Una vez alguien afirmó, “lo que digo es verdad porque es verídico”. Es un buen ejemplo del petitio principii —el uso de lo que se trata de demostrar para demostrarlo, como el que afirma que alguien es muy fiestero porque le gustan las fiestas.

Se toma como prueba de sí misma la afirmación que se hace : “es un alcohólico porque bebe mucho”, o “debe ser culpable porque lo agarró la policía”. Como se ve, las conversaciones están llenas de estas afirmaciones que todos aceptan como naturales la mayor parte del tiempo, pero que en una conversación formal no serían aceptables.

El error de la petición de principio consiste en aceptar que una cosa se prueba por virtud de ella misma, como cuando alguien dice que un equipo de futbol ganó porque metió más goles que su contrincante —ganar y meter más goles son dos maneras de decir lo mismo. Le sucedería esto al gobernante que dice ser patriota porque ama a su país.

Puede pasar desapercibida porque una misma cosa puede decirse de muy diversas maneras, lo que distrae a la persona y cae en la trampa de admitir que una cosa es prueba de la otra —cuando en realidad son lo mismo. Por ejemplo, decir que una medicina es antiácida porque cura la acidez, o al revés, cura la acidez porque es un antiácido. Es un circulo engañoso.

Es una falacia de repetición engañosa, como la del que afirma que es puntual porque siempre llega a tiempo —la misma que comete el gobernante que dice que tiene vocación de servicio porque quiere servir a los demás, o que dice que debe atenderse a la pobreza porque los pobres son un problema.

En política tiene su aplicación muy común al pedir consultas públicas o votos de la gente —un legislador puede decir que se hará lo que más convenga al país según la consulta pública y lo que más conviene es lo que diga la consulta pública, donde los resultados de la consulta es lo conveniente y lo conveniente son los resultados de la consulta. Puede que lo sean, pero la prueba es falaz.

Alguien puede decir que la inflación de un país se ha elevado porque los precios han aumentado, afirmarlo sin pena y creer que ha dicho algo contundente, aunque sea irrelevante porque la inflación está definida como el aumento de precios —otra cosa será usar índices de inflación que son una medida externa de la afirmación.

Existe otra modalidad del petitio principii, la de usar una argumentación sustentada en una premisa que a su vez necesita ser demostrada —un buen ejemplo de esto es el del argumento de quienes sostienen que el gobierno no debe vender a Pemex porque perdería soberanía el país: habría que demostrar que ese acto es equivalente a perder soberanía.

Addenndum

El buen comentario abajo de “Cilantro” y que tiene una crítica atinada en lo general, me mueve a hacer una aclaración más sistemática de este tipo de falacia —lo que hago en lo que sigue.

En pocas palabras, esta falacia es una en la que se realiza un razonamiento circular —la premisa resulta igual que la conclusión, ambas tienen el mismo significado. Como en los casos de “ayer llovió porque ayer hubo precipitación pluvial”, o “ esto es verdad porque es verídico”.

Los casos claros de esta falacia son esos en los que las mimas palabras se usan para probar algo, como “los sabios son los que más saben porque los que más saben son los sabios”. O como, la conocida “Dios no puede ser injusto porque Dios es justo”.

Las cosas pueden complicarse un poco y hacer que la falacia sea poco notada, como cuando una diputada afirma que “las mujeres representan mejor los intereses de las mujeres porque los hombres no son mujeres”.

También, cuando se dice que “la mayoría de los cirujanos son hombres porque los cirujanos son una profesión en la que hay pocas mujeres”.

En el caso de “es un alcohólico porque bebe mucho”, sí hay una cierta inexactitud si se considera una definición técnica de alcoholismo (no todo el que bebe mucho lo es). La cosa podría ser mejor expresada en “bebe mucho porque es alcohólico”, o mejor aún en “es alcohólico porque no puede dejar la bebida”.

La idea central se hace clara en los casos anteriores —y es la de argumentar de manera circular, probando algo con la cosa misma que quiere probarse, como en “el clima es gélido porque el tiempo está helado”.

El “debe atenderse a la pobreza porque los pobres son un problema”, es una falacia de este tipo porque es obvio que todo problema debe atenderse o solucionarse, sean los pobres o no. Al calificarse de problema se implica que debe atenderse, pudiendo justificarse ese reclamo de otra manera sólida.

La falla central en esta falacia es la imposibilidad de que algo se pruebe a sí mismo sin tener que acudir a otras formas de probarlo. Como cuando se dice que que algo es “alucinógeno porque produce alucinaciones”, o “las libertades ciudadanas son buenas para la nación porque la nación se beneficia de la actuación de ciudadanos libres”.

Es la falacia que se comete cuando se razona que si las drogas no fueran ilegales, ellas no estarían prohibidas por la ley. “Puedes confiar en mí porque soy un tipo de confianza”.

En esta falacia puede estarse diciendo algo verdadero —o bien falso—, lo que la hace un error es la manera de probarlo o razonarlo. No puede probarse que Dios es justo porque no comete injusticias, deben usarse otros argumentos.


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