

En un verdadero sistema de mercado, nadie puede emplear a la coerción del estado para ganar ventajas a costa de su prójimo. Ninguna transacción puede ocurrir sin el consentimiento libre de ambas partes. La economía de mercado, por tanto, trata a los seres humanos como fines en sí mismo, un principio moral en el que insiste la Doctrina Social Católica.

La economía de mercado es una notable máquina civilizadora que muy a menudo se hace a la gente odiar. Cuando menos atención le pongamos a eslóganes y propaganda, y cuanto más estudiemos los méritos del asunto, más atractivo se vuelve el mercado. Todos los demás sistemas económicos hacen promesas fantásticas que en la práctica se convierten en desilusiones amargas y crueles. La teoría y la práctica testifican que el mercado solamente puede dar una economía que es justa, humana y próspera.

Nota del Editor

Esta es una buena oportunidad para dar una definición de distributismo, como una variante de los sistemas de intervención económica estatal, y que se basa en la política de limitar la iniciativa personal para la práctica de ocupaciones; y es una variante del corporativismo ya que esta limitación a la iniciativa se realiza por medio de la creación de asociaciones de las ocupaciones que usan la coerción del gobierno para impedir competencia.

La suposiciones históricas del distribuismo descansan en una visión irreal de la Edad Media, como explicó el autor de la columna. Al menos, el distributismo comete dos errores adicionales. Primero, daña severamente a la libertad humana y segundo, olvida que los compradores son las mismas personas que los vendedores.

El distributismo sostiene un argumento económico, que la competencia es dañina. Una buena crítica a este argumento lo dio F. Bastiat muchos años antes de Belloc y Chesterton. La emocionalidad de este argumento radica en el convencimiento de las personas para que vean al capitalismo como salvaje, un tema que trató M.Rothbard hace ya tiempo.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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